No ficción
¿Puede una persona “normal” cometer un asesinato a sangre fría sin que su conciencia se rebele? La turbadora pregunta ha atravesado los siglos obteniendo respuestas muy diversas, dependiendo de la mentalidad imperante, del contexto cultural y, naturalmente, de la opción por la que, dentro de los márgenes que le conceda su época, se decante el autor. Así, si en el Orestes de Eurípides, pese a que el héroe no puede dejar de lamentarse ante el insoportable acoso de las Erinias –esas fieras “doncellas semejantes a la noche”, que le sitúan al borde de la locura en pago por el asesinato de su madre–, la imposibilidad de comportarse de otro modo, porque “somos esclavos de los dioses”, contrasta, por ejemplo, con la mentalidad moderna desplegada por Dostoievski en Crimen y Castigo, donde lo reprobable de un acto descansa precisamente en la posibilidad que tuvo el protagonista, en este caso, Raskolnikov, de comportarse de otra forma haciendo uso de su libre albedrío.