Director: Rogelio López Blanco      Editora: Dolores Sanahuja      Responsable TI: Vidal Vidal Garcia     
  • Novedades

    Las consecuencias estratégicas del secesionismo catalán (por Manuel López Blanco)
  • Cine

    Polanski. Biografía (II) (por Christopher Sandford)
  • Sugerencias

  • Música

    The Witmark Demos, CD de Bob Dylan (por Marion Cassabalian)
  • Viajes

  • MundoDigital

    Por qué los contenidos propios de un web son el mayor activo de las empresas en la Red
  • Temas

    Contra el imperialismo cultural
  • Blog

    Guillermo Brown, capitán de Los Proscritos (Blog de Juan Antonio González Fuentes)
  • Creación

    Miguel Veyrat: Poniente
  • Recomendar

    Su nombre Completo
    Direccción de correo del destinatario
martes, 16 de marzo de 2010
De viaje a Guinea Ecuatorial con Javier Reverte y Miguel Gutiérrez Garitano: La aventura del Muni
Autor: Iván Alonso - Lecturas[5744] Comentarios[0]
Me resulta cada vez más triste, y me envejece, volver a insistir en que el mejor viaje siempre empieza al abrir las guardas de un libro y sumergirte en él sin anteojeras, dispuesto a que este te cambie la vida y te devuelva, en un rincón imprevisto, tu propia mirada. Me voy de viaje, pero he mentido vagamente. Sueño que tengo todo dispuesto, pero en realidad entre las manos tengo nada más un libro recio y maravilloso. Como los que ya no se editan. “La aventura del Muni”, de Miguel Gutiérrez Garitano




Iván Alonso es historiador y periodista

Me voy de viaje. Tengo sobre la mesa el macuto, una gorra, las botas, los prismáticos, brújula, mapas, y sobre todo tengo un libro. Compadezco a los que viajan viendo los infantiles programas de televisión o a los adictos a esa parodia insultante de la aventura llamada El último superviviente, donde un espantapájaros falsario ridiculiza los trucos de los grandes viajeros. Shackleton mandaría disparar su cañón sobre él, y el padre Páez, el jesuita que descubrió el Nilo Azul, creo que simplemente suspiraría. Me resulta cada vez más triste, y me envejece, volver a insistir en que el mejor viaje siempre empieza al abrir las guardas de un libro y sumergirte en él sin anteojeras, dispuesto a que este te cambie la vida y te devuelva, en un rincón imprevisto, tu propia mirada. Me voy de viaje, pero he mentido vagamente. Sueño que tengo todo dispuesto, pero en realidad entre las manos tengo nada más un libro recio y maravilloso. Como los que ya no se editan.

Lo tengo claro. Voy a apagar Internet, el teléfono móvil y a aislarme de los informativos que quieren imponerme día y noche su mirada y retorcido discurso para entregarme a una pasión, al instinto de alguien que ha viajado y visto, y lo sabe contar. Se llama Miguel Gutiérrez Garitano y, voy a decirlo, nos conocimos en otra vida. Yo entonces era un joven estudiante de Historia en la Universidad del País Vasco y él, compañero de pupitre, recuerdo que estaba más interesado en leer libros, discutir y faltar a clase si era preciso que en coger, como hacía yo, apuntes como un amanuense egipcio, al dictado. Con el tiempo aprendí a valorar su disposición, y durante mi segunda carrera pasé más tiempo acompañado de mudos amigos fieles que prestando mis oídos a los desvaríos doctorales de quien da una clase como quien pasea el plumero por una estantería. Siempre interesado en aquellas naciones de quien un historiador cacique dijo con desprecio que eran “los pueblos sin historia”, Gutiérrez Garitano, Guti para los amigos, no se cansaba de preguntar, disentir y mantenernos informados a los cuatro de su secta de sus últimos descubrimientos. La bien surtida biblioteca de su padre le ayudaba, pero más que eso era el fuego de lo desconocido, de la aventura, como decían Joseph Conrad y Ford Madox Ford en una novela conjunta, lo que le quemaba dentro y le lanzaba a escribir y a anunciar los viajes que haría.

Miguel Gutiérrez Garitano

Miguel Gutiérrez Garitano

Y los hizo. Vuelve ahora a mí gracias a la editorial Ikusager con la crónica de su viaje a las riberas del río Muni, situado en esa parte del mundo llamada Guinea Ecuatorial que un áspero y ridículo dictador se empeñó en considerar España y que luego abandonó a su suerte, una vez explotada, en manos de los tiranos. Como pasó con el Sahara, lo que iba a ser piedra angular de un fabuloso imperio, y tan español como Salamanca o Toledo, fue olvidado tanto por políticos como por los españoles para centrarse en los nuevos enemigos internos a derrotar, vascos y catalanes, que impiden el singular triunfo de la nación que inventó la lengua para hablar con Dios.

Un mapa de la costa oriental de África y el prólogo del infatigable cronista Javier Reverte hacen que me prepare para los amigos, peligros y emociones que me aguardan en sus páginas. Si es verdad que “Semper aliquid novi ex Africa” o, dicho en cristiano, “que siempre se aprende algo nuevo sobre África”, podéis imaginar que mi viaje de hoy no va a ser en vano, que me voy a pasar horas entregado, que voy a deslizarme en el placer más hedonista y salvaje que existe, el de los riesgos que comienzan cuando uno abre la primera página, lee la cita de Henry Rider Haggard que la encabeza y sabe que ya, con esos mimbres, ha vuelto a la infancia y está irremediablemente atrapado por la única aventura que ha existido siempre: la de leer a los poetas viajeros. 

***


Últimas colaboraciones (Marzo 2010) de Iván Alonso en la revista electrónica Ojos de Papel:

LIBRO: Roberto Bolaño: El Tercer Reich (Anagrama, 2010)

LIBRO (febrero 2010):
José María Mijangos: Soul Man (Lengua de Trapo, 2009)



NOTA: En el Blog de Iván Alonso se podrán leer los textos clasificados tanto por temas (artes, autores, cine, música, sociedad y periodismo) como cronológicamente.

Comentarios









  • Suscribirse





    He leido el texto legal


  • Reseñas

    Elisabeth Bowen: La muerte del corazón (por José Cruz Cabrerizo)
  • Publicidad

  • Autores

    Entrevista a Marcos Vilaseca, autor de Escritos mínimos (por Jesús Martínez)