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martes, 19 de febrero de 2008
Un libro inédito de José Luis Hidalgo en la biblioteca de Gerardo Diego
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[6483] Comentarios[0]
Entre los libros de Gerardo Diego que se catalogan en la fundación que lleva su nombre, ha aparecido un libro inédito de José Luis Hidalgo, Diez poemas junto al mar, que en edición facsímil publica ahora la propia Fundación

Juan Antonio González Fuentes

Juan Antonio González Fuentes

En el libro de José Hierro Prehistoria literaria 1937-1938, editado en la colección “Colofón del año” impulsada por Pablo Beltrán de Heredia para la ya casi legendaria imprenta Bedia de Santander, aparece un soneto titulado “Umbral” que entre paréntesis se comenta así: “Soneto escrito para el libro de José Luis Hidalgo Diez poemas junto al mar”.

Ocho años después el mismo poema volvió a llamar mi atención publicado en el libro del Premio Cervantes titulado Sonetos, y esta vez el comentario aparecía modificado incluyendo la palabra “inédito”, quedando como sigue: “Para el libro –inédito– de José Luis Hidalgo Diez poemas junto al mar”.

Cuando por esas mismas fechas trabajaba yo en la edición de las Poesías Completas del malogrado poeta nacido en Torres, procuré por todos los medios a mi alcance tener alguna noticia de ese “libro inédito” de Hidalgo para el que Hierro en 1938 había escrito un soneto, y del que nada se decía o se aclaraba de manera definitiva ni en las distintas ediciones precedentes de las poesías completas hidalguianas, ni en los muchos importantes trabajos dedicados a la vida y la obra del poeta de Los muertos que pude consultar.

Sin embargo la incógnita quedó convenientemente despejada cuando indagué precavido y con atención entre las páginas del que sigue siendo a día de hoy el trabajo esencial para acercarse a nuestro poeta, el firmado por Aurelio García Cantalapiedra con el título Tiempo y vida de José Luis Hidalgo. En la página 94 de dicho libro, justo en el comienzo del capítulo VIII, están las líneas que reproduzco:

El 9 de marzo de 1938 fue movilizado el cuarto trimestre de la quinta de 1940, al que pertenecía Hidalgo. Después de presentarse el 6 de abril en la Caja de Recluta de Santander, donde recibe la orden de incorporarse, sale el día 12 para Pamplona, destinado al Regimiento de América número 23. El mismo mes de abril me enviaba José Luis desde el cuartel unas décimas, algunas de las cuales incluyó después en un grupo de composiciones agrupadas bajo el título de 10 poemas junto al mar, que nos dedicó a Manuel Concha y a mí. En la última hoja de este manuscrito que conservo, figura una relación de ‘obras del autor’, a la que ya me he referido anteriormente; se consideran ‘obras’ las colecciones de poemas reunidos bajo un determinado título, aunque nunca llegaran a publicarse como tales. En esta reseña enumera Hidalgo: Poesías, 1936. Las luces asesinadas y otros poemas, 1936. Mensaje hasta el aire, 1938. Ciudad, 1938. Todas ellas, con 10 poemas junto al mar y El caballo de humo (serie esta última que intentó entre 1938 y 1939 y de la que sólo conozco tres poemas), constituyen la base de la selección para el libro Raíz, publicado en 1944”.

Las pesquisas quedaban en principio finalizadas tras la lectura de estos párrafos de Cantalapiedra. Los 10 poemas junto al mar de Hidalgo era una colección de versos como tal inédita y que, junto a otras selecciones de poemas de diversas colecciones semejantes elaboradas en fechas parecidas, acabaron formando parte del primer libro hidalguiano, Raíz (1944). El posible misterio quedaba así aclarado, y la ausencia de 10 poemas junto al mar entre las colecciones de poemas no recogidos en libro que figuran en las ediciones de las poesías completas firmadas por Ifach y por el CEM, tendría que deberse, y es sólo un suponer, a que los diez poemas mencionados, al quedar incorporados a Raíz, dejaron de tener sentido propio fuera de dicho libro. En consecuencia, en mi edición de las Poesías Completas de Hidalgo seguí los precedentes y tampoco se señala la colección de poemas juveniles que Cantalapiedra aseguraba conservar en su poder en 1975.

José Luis Hidalgo

José Luis Hidalgo
 
Ahí quedó la cuestión cerrada hasta que hace unas semanas recibí una llamada de la dirección de la Fundación Gerardo Diego, diciéndome que en la inmediata reunión que íbamos a mantener por distintas cuestiones de trabajo, iban a mostrarme un documento para examinarlo. A los pocos días de la llamada tuvo lugar la reunión, y a su término, en efecto, me mostraron unos pocos folios mecanografiados que, al parecer, habían aparecido entre las páginas de un libro de la biblioteca de Gerardo cuando la bibliotecaria lo catalogaba. Posé la mirada curiosa en las letras del primer folio que se me mostraba y leí: “Diez poemas junto al mar, por José Luis Hidalgo”.

Tomé los folios en mis manos y los examine con atención. En concreto eran sólo 16 hojas que incluían, primero la portada de la obra con su título y el nombre del autor; después un folio en el que además de otras referencias repetidas a lo largo del documento, y el nombre del autor completo (añadiendo su segundo apellido, Iglesias), figuraban los dedicatarios del libro, Manolo Concha y Manolo G. Cantalapiedra; luego aparecía el soneto “Umbral” de José Hierro y detrás los diez poemas de Hidalgo; más adelante había un índice con los títulos de los poemas en orden de aparición y unas líneas que fechaban los poemas y el total del libro (11-3-1939); y por último una hoja en blanco colocada al final de todo a modo de cierre. 

Dado el lugar en el que se habían hallado los folios, en principio pensé que podría tratarse del libro escrito e ilustrado a medias entre Hidalgo y José Hierro que ambos ofrecieron a Gerardo al poco de conocerse y del que éste habló con posterioridad en un muy citado artículo de periódico. Pero lo descarté tras un momento de reflexión. El hallazgo que tenía en mis manos no estaba ilustrado, no era una colección pareja de poemas firmada por Hidalgo y Hierro, poseía un título ya referenciado y comentado por algunos autores y, además, en su escrito Gerardo dejaba claro que por timidez había devuelto el regalo de los dos poetas a sus autores. No, esto era otra cosa; esto tenía que ser una copia similar, si no idéntica, a la del manuscrito que Cantalapiedra menciona en su trabajo biográfico sobre el poeta y decía entonces conservar entre sus papeles personales.

La curiosidad y la sorpresa del momento pronto se trasformaron en afán detectivesco cuando la dirección de la Fundación me comentó la intención de editar en forma de facsímil la colección encontrada, y me propuso escribir unas cuartillas sobre la misma tras “peritar” el carácter inédito de los poemas resucitados.

Tras dejar pasar unos días en los que consulté numerosa bibliografía sobre Hidalgo en busca de pistas y sugerencias, me encerré en la sede de la Fundación con las distintas ediciones de sus poesías completas y el nuevo original, con la intención de estudiar con detenimiento su contenido, establecer si los poemas eran inéditos o no, y procurar llegar a algunas conclusiones. El resultado del trabajo es, de forma somera y en sus rasgos fundamentales, el que sigue a continuación:

El soneto “Umbral” de José Hierro que de alguna manera viene a “prologar” el libro, presenta las mismas palabras y en el mismo orden que la versión definitiva publicada en 1999, supongo que revisada por el autor. Las diferencias existentes entre las dos versiones afectan sólo a la puntuación (fundamentalmente comas) y expresión gráfica, salvo en la palabra “pule”, que en la versión final de 1999 está en plural, “pulen”. En la versión que aquí presentamos hay frases y versos entrecomillados (“del mar”, “del litoral”, “de las aguas que saben su camino”...), y en el terceto final, tras la palabra “destino”, el poeta coloca dos puntos, no uno como en la de 1999, comenzando así el verso final, “la mar los trajo....”, en minúscula. Otra anecdótica diferencia es que en esta primera versión el poeta emplea el número 10 en su escritura, en vez de usar la palabra diez, como más tarde hizo.

El estudio de los diez poemas de Hidalgo arroja estos comentarios casi a vuela pluma y siguiendo el orden de aparición de los poemas:

“Playa” es la sección 2 del poema  “Cantábrico” publicado en la parte 5, “Sonetos y Décimas”, del libro Raíz (1944). Las dos versiones sólo difieren en algún signo de puntuación (comas y unos puntos suspensivos). “Mar” es la sección 4 de “Cantábrico”. En la versión de las Poesías completas el poema sufre algunos cambios significativos a partir del verso 7, quedando así: “Litoral recoge y briza,/ y aguas verdes, verdes ondas/ sus cansancios que acongojan,/ crecen fantásticas frondas/ que en cristales se deshojan. “Camino de agua” es el poema que sin cambio alguno, pero titulado “Arroyo”, forma parte de Poemas varios (1935-1944) en las Poesías Completas. Cantalapiedra lo publicó en 1975 con el primer título. “Tormenta”. Con el mismo título hay otro poema completamente distinto perteneciente al libro Las luces asesinadas y otros poemas (1936). Este poema aparece como sección 1 del poema “Cantábrico” sin ningún cambio. “Campo” es la sección 3 del poema “Cantábrico”. No hay cambios importantes, sólo la palabra final del cuarto verso “aquieta”, cambia en la versión última por “inquieta”. “Olvidado del mar”, sin modificación alguna, es el poema “Palencia” de la parte 5 ya mencionada de Raíz. “Ventana” es la sección 5 del poema “Cantábrico”, y la única diferencia entre las dos versiones aparece en el verso 7, en el que la palabra “dos” desaparece en la versión posterior. “Mar entre casas” es el poema que abre la parte 4 del libro Raíz, en el que aparece dedicado a uno de los poetas cántabros del mar, el comillano Jesús Cancio. Los puntos suspensivos que dejan abierto el poema no están en la versión definitiva. “Acaso Cabo Mayor”, al igual que “Camino de agua”, está publicado dentro del libro Poemas varios (1935-1944), y presenta sólo cambios de puntuación con respecto a la versión final y la sustitución de algunas minúsculas por mayúsculas. Este poema también lo editó Cantalapiedra en su biografía hidalguiana, y en 1962 lo publicó la revista ovetense Archivum. “Sardinero”, sin otras modificaciones sustanciales que la eliminación de la dedicatoria a Pepe (¿Hierro?) y Jaime (¿Villegas?), está publicado en la parte 4 de Raíz, donde aparece con un subtítulo entre paréntesis (Santander), y esta vez dedicado a Luis Corona, amigo íntimo del poeta al menos desde 1937.

En otras palabras, ninguno de los diez poemas integrados en Diez poemas junto al mar permaneció inédito hasta la fecha. La mayoría de ellos, ocho, pasaron a formar parte de Raíz en 1944, seis cambiando de título. Y de esos seis, cinco conformaron las cinco partes de un único poema, “Cantábrico”. Los dos restantes, “Mar entre casas” y “Acaso Cabo Mayor” vieron la luz en las distintas ediciones de Poesías Completas integrados en otra colección de poemas: Poemas varios, 1935-1944.

Diez poemas junto al mar, por tanto, debe contemplarse como uno más de los varios libros de temática y estilo diverso que entre 1935 y 1944, es decir, entre los 16 y los 25 años de edad, Hidalgo fue construyendo a manera de tanteo, de ejercicio, de probatura, hasta lograr ofrecer a la imprenta un primer libro, Raíz, selección y reescritura de muchos de esos poemas ya escritos, cuyo resultado final hoy bien sabemos tampoco satisfizo del todo al autor.

Dicho lo dicho, a estas alturas quizá lo único que queda por aclarar en lo relativo al hallazgo es qué hacía entre los libros de Gerardo y a quien estaba dedicado, quiénes eran Manolo Concha y Manolo G. Cantalapiedra. Empecemos por esto último. Manuel Concha fue un amigo del poeta de los tiempos juveniles de Santander y Torrelavega. De profesión maestro nacional, Cantalapiedra recuerda que Concha murió también muy joven, y que a él dedicó Hidalgo una parte de Raíz.

Más dudas ofrece el dedicatario Manolo G. Cantalapiedra. En un principio la lógica me llevó a pensar que debía tratarse de un hermano de Aurelio, pero me chocaba mucho que el propio Aurelio hubiese escrito sobre este libro inédito como dedicado a él y a Manolo Concha. A salir del pequeño entuerto me ayudó (una vez más) Luis Alberto Salcines, torrelaveguense militante y buen conocedor de los intríngulis de la ciudad natal del poeta y de Cantalapiedra. Salcines, tras una pequeña investigación personal, me confirmó que ningún hermano de Aurelio se llamó Manuel, que es el propio Aurelio quien tiene por primer nombre Manuel, y que en la época en la que nos movemos los íntimos llamaban Manolo a Aurelio. Por tanto, misterio resuelto.
 
¿Qué hacía este ejemplar con diez poemas de Hidalgo de temática marina en la biblioteca de Gerardo Diego? Creo que cualquiera podría contestar a la pregunta. El jovencísimo poeta primerizo e inédito que confecciona libros de versos mecanografiándolos, hace varias copias de uno de ellos y las hace llegar a amigos y a algún poeta mayor para conocer su opinión al respecto. En el Santander de finales de los años 1930 el poeta mayor por excelencia, el faro y posible guía de quienes escribían versos en la provincia no podía ser otro que Gerardo Diego. Por el mismo Diego sabemos, ya hemos hecho mención a ello, que Hidalgo y Hierro le habían entregado más muestras de su producción en mano con anterioridad, y que la relación entre ellos, si no estrecha dadas las obvias diferencias existentes, sí era fluida y constante.

Ha querido la casualidad que en el año en el que se cumplían los 60 de la muerte del poeta y de la publicación de su mejor libro, Los muertos, el 2007, hayan “resucitado” de entre el legado de Gerardo estos diez poemas junto al mar que, con pleno acierto pone ahora la Fundación Gerardo Diego en edición facsímil en manos de los lectores (Santander, 2007). Sin duda no son versos extraordinarios, pero sí son un ejemplo magnífico de cómo trabajaba un jovencísimo poeta en una España en plena contienda civil. Hidalgo terminó de escribir este libro de poemas junto al mar el 11 de marzo de 1939, apenas unos días antes de que terminase la guerra. No muchos años después, en 1947, al poeta le ganó la muerte antes de que viese su gran libro inspirado por los muertos de aquella guerra civil. Sirva esta edición de Diez poemas junto al mar como necesario homenaje al poeta y a su poesía seis décadas después de su adiós.


NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente.


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