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Kikí Dimulá: <i>Símbolos solubles</i> (Edicones Linteo, 2010)

Kikí Dimulá: Símbolos solubles (Edicones Linteo, 2010)

    TÍTULO
Símbolos solubles

    AUTORA
Kikí Dimulá

    EDITORIAL
Linteo

    TRADUCCCION
Nina Anghelidis

    FICHA TÉCNICA
Colección Linteo Poesía nº 24. ISBN: 9788496067523. 1ª ed. 100 páginas. 14 x 22. cm. PVP: 15 €



Kikí Dimulá

Kikí Dimulá


Creación/Creación
Kikí Dimulá: Símbolos solubles
Por Kikí Dimulá, miércoles, 1 de junio de 2011
En 1989 se publicó en Buenos Aires la primera traducción al español, en versión de Nina Anghelidis, de los poemas de Kikí Dimulá (Atenas, 1931). Esta poeta ha hecho de la discreción una forma de vida: «soy prácticamente una extraña con respecto a los poemas que he escrito». Su secreto -como explica el profesor Juan Antonio González Iglesias en la introducción a esta antología- probablemente sea muy antiguo: fundar una nueva cosa que permite ver mejor las cosas. Kikí Dimulá, que reconoce tener “la sabiduría de los que ignoran», con palabras que vienen de Sócrates, es una de las más altas poetas que hay ahora en Grecia. Traducida al francés, inglés, alemán, italiano, danés, sueco y serbio, es Premio Nacional de Poesía de su país y miembro de la Academia de Atenas. La selección de Símbolos solubles tiene en cuenta los libros esenciales de Kikí Dimulá en toda su trayectoria y todos los poemas son inéditos en español. En el pasado año 2010, Dimulá recibió el Premio Europeo de Literatura que otorga la Asociación Capital Europea de Literaturas (ACEL) y que «distingue la obra completa de un escritor europeo de talla internacional, que represente la dimensión cultural europea y la promoción del mejor conocimiento mutuo de los pueblos europeos a través de la literatura».

HE PASADO (1)

Because these wings are no longer wings to fly
(Porque estas alas ya no son alas para volar)
T.S. Eliot


Camino y cae la noche.
Decido y cae la noche.
No, no estoy triste.

He sido curiosa y he estudiado mucho.
Sé de todo. un poco de todo.
Conozco los nombres de las flores cuando se marchitan,
sé cuándo reverdecen las palabras y cuándo sentimos
   frío.
Sé con qué facilidad se abre la cerradura de los
   sentimientos
con cualquier llave del olvido.
No, no estoy triste.

Hubo días de lluvia,
me instalé detrás de este
alambrado acuático
con paciencia y discreción,
como el dolor de los árboles
cuando cae su última hoja,
y como el miedo de los valientes.
No, no estoy triste.

He pasado por jardines, frente a fuentes
y he visto muchas estatuas que se reían joviales
sin saber por qué.
Y pequeños cupidos, presumidos.
Sus arcos tensos
parecían lunas menguantes en mis noches de ensueño.
He soñado muchos y hermosos sueños
y estuve a punto de perderme.
No, no estoy triste.

He pensado en los sentimientos,
de los míos y de los demás,
y hubo siempre espacio entre ellos
para que pasara el dilatado tiempo.
He pasado y he vuelto a pasar por Correos.
He escrito cartas y las he vuelto a escribir;
he invocado sin tregua al dios de la respuesta.
He recibido breves postales:
una cordial despedida desde Patras
y ciertos saludos
desde la torre de Pisa que se inclina.
No, no estoy triste porque el día se inclina.

He hablado mucho. A la gente,
a los faroles, a las fotografías.
Y mucho a las cadenas.
He aprendido a leer manos,
y a perder manos.
No, no estoy triste.

He viajado, es verdad. He ido aquí, he ido allá…
el mundo siempre a punto de envejecer.
He perdido aquí, he perdido allá.
He perdido por ser observadora
y también por ser distraída.
He ido al mar.
tenía derecho a un espacio. Supongamos que lo conseguí.

Tuve miedo a la soledad e imaginé a la gente;
a unos los vi caer junto a un polvo tranquilo,
traspasado por un rayo solar;
a otros junto al sonido de una campana mínima.
Y me llegó el sonido del toque de la campana
de la soledad ortodoxa.
No, no estoy triste.

Jugué con el fuego, y me quemé lentamente.
tampoco me faltó la experiencia de las lunas.
Sus fases menguantes, sombrías, sobre mares y ojos,
me han nutrido.
No, no estoy triste.
He resistido tanto como pude a este río
cuando estaba crecido, para que no me llevase,
y cuando fue posible he imaginado los ríos secos
que tenían agua, pero me arrastraron.

No, no estoy triste.
A la hora precisa cae la noche.


AUTOCONSERVACIÓN

Habrá sido primavera
porque este recuerdo llega
saltando por encima de las amapolas.
A menos que la nostalgia,
tan presurosa,
haya ignorado el recuerdo.
todo se parece tanto entre sí
cuando la privación se lo lleva.
Pero puede que el recuerdo sea correcto
y que el fondo sea ajeno;
que las amapolas sean prestadas
de alguna otra historia,
mía o ajena.
es capaz de algo así la evocación,
por amar lo bello y por arrogancia.

Sin embargo habrá sido primavera
porque veo también abejas
volando alrededor de este recuerdo,
con fe, y con pasión,
agolpándose sobre su cáliz.
A menos que el orgasmo fuera
regla del pasado,
mecanismo de lo irrepetible.
¡ojalá siempre quede algo de polen
en las cosas terminadas!
Para la polinización
de la experiencia, de la tristeza
y de la poesía.


COPISTAS DEL OPTIMISMO
II

Sí, tienes razón: se agotaron los temas. (2)

Quizás la causa es en parte
por no alejarme de esta misma parada.

Quizás, digo quizás, si hubiese visitado
alguna de nuestras hermosas islas en las que desde lejos
te recibe vestida de blanco la cal
y trémulo toca cantos jubilosos el azul griego
de las ventanas
mis temas hubiesen dado para alquilar
algo diferente.

Y si acaso me hubiese lanzado lejos
a alguna preferencia más audaz
a españa, precisamente a españa,
adonde tantas veces estaba por viajar mi maleta
encantada, quizás, digo quizás
alguno de mis temas hoy podría haber sido
el Flamenco
– sus pies golpean apasionadamente el suelo
derritiendo hierros
y las manos arrojan al infierno
el ritmo endemoniado que arde sobre
las palmas fogosas.
¡Qué auto-aplauso me perdí, Dios mío!

¿Y ahora qué? Ausencia de ideas como dices.
Nuevamente uno o dos sueños
dependiendo enteramente de un sueño
otra vez alguna estatua de gélida inspiración
hecha de mármol auténtico
y otra vez la mar extendida delante de mí
abierta, marcada mi última página.

¿Realmente estoy segura de haber visto todo eso,
y que no me señaló simplemente al hojearme,
el dedo de mis obsesiones, como si fuera un álbum?

no, que no, mi última página
marcada, esa sí, estoy segura
de haberla visto.


CARNAVAL DEL ALMENDRO

Día soleado en el parque,
hermoso como el de Alcíone
disfrazado de traje matinal, deslumbrante,
tradicional, reparte gratuitamente
niños globos banquitos
caretas de Arlequín para el buen humor
un airecillo invita a bailar a las serpentinas
palomas limpiabotas lustran
con confeti sus polvorientos picos
rosquillas disfrazadas de pirata con un solo ojo
alas de mariposa de hojalata
sobre juguete mutilado con ruedas
empujado por un fugaz ruido disfrazado de niño
mi nieta más pequeña de odalisca
los otros mayores de caballo de troya
globos broches disfrazados de reloj
estallan ¡plaf! ensordecedores globos
niños llantos banquitos tranquilos
tranquilos, aislados toman el sol
sentados inexpresivamente sobre ancianos.


EDIFICIO

La verdad: ¿cómo fue
aquella gran empresa de sentimientos
que habías montado?

Supe que acabó contigo.
¿Al menos acabaste con tus obligaciones?
¿Ayudaste al olvido a construir?
Durante años soñaba
con una familia propia
con una casa propia
lejos
lejos del recuerdo
de aquellos que amaron a ambas.


SÍMBOLOS SOLUBLES

Hermosa calle opulenta, aristocrática.
A veces me encanta recorrerla
a escondidas, culpándome
ya que las excavaciones
me asignaron al barrio bajo
según los escasos hallazgos
de alguno de mis pergaminos asalariados.
Joyerías.

Se rajan los escaparates de tanto brillo
rubíes esgrimen con amatistas
se agita el firmamento de las cruces
mientras asciende el precio del martirio
en clavos de brillantes.

Uno teme mirar en demasía
no sea que le obliguen a pagar.
Entre nosotros, así nos hemos enriquecido: mirando.
Ciertamente se han empobrecido las manos
pero las cuelgas del revés
con la cabeza hacia abajo
atadas con una cuerdecita
en una habitación oscura
y desecas el tacto
tal como se conserva desecada
la aterciopelada lozanía de las flores.

Anillos rumbosos enfatizan
el bello encuentro del delirio
cuando el amor llegó a ser padre.
Y después el anillo de platino por la artritis deformante,

pero en el quiosco
acostumbro a comprar anillos
hechos de humo de fumador
en todas las formas estrafalarias
que has imaginado en tu vida
de todos los tamaños solubles,
por el noviazgo de la brisa con el almendro
por el cumpleaños de la pregunta:
Concesión, ¿te casaste conmigo por amor?

Anillos soñados, obsequios
sentimentales del humo a su amada disolución
adornando los dedos de todas las caricias;
se llevan también
en la caricia suave del dedito falso.
Si fuera preciso.


LA ETERNIDAD SELECTIVA

«Créeme te amaré eternamente»
repite a cada rato Caronte
a la eternidad

y ella quejándose
por tan desafortunada certeza

¡ay! por qué no serías mentiroso

lo maldice.


NOTAS:
(1) La selección de poemas del libro de Kikí Dimulá es obra de la profesora, poeta y traductora Marta López Vilar, a quien agradecemos su esfuerzo y generosidad.
(2) Este poema está escrito como contestación a algunas personas que han comentado que la poeta repite los temas.


Nota de la Redacción: agradecemos a Ediciones Linteo la gentileza por permitir la publicación de estos poemas del libro de Kikí Dimulá, Símbolos solubles (Linteo, 2010), en Ojos de Papel.
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