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domingo, 22 de junio de 2008
Blas Larín, un don Quijote de la arqueología española del siglo XX
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[3551] Comentarios[1]
Hace un mes publiqué en estas mismas páginas un trabajo sobre el padre Carballo y el doctor Larín, donde contaba una curiosidad macabra que me llamó muchísimo la atención cuando me la refirió en conversación privada un buen amigo del Centro de Estudios Montañeses, Virgilio Fernández Acebo

Juan Antonio González Fuentes 

Juan Antonio González Fuentes

Hace un mes publiqué en estas mismas páginas un trabajo sobre el padre Carballo y el doctor Larín, donde contaba una curiosidad macabra que me llamó muchísimo la atención cuando me la refirió en conversación privada un buen amigo del Centro de Estudios Montañeses, Virgilio Fernández Acebo.

Al parecer el trabajo se ha leído algo por esos mundos de Dios, y Virgilio Fernández Acebo, uno de los máximos especialistas en España sobre la vida y la obra de un personaje tan singular como el padre Carballo, ha querido ampliar, en la medida de sus posibilidades, la información sobre el curioso doctor Larín. Las nuevas aportaciones se suceden a partir de aquí. Dejo hablar a Virgilio Fernández:

“Del doctor Blas Larín, debe mencionarse que además de fortuna pecuniaria tenía, al parecer, una inteligencia prodigiosa (según expresión de Luís Matorras, se decía de él que había terminado la carrera de Medicina en tres años) y un entusiasmo casi monográfico hacia las ciencias arqueológicas y antropológicas. Se conoce poco de él; las primeras anotaciones biográficas son unas líneas publicadas por el Cronista de Santander, Benito Madariaga de la Campa. A través de las gestiones realizadas por los responsables de la cultural local para la donación al Museo de Prehistoria, se sabe que había reunido una importante colección arqueológica privada, cuyas piezas quizás se diluyeran sin identificación entre otras muchas que acabaron anónimas en los almacenes del museo.

Debió considerarse un destacado arqueólogo en el ambiente local santanderino de postguerra, como indica el que la Diputación Provincial le nombrase, en sesión del 15 de marzo de 1944, ‘Ayudante Honorario del Director del Museo de Prehistoria’ (a saber, el padre Carballo). Sabemos, por ejemplo, que realizó un inventario y catalogación del Museo, documento hoy desaparecido.

Julióbriga (foto cantabriajoven.com)

Julióbriga (foto cantabriajoven.com)

Otro indicio de su relevancia lo constituye el hecho de que ante la ausencia de Jesús Carballo por enfermedad, el propio Blas Larín dirigiera la campaña de 1944 de Julióbriga (*) junto a Vicente Ruiz Argilés, arqueólogo y conocido deportista, discípulo predilecto de Martínez Santa Olalla, que entonces era el Comisario General de Excavaciones Arqueológicas en España, sucesor en la cátedra de Hugo Obermaier. Finalizada la campaña en Campoo y retornados a Santander, con el beneplácito de la Comisaría y de la Diputación Provincial, Larín y Argilés replantearon totalmente el plan expositivo del Museo, asunto sobre el que no ha sido posible acceder a más información por el momento que unas airadas expresiones de D. Jesús Carballo referidas a su retorno y comprobación de las modificaciones. Estas son las palabras literales que Carballo escribe en 1956 sobre el asunto:

‘El año 1932, la Junta Superior de Excavaciones publicó la Memoria Oficial de la excavaciones del Pendo, escrita por el Dr. Carvallo, con el nº 123 de la Serie General. Figura también como autor el Dr. Larín: pero esto es debido a la benevolencia del Dr. Carvallo, porque le había ayudado en los trabajos. Años después, el Dr. Larín tuvo que ser recluido en un sanatorio de alienados en Pamplona, ocho años. De regreso a Santander, el año 1945, pidió al Dr. Carvallo que le admitiera a trabajar con él en las excavaciones romanas de Julióbriga (Reinosa). Éste, ignorando lo de la enfermedad, lo autorizó; y además le encargó que continuara los trabajos unos días que el Dr. Carvallo estuvo enfermo. Le encargó, así mismo, que reuniera todo el material obtenido, y lo depositase en el Museo Prehistórico. Cuando el Dr. Carvallo fue dado de alta en su enfermedad y volvió al Museo, se encontró con que todas las colecciones estaban revueltas, trastocadas las vitrinas, y cientos de objetos pertenecientes al Dr. Larín, aparecieron allí con nuevos letreros y todo revuelto y mezclado. Allí había puesto sus manos pecadoras aquel pobre perturbado causando un gran trastorno.  No paró aquí la cosa: a esas excavaciones había asistido también el arqueólogo Argilés, enviado por el Comisario General de Excavaciones D. Julio Martínez Santa Olalla, su profesor en la Universidad, para que practicase como incipiente arqueólogo. En ausencia del Dr. Carvallo, los dos, Argilés y Larín, se conjuraron para apoderarse de la dirección de las excavaciones y de la dirección del Museo. Hasta tal punto que vinieron a Santander a visitar al Presidente de la Diputación y proponerle este proyecto: pero no pudieron verlo porque estaba ausente. Enterado del asunto, el Dr. Carvallo viendo que se trataba de un loco y un simple, los echó de su lado’.

Estas líneas de Carballo, autógrafas a pesar de estar redactadas en tercera persona y conservadas en el Museo de Prehistoria, parecen indicar que la reclusión del Dr. Larín en Pamplona habría tenido lugar en la década de los años 30; si, como Julio Picatoste y el grupo de amigos de la tertulia de la santanderina cafetería La Austriaca (Pereda de la Reguera, Gómez de Dios...) transmisores de la historia que tan bien e inesperadamente ha relatado González Fuentes, la estancia en la institución nocosomial estuvo relacionada con el incidente descrito, habría que ubicarlo hacia mediados de la década de los años treinta.

Blas Larín, como bien captó y ha transmitido González Fuentes, es el Don Quijote local de la arqueología, merecedor de atención, al menos como investigador de actitud constructiva. Debió ser un personaje excepcional. Es pena que su obra fuera despreciada y hecha desaparecer. La lectura de algunos capítulos positivos de su vida servirían al menos para mitigar el sinsabor que deja el incidente reflejado, y las desgracias de última etapa, como la muerte de su hijo en Rusia, en la División Azul, las consecuencias que este incidente tuvieron en la esposa, etc...”.

(*) Julióbriga es una pequeña ciudad o asentamiento romano situado muy cerca de la localidad de Reinosa, en la comarca de Campoo, en el sur de Cantabria. Las ruinas se excavan y se estudian desde hace décadas.


NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente.


Comentarios
15.03.2010 16:52:17 - Ana Fernández



Muy interesante
Gracias por la información

Saludos!










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