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lunes, 27 de julio de 2009
John Ford a Robert Parrish, una lección de humildad artística
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[4345] Comentarios[0]
“Creo que has ganado un Oscar”. “Sí”, aseveró Parrish no sin cierta perplejidad. “Yo poseo siete”, prosiguió Ford. “Lo sé” se atrevió a puntualizar Parrish. “Verás, -explicó Ford- hay un garito en Hill Street, entre la Quinta y la Sexta avenidas, donde si llevas el Oscar y añades algunos centavos te dan una taza de bastante buen café”.
Juan Antonio González Fuentes 

Juan Antonio González Fuentes

Una de las películas más hermosas de la historia del cine es sin duda Luces de la ciudad de Charles Chaplin. Los diez minutos finales de la cinta son antológicos, y no creo que haya ser humano normal que no se emocione hasta el congojo de las lágrimas ardiendo en la garganta con los planos finales del Charlot más manifiestamente vulnerable que pueda concebirse.

Quien haya visto la película recordará que al Charlot desvalido, recién salido de la prisión en la que terminó por amor, un mozalbete vendedor de periódicos le tortura haciéndole objeto de su certera cerbatana. El niño se convierte así en inocente pero perfecta expresión de la crueldad humana. Pues bien, ese niño cruelmente certero con la cerbatana y torturador de Charlot, era Robert Parrish, quien con el tiempo se convertiría en un gran escritor y un cineasta de primer orden.



Escenas de Centauros del desierto, de John Ford (vídeo colgado en YouTube por racsoo2)

Parrish ganó el Oscar de Hollywood por su trabajo como montador de la película de Robert Rossen Cuerpo y alma. Amigo íntimo de John Ford, para quien había trabajado también como montador con anterioridad, el que acabaría siendo gran director recibió una invitación para comer del director de Centauros del desierto, quien quería festejar así la gran noticia.

A punto ya de terminar la comida, pedidos los postres y licores de sobremesa, John Ford encendió su pipa eterna y con su legendaria lentitud le pegó tres o cuatro chupadas al instrumento humeante. Hecho lo cual dijo como sin dirigirse a nadie: “Creo que has ganado un Oscar”. “Sí”, aseveró Parrish no sin cierta perplejidad. “Yo poseo siete”, prosiguió Ford. “Lo sé” se atrevió a puntualizar Parrish. “Verás, -explicó Ford- hay un garito en Hill Street, entre la Quinta y la Sexta avenidas, donde si llevas el Oscar y añades algunos centavos te dan una taza de bastante buen café”. “¿Podría darme la dirección?”, añadió Parrish, con el deseo de proseguir lo que pensó era una conversación en broma. “Lo que quiero decir –zanjó Ford-, es que lo único importante en este negocio es seguir trabajando. Muchas felicidades por tu premio y buena suerte”.

Robert Parrish aseguró siempre que aprendió la más importante lección de humildad que jamás nadie le había dado. Esa lección se la dio el maestro indiscutible, el gran John Ford, ya saben, uno de los creadores y poetas más grandes del siglo XX, ese que dirigía western.

***

Últimas colaboraciones de Juan Antonio González Fuentes en Ojos de Papel:

-LIBRO: Stieg Larsson: Millennium 3. La reina en el palacio de las corrientes de aire (Destino, 2009).

-PELÍCULA: Niels Arden Oplev: Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres (2009).

Más de Stieg Larsson:

-Millenium 1. Los hombres que no amaban a las mujeres (Destino, 2008)

-Millennium 2. La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (Destino, 2008)


NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente.


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