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viernes, 20 de marzo de 2009
Historia de tiburones: Costa salvaje de Edward Marriott
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[4914] Comentarios[0]
Una noche de Reyes de hace infinitos años, mi padre nos llevó a mi hermano Jaime y a mí a ver la película Tiburón en el santanderino cine Capitol. Fue una noche inolvidable, una de esas experiencias que pueden marcar el destino de un niño, o, al menos, orientar su existencia futura. Yo amo el cine, y más el cine visto en una sala a la antigua usanza, con pantalla grande, sonidos envolventes, compañeros espectadores un tanto “endomingados”, butacas numeradas, anuncios previos, y cierto regusto en el aire a ambientador y palomitas


Juan Antonio González Fuentes 

Juan Antonio González Fuentes


Una noche de Reyes de hace infinitos años, mi padre nos llevó a mi hermano Jaime y a mí a ver la película Tiburón en el santanderino cine Capitol. Fue una noche inolvidable, una de esas experiencias que pueden marcar el destino de un niño, o, al menos, orientar su existencia futura. Yo amo el cine, y más el cine visto en una sala a la antigua usanza, con pantalla grande, sonidos envolventes, compañeros espectadores un tanto “endomingados”, butacas numeradas, anuncios previos, y cierto regusto en el aire a ambientador y palomitas. Así fue aquella noche de la lejanísima infancia, en la que la cercanísima visita de los Magos de Oriente sumó toneladas de emoción.

Si alguna vez he pasado miedo físico, verdadero desasosiego en una sala de cine, fue aquella noche precisamente, contemplando las evoluciones asesinas del escualo más monstruoso e infernal que la imaginación ha creado hasta la fecha. El tiburón blanco de la película de Spielberg es un asesino implacable, poderosísimo, eficaz en su destino, un monstruo apocalíptico que se desenvuelve como pez en el agua (of course) en esa geografía, en ese paisaje inquietante, atractivo, peligroso, inexplorado, cambiante y lleno de secretos que es el océano.

Edward Marriott: Costa salvaje (Alba)

Edward Marriott: Costa salvaje (Alba)

Aquella noche cinéfila me regaló varios elementos que me han acompañado desde entonces. Una irrefrenable atracción hacia las aventuras en el mar; un eventual escalofrío cada vez que me encuentro nadando mar adentro rodeado por toneladas y toneladas, kilómetros y kilómetros de aguas oscuras, hogar de vaya usted a saber qué criaturas; y un crecientes interés por los tiburones como personajes de la zoología, como protagonistas de lo cinegético en su sentido más amplio.

Por eso no es de extrañar que estos días tenga entre manos un curioso libro en cuyas páginas se juntan muchos de mis despertares de la noche cinéfila señalada. El libro lleva por título Costa salvaje (Alba editorial), y como subtítulo largo y aclaratorio “Tras los últimos cazadores de tiburones de Nicaragua”. El autor es Edward Marriott, un periodista y aventurero que ha colaborado con la BBC, The Times y la revista Esquire, y autor de un curioso y prestigioso libro que quedó en su día finalista de uno de los premios más importantes de literatura de viajes y aventuras, el Thomas Cook Travel Bood Award. Me refiero a The lost tribe (La última tribu, 1997), unas páginas dedicadas a contar un viaje por Nueva Guinea Papúa.



Tiburones toro (vídeo colgado en YouTube por POSEIDONYUCATAN)

En Costa salvaje, Edward Marriott nos acerca al día a día de los ya escasos “cazadores” de tiburones toro que subsisten en un inmenso territorio aún salvaje que sigue el curso del río San Juan hasta el lago Nicaragua, la que es conocida como la ruta del tiburón toro. Este tipo de tiburón es el único capaz de sobrevivir tanto en agua salada como en agua dulce, y hace muchos años los habitantes de la costa nicaragüense lo reverenciaban y lo temían, pero también lo pescaban para hacerse con su aceite y sus aletas.

Edward Marriott se embarca en las pequeñas y muy frágiles embarcaciones de los escasos pescadores artesanos que aún se atreven con el gigantesco tiburón, y nos cuenta cómo es su vida, su “arte”, ofreciendo a la vez un atinado estudio antropológico, cultural, económico y social, y una excelente novela de aventuras cuajada de fuertes emociones, peligros, hazañas y tragedia.

***


Última reseña de Juan Antonio González Fuentes en Ojos de Papel:

-Justo Serna: Héroes alfabéticos. Por qué hay que leer novelas (PUV, 2008)


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