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jueves, 8 de marzo de 2007
Lo que cuesta criar a un hijo
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[4204] Comentarios[2]
Protestan los padres españoles porque el Estado no les ayuda económicamente con sus hijos. No me parece mal, pero entonces yo también protesto y pido ayuda para mantenera mi pobre pero costoso chucho.

www.ojosdepapel.com

Juan Antonio González Fuentes

Me llama por la mañana relativamente pronto un buen amigo para decirme, incluso con júbilo, que hace un día de perros, uno de esos días de crudo invierno norteño que creíamos extintos por los cambios del clima, y en los que la lluvia empapa por fin los adoquines urbanos hasta ahogarlos en grandes charcos, la temperatura ha bajado hasta el extremo de pedirle auxilio a los abrigos y el viento azota los rincones y desbarata bronco los paraguas.

Navegando por las calles provincianas empapadas me dirijo a clase, donde los alumnos me esperan en el aula con bastantes pocas ganas de escuchar una perorata sobre fuentes informativas primarias, secundarias y terciarias. Como ejemplo de fuente informativa secundaria leemos las ediciones digitales de varios diarios proyectados en la pantalla blanca que ilumina un cañón de luz, pero las andanzas y desventuras de España, Zapatero y el PP parece que le importan lo justito a unos chavales que sí se despiertan del todo para ver las fotos y la secuencia digitalizada de la batalla campal futbolística más reciente entre valencianos, argentinos e italianos interistas.

En algún rincón de una sección de la que no recuerdo el nombre, llama también nuestra atención, sobre todo a algún alumno extranjero y europeo, la noticia de que España es el país de la Unión que menos dinero gasta en ayudar económicamente a las familias que tienen hijos a su cargo. Casi 6.000 euros al año cuesta, según parece, la atención correcta que precisa cada hijo español, y la administración de nuestro país, nos cuentan, sólo gasta unos 300 por término medio.

Más tarde, en los telediarios de la tarde, la noticia también es recogida, y sale un señor presidente o portavoz de no sé qué asociación de padres o familias españolas, quejándose amargamente del ridículo dinero que el Estado les da para que puedan mantener a sus hijos. Los reporteros en la calle preguntan a padres y madres diversos y todo es una pura queja de lo mucho que cuestan y de lo poco que reciben de los impuestos de todos. El padre presidente termina su intervención en el reportaje exigiendo ya al gobierno ayudas urgentes para todos aquellos que tengan en su casa hijos hasta los 25 años.

Yo creo que tienen toda la razón en sus protestas los padres, pues estoy convencido de que no reciben ayudas comparables a las que reciben otros padres europeos. También creo que hay que incentivar de algún modo la llegada de hijos al mundo, dado que es evidente que, ya desde un mero presupuesto egoísta, serán esos recién nacidos los encargados de pagarles las pensiones a sus padres.

Lo que ocurre, cayendo de lleno, claro, en la incorrección política más execrable y combativa, es lo que ya definió Todorov como la “tentación de la inocencia”, o dicho en otras palabras, la tentación de la irresponsabilidad. Lo que se nos viene a decir todos los días y desde ámbitos multidiversos es que los demás nos tienen que echar una mano con nuestros problemas, y los demás siempre son el Estado, que es quien tiene buena parte de la pasta, la pasta de todos nosotros.

Y es entonces, si lo pensamos un poco, cuando hemos de acudir al mayor logro que alcanzó un antiguo presidente de Gobierno español, un logro conceptual, simbólico, metafórico, que viene a expresar en esencia el ser y la nada de lo español: “Café para todos”.

Yo no tengo hijos y ya no creo que los vaya a tener. Hijos tienen mis hermanos, y sé lo que les cuesta sacarlos adelante. Pero yo les podía decir sin ningún rubor y poniendo cara de cemento: “pues queridos míos, no haberlos tenido”. ¿O es que ahora una parte de mis impuestos de individuo sin hijos tiene que ir a pagar la manutención de los hijos de los demás porque es que sale muy caro tener y criar hijos? Sí, ya sé la respuesta que se me iba a dar: es un beneficio para todos, quién sino pagará en el futuro las pensiones, y mil y una respuestas de este tipo. Bien.

Pero entonces, repito, recurro a Suárez y pido “Café para todos”. Yo no tengo hijos pero sí tengo perro. Y cada alegre ladrido del perro también me cuesta dinero: pienso, juguetitos, veterinario, inyecciones, vitaminas... No sé ahora cuánto me sale la broma al año, pero podría hacer cálculos aproximativos. Pues bien, yo también pido que el Estado me ayude en la dura crianza y manutención de mi perro, un perro que contribuye en la medida de sus posibilidades al desarrollo económico del país. Sin él y sus compañeros de especie ¿qué sería de las industrias de piensos¿, ¿y del gremio de los veterinarios?, ¿y de los fabricantes de la absurda ropa canina?, ¿y de los que fabrican correas, cadenas y collares?, ¿y de los hoteles caninos?, ¿y de las peluquerías caninas?

Como dueño de perro exijo también una ayuda estatal que me ayude en la costosa tarea de sacar adelante a mi chucho. Y si a mí me cuesta dinero el chucho, imagino que una legión interminable de individuos, asociaciones, gremios, etc..., acogiéndose al ámbito de la tentación de la irresponsabilidad descrita por Todorov, y al “café para todos” del presidente Suárez, exigirán también, por qué no, ayudas, por ejemplo, para mantener los costosísimos ferraris que poseen, o los barquitos en el puerto deportivo, o el chalet adosado de reciente adquisición, o el abono para ver al equipo de su vida, o la ropa de marca que tanto gusta, o unas escapadas al Caribe..., y demás necedades e idioteces que quieran sumarse a la lista. Todas, por supuesto, imprescindibles para la buena marcha de múltiples sectores económicos del país.

Le leo a mi perro Miller estas líneas y asiente alegre y convencido con un ladrido. El muy ladino sabe que o me da la razón o se queda sin los recortes de los filetes que ahora le esperan en su plato predilecto, ese que tanto dinero me costó.

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NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente.


Comentarios
08.03.2007 22:11:28 - Gonzalo
No puedo opinar mucho de este tema, principalmente porque tengo 20 años y no tengo hijos.Pero puedo asegurar que todo lo que luchan los padres por sacar a sus hijos adelante es una batalla sin cuartel.
Recuerdo una frase que me dijo mi padre: "te dejará la novia, tus amigos te traicionaran, en todo lo que creías desaparecera, pero tus padres son los únicos que estaran ahí siempre para ayudarte". ¿Por qué no recibir mas ayudas, cuando somos el país a la cola en esta materia?
En definitiva, no es equiparable un perro a un hijo, salvo por los disgustos y alegrías que te dan, pero al final tu sangre, tu linaje, tu legado a este mundo solo esta en tus descendientes.
Por cierto, no creo que a los alumnos a los que te refieres sean tan superficiales y poco solidarios con un país que esta sin rimbo y a la deriva.
Un saludo.


16.03.2007 18:28:40 - jaime
Comentarios ...¿Qué ayudas recibieron nuestros abuelos?. Me temos que las mismas que nuestros padres. Ninguna. Pero claro eran otros tiempos. Entre las adversidades que sufren los actuales padres, están que los pañales son muy caros, o los "polvos" con los que sustitutyen la lactancia materna, o los cochecitos, que parecen porsche en miniatura, e incluso la ropita que claro como el mamón crece pues no le vale de un mes para otro. Está claro que los valores han cambiado. Ahora no aguantamos una avispa en los "nakasones". Lo que es difícil de mantener es el ritmo absurdo de vida que nos hemos impuesto; coche de "alta cuna", adosado con jardín, fumar winston, beber wisky de marca, salir a cenar con la parienta los sábados y dejamos los jueves para los amigotes. En fin, para eso es preciso que el matrimonio, o lo que sea trabajen los dos, también hay que pagar a la empleada de hogar, con lo cual para los niños no queda ni tiempo, que es precisamente lo único que quieren, tiempo para jugar con ellos y un par de besos de vez en cuando.









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