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lunes, 24 de noviembre de 2008
Sándor Márai y la democracia norteamericana (Diarios 1984-1989. Ediciones Salamandra)
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[4800] Comentarios[0]
La más vieja democracia del mundo vista y comentada por un viejo escritor nacido en un mundo desaparecido, en un imperio ya fantasma. Impagable la lucidez del ciudadano, su sarcasmo, su sentido del humor. Sándor Márai habla de la elecciones norteamericanas

Juan Antonio González Fuentes 

Juan Antonio González Fuentes

El pasado jueves día 20 pronuncié en la facultad de letras de la Complutense madrileña una conferencia sobre los años de Ricardo Gullón en Santander. Compartí cartel y, por qué no decirlo, aplausos con el veterano escritor Manuel Arce y con el decano de la facultad de Filología, mi gran amigo y maestro en tantas cosas Dámaso López García. Lo pasé muy bien dando la conferencia, y también compartiendo mesa y mantel con gente tan estupenda como Germán Gullón o el ex rector de Santiago de Compostela y académico de la lengua Darío Villanueva.

Terminadas las obligaciones contractuales me dispuse a disfrutar de Madrid durante el largo fin de semana con el que me regalé. Madrid estaba realmente hermosa, sofisticada y acogedora durante estos días de frío intenso y luz cristalina. En el Prado se exhibe una antológica de Rembrandt, y en el Thyssen una muestra de las vanguardias surgidas durante la I Guerra Mundial, pero nosotros preferimos callejear por el viejo Madrid de los Austrias, un decorado bellísimo salpicado de excelentes restaurantes y más de una librería acogedora y sibarita, donde para colmo de felicidades ofrecen excelente café.

En la calle San Quintín, casi pared con pared con la solidez esbelta y monárquica del Palacio Real en el que M. había podido dar la mano a Su Majestad la Reina en una fiesta de la poesía dos días antes, viven en un piso con hechuras de museo de postín el escritor santanderino Jesús Pardo y su mujer Paloma. Con ellos pasamos parte de la tarde del sábado, visitando la biblioteca de 25.000 libros de Jesús, y oyéndole narrar anécdotas como cuando conoció a De Gaulle o tradujo al español toda la poesía de August Strinberg.

Cuando horas después dejamos que la pareja siguiera afanada en su tarde de sábado y libros, M. y yo proseguimos el paseo madrileño entre cafés y aromas prenavideños. Al rato entramos en una librería y para tal vez festejar la existencia de la biblioteca de Jesús y Paloma, compramos nosotros dos libros. M. adquirió una biografía reciente del cineasta de las mujeres, George Cukor, y yo lo último en español de una de mis incuestionables debilidades literarias, Sándor Márai, Diarios 1984-1989 (Salamandra, Barcelona, 2008).

Sándor Márai

Sándor Márai

El domingo a las seis de la tarde se acabó la fiesta. Cogí el tren de regreso al Santander de mis entretelas. Esta vez, para paliar la primera morriña madrileña que siento en mi vida, pagué un billete de preferente, y con un periódico en la mano, la maleta a buen recaudo y el maletín de cuero a mis pies, tomé asiento y me dispuse a disfrutar del viaje y sus pequeños lujos: asiento cómodo, un periódico a elegir, canal de música clásica en los auriculares, una copa de cava y cacahuetes antes de llegar a Valladolid, la película El Orfanato en la televisión del vagón, una ensalada de tomate con orégano y queso para abrir boca, estofado de cerdo con guisantes y arroz de plato fuerte para cenar, una botella de rioja como acompañamiento, y un pastel de chocolate y café con leche como postre.

Mientras cenaba, leía dos periódicos y le echaba un vistazo a los fantasmas del orfanato, me dejaba conquistar por el confort de un vagón que me aislaba con su calor de los 6 grados de temperatura con los que el exterior negro y salvaje amenazaba. Y en plena orgía de satisfacción y comodidad, comencé la lectura del libro de Márai. En la página 67 del libro, figura una anotación realizada por el escritor en la ciudad norteamericana de San Diego el 10 de octubre de 1984, es decir, cuando el narrador contaba con 84 años de edad y llevaba casi la mitad de su vida exiliado. Anoto aquí el párrafo porque me parece sencillamente genial, y más tras haber vivido recientemente las elecciones norteamericanas que han situado a Barack Obama en la Casa Blanca. Anota Sándor Márai:

“Uno de los trucos de la campaña que precede las elecciones presidenciales es el duelo televisivo de noventa minutos en que se enfrentan los dos gladiadores, Reagan y Mondale, ante un público de 236 millones de espectadores situados ante sus respectivos televisores. El presidente de setenta y cuatro años y su opositor de cincuenta y cuatro demuestran con palabras, con las manos y, que no se nos olvide, con los pies…, ante el numeroso grupo de periodistas quién es más hombre o quién será en los cuatro próximos años el presidente del imperio más extenso del planeta. La prueba de la democracia es el duelo; el bendito pueblo no juzga la capacidad política de los candidatos, sino si son apuestos o no, si saben encontrar el punto flaco del contrincante y soltarle cuatro verdades… Ese duelo de juglares me asusta… La guinda la constituyen los anuncios que entre pregunta y respuesta animan la pantalla del televisor y recomiendan a los espectadores qué deben comprar si se acerca el fin del mundo o si padecen de halitosis”.

La más vieja democracia del mundo vista y comentada por un viejo escritor nacido en un mundo desaparecido, en un imperio ya fantasma. Impagable la lucidez del ciudadano, su sarcasmo, su sentido del humor.


NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente.


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