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Nicolas Winding Refn: Drive (2011)

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Teerence Malick: El árbol de la vida (2011)

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Lars Von Trier: Melancolía (2011)

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Asghar Farhadi: Nader y Simin, una separación (Jodaeiye Nader az Simin, 2011)

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Federico Veiroj: La vida útil (2010)

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Mike Leigh: Another Year (2010)

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Michelangelo Frammartino: Las cuatro estaciones (Le Quattro Volte, 2010)

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Olivier Assayas: Carlos (2010)

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Wim Wenders: Pina (2011)

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Christopher Morris: Four Lions (2011)

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Enrique Urbizu: No habrá paz para los malvados (2011)

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J.L. Guerín: Guest (2010)

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Michael Winterbottom: The Trip (2011)

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Mathieu Amalric: Tournée (2010)

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Bela Tarr: A Torinói ió (2011)

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Tomas Alfredson: El topo (Tinker Tailor Soldier Spy, 2011)

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Mike Mills: Principiantes (Beginners, 2011)

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Steve McQueen: Shame (2011)

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J.J. Abrams: Super 8 (2011)

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Joel y Ethan Coen: Valor de Ley (True Grit, 2010)

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Gore Verbinski: Rango (2011)

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Paul Feig: La boda de mi mejor amiga (Bridesmaids, 2011)

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Magazine/Cine y otras artes
El cine útil: Las películas de 2011
Por Carlos Abascal Peiró, martes, 03 de enero de 2012
Selección fundamental de un año indiscutiblemente memorable en lo fílmico. Qué ver, una guía.
Génesis. Endosándole la categoría sentimental que merece, el chisposo Nick Hornby dedicó su estupenda novela Alta Fidelidad (Anagrama, 2007) a esa disfrutable olimpiada del listado que, puntualmente, conforme el calendario agota sus entradas, convoca a la crítica oficial -y por oficiar- bajo el conflictivo signo de lo (presumiblemente) canónico. No era para menos. Ahora, claro, toca lo que toca; y uno, tras lanzar un último vistazo al retrovisor, estira el cronómetro tratando en vano de consumir íntegro el abigarrado menú fílmico que -bien producción, bien estreno- despachó la marca 2011. Informe, reacio a una jerarquía de clausura, este repaso puede ser muchas cosas pero no un listado. Visto lo visto: perdóname, Nick.

Planeta Melancolía, o la melancolía de un planeta

Cuando Terrence Malick manifestó su voluntad de enhebrar un macrorrelato que vinculase la vida familiar texana en los cincuenta, el panteísmo militante y un sentido cosmológico de la evolución, algún ejecutivo debió disculparse mientras orientaba sus pasos hacia el cuarto de baño. Con todo, El árbol de la vida -por lo ambicioso del Relato, la belleza de sus imágenes- terminó por parecerse a la película del año (que, por cierto, no necesariamente debe significar mejor).



Tráiler de El árbol de la vida (2011), de Teerence Malick

Entretanto, Europa, de su (al otro) lado, facturó una particular réplica -por planetas, candidatura alegórica- según ese talentoso imbécil que es Lars Von Trier. Así, Melancolía (Melancholia, 2011) parametraba otro drama familiar bajo un trasfondo apocalíptico bautizado ‘Melancolía’, o (en efecto) un planeta resuelto a colisionar contra la Tierra. En resumen: la disgregación celular de la familia contemporánea, el porvenir sitiado, la concreción fantástica de un malestar oficial cuya psique desahuciada silba a través del tamiz de su cultura. Todo cierto.



Tráiler de Melancolia (Melancholia), de Lars Von Trier

Superado Occidente (y la teoría del tercer cine), paralelamente, Irán y Uruguay se inventaron dos joyas de manual: Nader y Simin, una separación (Jodaeiye Nader az Simin, Asghar Farhadi, 2011) y La vida útil (Federico Veiroj, 2010). Admirable ejercicio fílmico, la primera acusa una recepción crítica (del todo) exenta de cualquier paternalismo exótico, muy habitual -conviene recalcarlo- cuando se ronda cinematografías lejanas. Sencillamente no lo necesita. Y la segunda se descolgó del cine de fondo por medio de tanto. Debería bastar con su apabullante declaración de amor al cine, a la vida, otros tropiezos. Fuimos muchos los que, tras el visionado, rastreamos fetichistas el site de esa Cinemateca, la de Montevideo. No hubo suerte. Peaje obligado, ambas.



Tráiler de Nader y Simin, una separación (Jodaeiye Nader az Simin, 2011), de Asghar Farhadi



Tráiler de La vida útil (2010), de Federico Veiroj

Estación Europa

Lancashire-Calabria. Más terrenales resultan dos obras maestras (más) de sello continental. Si Another Year (2010) nos devuelve la dotadísima firma del que junto a Haneke quizá sea el más brillante cineasta europeo en activo, el británico Mike Leigh -y otra quirúrgica lección de sociología working class-; la italiana Le Quattro Volte (Las cuatro estaciones, Michelangelo Frammartino, 2010) levanta un honesto canto a la vida, la intimidad de sus trasvases y el cine como ciencia esencial del gesto de mirar: un hallazgo artístico (demasiado) bien sepultado entre la masonería de festival.



Tráiler de Another Year (2010), de Mike Leigh



Tráiler de Le Quattro Volte (Las cuatro estaciones, 2010) de Michelangelo Frammartino

Notable, la producción europea todavía toma aire (y perspectivas) tras la electrizante trilogía televisiva de Olivier Assayas en torno a Carlos ‘el Chacal’, el fascinante homenaje de Wenders -3D mediante- a la coreógrafa Pina Bausch o la deslenguada acidez de los yihadistas que retrata Four Lions (Christopher Morris, 2011). Reverso amargo, aquí fue Enrique Urbizu quien compuso un noir más que solvente que desnudaba los vicios de -salvando Guest (J.L. Guerín, 2010)- otras filmografías domésticas para, al tiempo, centrifugar los traumas de la España reciente. Por si fuera poco, Santos Trinidad. Lo dicho, Rock ‘n’ Roll.



Tráiler de Carlos (2010), de Olivier Assayas



Tráiler de Pina (2011), de Wim Wenders



Tráiler de Four Lions (2011), Christopher Morris



Tráiler de No habrá paz para los malvados (2011), Enrique Urbizu



Tráiler de Guest (2010), J.L. Guerín

Y el podio alternativo. Aparte honorífico para el retorno del ambivalente Michael Winterbottom, autor del inclasificable diálogo gastronómico-existencial que protagonizan dos monstruos de la risotada conforme a la BBC, Coogan y Brydon para The Trip (2011). Junto a la pareja, convincente accésit el de Mathieu Amalric y su Tournée (2010), un coctel sostenido en el burlesque y los márgenes y la reconversión artística de un comediante y -a tiempo parcial, además, peor incluso- ser humano.



Tráiler de The Trip (2011), de Michael Winterbottom



Tráiler de Tournée (2010), Mathieu Amalric

Más. Las correcciones. Admite, confiesa. El que firma arrastra una cuenta pendiente con lo nuevo del húngaro Bela Tarr y algo parecido en relación a la prometedora revisión del clásico de Le Carré. Sea entonces. Para otras líneas.



Tráiler de A Torinói ió (2011), de Bela Tarr



Tráiler de El topo (Tinker Tailor Soldier Spy, 2011), Tomas Alfredson

USA transfer

Principiantes (Beginners, Mike Mills, 2011) es, si Shame no lo remedia, la película estadounidense de 2011. También es cine (extrañamente) subterráneo. Una extrañeza que surge en cuanto al reparto plagado de cromos, su vocación ‘indie’ -cuando el término malvive bajo una provechosa mutación estética del establishment- o la más que visible estrategia comercial de aterrizaje. Como fuera, no funcionó. Pese a su tierna retórica de polaroid, la seductora sencillez del relato. Pese a Melanie Laurent.



Tráiler de Principiantes (Beginners, 2011), de Mike Mills



Tráiler de Shame (2011), Steve McQueen

Sí lo hizo Super 8 (J.J. Abrams, 2011), una funcional y entretenidísima relectura en clave ochentas del genero-aventuras tal y como Spielberg, Lucas y -antes, mucho antes- Verne nos lo habían contado. Premisa: Abrams se deshizo del sensacionalista espejismo narrativo que distingue su producción catódica y el resultado terminó por cumplir expectativas para que -la verdad de todo esto al fin y al cabo- ellos, nosotros, pagásemos entrada. En la distancia, otra, allá donde resuena el Picketwire –vale igual Joel y Ethan-, los Coen apostaron por actualizar respetuosamente el Western de Hathaway. De nuevo se titulaba Valor de Ley (True Grit, 2010) y esta vez la épica fronteriza asumió las facciones del astro Jeff Bridges, el luminoso manto del artesano Roger Deakins.



Tráiler de Super 8 (2011), de J.J. Abrams



Tráiler de Valor de Ley (True Grit, 2010), de los Ethan y Joel Coen

Mientras, hacia el Noroeste, una estrafalaria segregación. Pleno esplendor del digital, 2011 fue el año que hibridó la animación con los cow-boys, o Rango (Gore Verbinski): un desopilante revival escenificado por medio de la raquítica silueta de una lagartija con ínfulas de sheriff. Por tanto, había vida en las afueras de la Pixar. Y otra certeza: sus diálogos superan en inteligencia a la mayor parte de la ficción televisiva nacional. Descaradamente.



Tráiler de Rango (2011), de Gore Verbinski

Humor fou. De vuelta, La boda de mi mejor amiga (Bridesmaids, Paul Feig, 2011) reciclaba el imaginario masculino señero en la factoría Apatow y, durante el proceso, terminó por convertirse en una de las comedias del año. A la medida de Kristen Wiig, la neoyorquina desplegó su arsenal festivo y entonces la Norteamérica hortera que pace en los malls y conduce ranchera escupió una carcajada al contemplarse a sí misma. Carente de pretensiones, terriblemente honesta, la película de Paul Feig dispara una desternillante vis cómica. Un descubrimiento.



Tráiler de La boda de mi mejor amiga (Bridesmaids, 2011), de Paul Feig

Y Drive (Nicolas Winding Refn, 2011). Recién aparecida en nuestros centros comerciales, Drive es portentoso cine de género, reverencia y reinvención. Winding Refn -urge rastrear su pista- ha mecanografiado un excelente texto epigonal en la nostalgia del thriller norteamericano de los setenta. Eso es, aquel que se nutría de la épica de guantera, una adulterada evocación del samurai según Melville y ese alquitrán exiguamente iluminado que refugió a Richard Widmarck, Steve McQueen. A su modo, Ryan Gosling pivota un universo icónico cuya potencia denota de por sí el lugar propio que, a buen seguro, ocupará el film de Winding Refn entre la oleada postmoderna. Un colosal cierre de año. Pero hay algo más. Varios fogonazos se los lleva Christina Hendricks, la dueña del cotarro -por cierto- en la oficina de Don Draper. Quedan avisados.



Tráiler de Drive (2011), de Nicolas Winding Refn

Hemos llegado. Hasta aquí 2011, o una porción. Debería servir, en cualquier caso, para hacernos regresar a la sala de cine al menos una vez por semana durante 2012. Aunque -honestamente- solo fuese por cuestionar el próximo listado que nos aireen.
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