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Carátula del disco de Eddie Cochran, "Somethin Else"

Carátula del disco de Eddie Cochran, "Somethin Else"



Sello del Servicio Postal de los EEUU en honor de James Dean, 1996 (fuente: wikipedia)

Sello del Servicio Postal de los EEUU en honor de James Dean, 1996 (fuente: wikipedia)

Carátula del album de debut de Elvis Presley en 1956 (fuente: wikipedia)

Carátula del album de debut de Elvis Presley en 1956 (fuente: wikipedia)

Marlon Brando en <i>Salvaje</i> (The wild one), 1954 (fuente: wikipedia)

Marlon Brando en Salvaje (The wild one), 1954 (fuente: wikipedia)

Jayne Mansfield

Jayne Mansfield


Tribuna/Tribuna libre
Rebeldía, juventud y consumo: apuntes para una reflexión
Por Alejandro Lillo, miércoles, 1 de febrero de 2012
1. Vivimos tiempos confusos, de eso no cabe duda. Inmersos en una crisis económica de la que nadie sabe cuándo vamos a salir, la existencia de muchos de los ciudadanos occidentales ha dado un vuelco. El futuro se presenta más incierto que nunca y los acontecimientos parecen sucederse de manera independiente de la voluntad humana. Las empresas que hacen de la especulación la base de sus ganancias imponen sus consignas, y los individuos asistimos atónitos al despliegue de su poder. La mitad de las decisiones que toman nuestros dirigentes políticos nos resultan incomprensibles, y la otra mitad, intolerables. Uno ya no sabe qué pensar, si bajar la cabeza y asentir a lo que comentan los “expertos”, o dar un golpe sobre la mesa y decir basta. La confusión y el desconcierto se han apoderado de la ciudadanía, que no entiende casi nada de lo que está pasando, y se siente impotente para cambiar la dinámica en la que nos hallamos sumidos.
Sin embargo, no quiero hablar exactamente de la crisis, sino de algo que tanto las noticias económicas como el ruido mediático sobre todo este desastre ocultan: el modelo de sociedad que hemos construido y adónde nos ha conducido.

Hace unos años, cuando estaba a punto de llegar la debacle financiera a Europa, un operador de telefonía móvil lanzó una campaña publicitaria en la que se sintetizaba nítidamente el modelo de sociedad en el que vivimos. “Hola, soy Javier”, comenta una voz en off. “Desde siempre he tenido que elegir, pero a mí nunca me ha gustado renunciar a nada”. El anuncio refleja una especie de paraíso adolescente en el que se resume el deseo de todo joven: hacer permanentemente lo que le venga en gana sin tener que rendir cuentas a nadie y, a la vez, gozar de todas las comodidades que tiene vivir mantenido por los padres. El eslogan final reza: “Tenerlo todo y tenerlo ya”. Interesante declaración de intenciones. Analicemos brevemente el lema. Como es evidente que en esta vida no se puede tenerlo todo, resulta innecesario profundizar en este aspecto. Pero lo que es el súmmum del absurdo es querer tenerlo ya. Esas dos palabras, “todo” y “ya”, que por separado son bastante peligrosas, cuando se juntan son pura dinamita. Y cuando ambas se dirigen a los jóvenes, nitroglicerina. Las dos unidas nos conducen inevitablemente al campo semántico de la prisa, de la impaciencia, de la precipitación. No se puede tenerlo todo ya. Sencillamente no se puede. Pero ese es el mensaje. Y dirigido especialmente a los jóvenes.

2. En 1959, Eddie Cochran, uno de los más influyentes artistas de rock y uno de los primeros que, junto con Chuck Berry, componían sus propias canciones, lanzó al mercado un single titulado “Teenage Heaven” (“El cielo del adolescente”). Cochran tenía veinte años cuando compuso la canción, por lo que sabía perfectamente de lo que estaba hablando. ¿Qué dice la letra? ¿Por qué es significativa?



Eddie Cochran: "Teenage Heaven" (víde colgado en YouTube por CHRIS123445)

“Quiero una casa con piscina, menos horas de clase / y una habitación con mi propio teléfono. / Quiero quedarme despierto toda la noche, ver las luces de la gran ciudad, / no más problemas o preocupaciones en casa. / Mmm, solo dadme un poco de tiempo, / quiero hacer mis propios planes, / sí, quiero mi propio Coupe de Ville [un Cadillac] / Hacer que mi papá pague la factura. / Sí, hombre, eso es el cielo para mí”. (1)

Si atendemos a lo que se dice, la campaña publicitaria de 2008 y la composición de Cochran de 1959 vienen a ser muy parecidas. Ambas reivindican unos anhelos juveniles relacionados con la diversión y el disfrute de la vida sin contraprestación alguna, con la figura de los padres como colchón, como parapeto frente a las dificultades de la existencia. Sin embargo, los contextos son muy diferentes. Estados Unidos, durante los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, vive un período de expansión demográfica y económica sin precedentes. A partir de la década de los 50 el nivel de vida de las familias americanas crece sin parar, disfrutando sus miembros de cotas de bienestar inimaginables unos años antes. Esa prosperidad material que se muestra y representa en la vida cotidiana de Norteamérica esconde, sin embargo, distintos malestares, diferentes problemas que no todo el mundo está dispuesto a ver. Uno de ellos, nada desdeñable, tiene que ver con la inquietud y el descontento que se apodera de una parte de la juventud americana; se trata de una actitud de rechazo y cuestionamiento de lo heredado que va a convertirse en una característica esencial de las generaciones de jóvenes que vendrán después.

La irrupción de la televisión a los hogares resultará determinante, pues va a hacer que los publicistas adviertan que pueden llegar a todas las familias a través de ese medio. Al mismo tiempo, comienzan a dirigirse a los jóvenes en sus campañas publicitarias. Dada la magnífica situación económica en la que se encuentran, cada vez empiezan a trabajar antes y a tener dinero para gastarlo.

Estos procesos van a dar forma a una nueva categoría, la de la juventud tal y como ha llegado hasta nosotros. Al convertirse en consumidores, los jóvenes comienzan a reivindicar su espacio y a criticar o tratar de mostrar sus propios puntos de vista y opiniones sobre la sociedad que les han dejado sus padres. Y su visión no es tan idílica como la que se representan muchos de los adultos. La moral de la sociedad norteamericana de aquellos años es muy estricta; los adolescentes se sienten encorsetados, regidos por unas normas que ni entienden ni comparten, y se rebelan contra ellas. Lo hacen con los medios que tienen a su alcance: a través de su actitud y de su apariencia, de las películas que ven en el cine y de la música que escuchan: un nuevo estilo llamado rock’n’roll.

Elvis Presley y Marlon Brando, James Dean y Chuck Berry, Jayne Mansfield y Jack Kerouac, se convierten en algunos de los iconos de un nuevo movimiento que lo cambiará todo. Eddie Cochran, que se encuentra entre los elegidos, capta a la perfección el espíritu del momento, una actitud y una forma de estar y presentarse ante los demás que rompe moldes, que choca frontalmente con las normas vigentes en el mundo adulto. Veamos qué dice en uno de sus grandes éxitos, “C’mon Everybody” (1958):



 Eddie Cochran: "C'mon Everybody" (víde colgado en YouTube por HOPSEFLOPSE)

“Ah, bien, vamos todos y pasemos la noche juntos. / Tengo algo de dinero en mis vaqueros y sé cómo gastarlo bien. / Bueno, he estado toda la semana haciendo los deberes / y ahora la casa está vacía y mis padres se han ido. / Ooohhh, vamos todos / Ah, bien, mi chica es la número uno pero voy a bailar con tres o cuatro / y la casa retumbará con los golpes de mis pies desnudos sobre el suelo. / Bueno, cuando oigas la música no podrás estarte quieto / Si tu hermano no “rockea” lo hará tu hermana / Ooohhh, vamos todos / Bien, vamos a montar una fiesta, pero tenemos que poner a un vigilante fuera / Si mis padres llegan a casa temo que me despellejen / No habrá más películas durante una semana o dos / no más correrías con la pandilla / Bueno, ¿a quién le importa? / Vamos todos”. (2)

Diversión sin freno, promesas de sexo, promiscuidad, descaro, agitación, movimiento frenético, desconsideración hacia los padres… no es de extrañar que estos mensajes escandalicen a una sociedad tan estricta y contenida. Ningún padre en su sano juicio dejaría que su hija saliera con un tipo como Cochran. Lo malo es que muchas de esas chicas estaban locas por él. En amplios sectores del mundo adulto se desarrolla entonces una profunda preocupación por esa cultura juvenil que aboga por liberar los impulsos y expresar con mayor desinhibición las preocupaciones y los deseos de cada uno: representa un ataque en toda regla al statu quo.

3. ¿Qué sucede en 2008? Para empezar, aunque el anuncio que estamos evocando vaya dirigido a los jóvenes, nos apela a todos, no como sucedía con las canciones de Cochran. La industria publicitaria y cultural masiva, omnipresente en nuestras vidas, ha conseguido que los valores que se presentan como juveniles sean representativos de toda una forma de vida. Habitamos un mundo hecho y pensado únicamente para ellos. Si analizamos la publicidad, descubriremos que en la gran mayoría de los anuncios el protagonista no pasa de los treinta años. Si pensamos en la moda, en las películas de cine o en las series de televisión, llegaremos a la misma conclusión: todo está destinado a los jóvenes, pero a un determinado tipo de juventud, asociada con conceptos como la impaciencia, la precipitación, la despreocupación y la ausencia de obligaciones, tal y como queda reflejado en la campaña a la que acabamos de aludir. Al “quererlo todo ya”, juventud y prisa quedan vinculadas.

De los diez escritores más vendidos del mundo entre 1998 y 2010, cinco son autores de novelas juveniles o con un adolescente como protagonista. Y de los veinte libros más comprados, trece son para o sobre adolescentes; de entre las veinticinco películas más taquilleras del mismo período, al menos diecisiete son para jóvenes, niños y adolescentes, y no hay ninguna que sea claramente una película para un público adulto. Si la niñez y la juventud pasan, si la gente se hace mayor y envejece, ¿cómo se explica que todos estos productos de consumo sigan centrándose en los muchachos cuando son un segmento relativamente pequeño de la población? ¿Y cómo es que tienen tanto éxito? ¿Asistimos a una infantilización de una parte de la sociedad? De lo que no hay duda es que se ha generalizado un determinado modelo de juventud y una parte importante del mundo adulto se ha identificado con él. Basta citar de nuevo el eslogan de “lo quiero todo y lo quiero ya”.

La gente adulta prácticamente no existe para los publicistas, ni para las compañías cinematográficas, ni para los programadores de TV. Sólo hay un único perfil de cliente, el joven: ya no es el paraíso del adolescente, parafraseando al rockero de los cincuenta, sino el paraíso del consumismo. Por eso en los anuncios nadie supera los cuarenta años, y cuando aparece alguna persona mayor es para hacer gracia y para comportarse como un niño, jugando con alguna consola: los adultos nos hemos convertido en adolescentes eternos. No quiero hablar de las operaciones de cirugía estética ni de los tratamientos de belleza, ni de la tiranía que todo eso produce y que por todos es conocida. Simplemente querría constatar que esos atributos de la juventud, esa prisa, esa celeridad, esa inmadurez, se multiplican por doquier: la moda cambia cada cuatro meses, las series y emisiones de TV están en parrilla un par de semanas. Si no triunfan de inmediato son retiradas. Lo mismo sucede con los estrenos cinematográficos. Las producciones han de ganar todo el dinero en el primer fin de semana de proyección, porque luego van a ser sustituidas por otras. Y éstas por otras, y por otras, y por otras. Las empresas no quieren parar, quieren seguir ganando, ganando y ganando más dinero, rápidamente, sin pausa alguna.

Con los libros la historia se repite. En España se editan cientos de volúmenes cada día y la gran mayoría no permanece en las librerías más de dos o tres semanas. ¿Acaso la celeridad con la que unos libros sustituyen a otros, acaso la escasa duración de las películas en cartel no es una reivindicación de la juventud en el sentido que le hemos dado? A los diez días las películas son viejas y hay que cambiarlas por otras más jóvenes. Las anteriores ya no sirven, los efectos especiales están anticuados, la prensa ya no se ocupa de ellas. ¿Acaso son mejores las unas que las otras? ¿Qué las hace superiores? La novedad, su juventud. Nada más. Así sucede con todo. Lo viejo se deshecha, no tiene valor en nuestro mundo. Es aburrido y soso, únicamente produce risa y desprecio, en el mejor de los casos indiferencia. Pero es que nadie se siente viejo, nadie se detiene a reflexionar sobre el tipo de sociedad que estamos edificando así. O eso parece. Nadie se para porque si no le pasan por encima. Y así surge la prisa como (aparente) antídoto contra el aburrimiento, como diversión sin límites, como (vano) intento de evitar la madurez, asociada, en este mundo de locos, no a la serenidad, la sabiduría y la paciencia, sino a la descomposición y la muerte.

4. Eddie Cochran escribió otras canciones, y la compañía telefónica de la que estamos hablando ha lanzado otras campañas -algunas con niños como protagonistas-, que tratan de emocionar a los adultos haciéndonos pensar que vivimos en un mundo ideal, lleno de buena voluntad e ilusión, aunque no son los únicos. ¿Qué diferencia existe entre la campaña de 2008 y la canción y el compromiso de Cochran? Lo que éste canta como provocación, como protesta y rebeldía, es empleado en la sociedad actual como reclamo consumista, eliminando lo que el mensaje tiene de combativo y transgresor. Sin embargo, más allá de que los valores representados por el cantante de Minnesota se hayan desvirtuado, una cosa sigue estando clara: la fuerza que todavía hoy tiene ese espíritu que impulsó a un grupo de jóvenes a poner en evidencia la falsedad y la moral de una época.

Quizá sea el momento de recuperar aquel espíritu. Quizá aún podamos aprender algo de aquellos jóvenes de los cincuenta que, alzando la voz, comenzaron a expresar su descontento y a cuestionar el mundo de sus mayores. No fueron los únicos, claro, pero sí los primeros.

Quizá sí, quizá sea el momento de regresar a ellos.



Eddie Cochran: "Summertime Blues" (víde colgado en YouTube por jackssrocker)

“Voy a armar un escándalo // voy a montar una bronca, // sobre trabajar todo el verano // intentando ganar un dólar. // Cada vez que llamo a mi chica // e intento quedar con ella // mi jefe dice: “no lo intentes hijo // tienes que trabajar hasta tarde”. // En ocasiones me pregunto // qué voy a hacer, // pero no hay remedio // para la tristeza del verano. // Bien, mi mamá y mi papá me dijeron // “Hijo, tienes que ganar dinero // si quieres el coche // para ir a conducir el domingo”. // Bien, no fui a trabajar // le conté a mi jefe que estaba enfermo // “No puedes coger el coche // porque no has trabajado nada”. // En ocasiones me pregunto // qué voy a hacer, // pero no hay remedio // para la tristeza del verano. // Voy a tomarme dos semanas, // voy a pegarme unas pequeñas vacaciones, // voy a llevar mi problema // a las Naciones Unidas. // Bien, llamé a mi congresista [diputado]. // Me dijo literalmente: // me gustaría ayudarte, hijo, // pero eres muy joven para votar. // // En ocasiones me pregunto // qué voy a hacer, // pero no hay remedio // para la tristeza del verano”.


SIGA en el blog del profesor Justo Serna el debate sobre COVERS (USA, 1951-1964) Cultura, juventud y rebeldía:

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NOTAS

(1) I want a house with a pool, shorter hours in school / And a room with my own private phone / I wanna stay up all night, see the big city lights / No more troubles or worries at home / Mmm, just gimme some time on my hands / I wanna make my own private plans / Yeah, I want my own Coupe de Ville / Make my dad pay the bill / Yeah man, that's heaven to me.
(2) Ah well, c'mon everybody and let's get together tonight / I got some money in my jeans and I'm really gonna spend it right / Well I've been a-doin' my homework all week long / And now the house is empty and the folks are gone / Ooo c'mon everybody / Ah well my baby's number one but I'm gonna dance with three or four / And the house'll be a-shakin' from my bare feet slappin' on the floor / Well, when you hear that music you can't sit still / If your brother won't rock then your sister will / Ooo c'mon everybody / Well we'll really have a party but we gotta put a guard outside / If my folks come a-home I'm afraid they're gonna have my hide / They'll be no more movies for a week or two / No more runnin' round with the usual crew / Who cares c'mon everybody / C'mon everybody / C'mon everybody.
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