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jueves, 24 de mayo de 2007
Winston S. Churchill: “La guerra de los bóers” (Turner, 2006)
Autor: ojosdepapel - Lecturas[10719] Comentarios[0]
Los primeros disparos de la guerra de los bóers sonaron en Suráfrica el 12 de octubre de 1899. Ese mismo día un joven Winston Churchill, como corresponsal de guerra para el Morning Post, zarpó rumbo a Ciudad del Cabo.

www.ojosdepapel.com

Título: La guerra de los bóers
Autor: Winston S. Churchill
Traducción: Mariano Antolín Rato
Editorial: Turner
Lugar y fecha: Madrid, 2006
Páginas: 480
Precio: 29 €

Los primeros disparos de la guerra de los bóers sonaron en Suráfrica el 12 de octubre de 1899. Ese mismo día un jovencísimo Winston Churchill, acreditado como corresponsal de guerra para el Morning Post, zarpó de Southampton rumbo a Ciudad del Cabo.

Este libro recoge las crónicas de guerra que Churchill envió durante los ocho meses siguientes y que más tarde se imprimieron en Inglaterra en dos volúmenes titulados respectivamente De Londres a Ladysmith via Pretoria y La marcha de Ian Hamilton.

Winston S. Churchill fue primer ministro de Gran Bretaña entre 1940 y 1945, y 1951 y 1955. Escribió más de 40 libros y ganó el Nobel de Literatura en 1953.

De la entretenidísima reseña de Luis Conde-Salazar Infiesta, publicada en el ABCD las Artes y las Letras (5-5-2007) bajo el título Despachos de un corresponsal, hemos escogido los siguientes párrafos:

En 1899 Winston Churchill (1874-1965), con apenas 25 años, se embarcaba en el Dunottar Castle rumbo a Ciudad del Cabo.

(...)

El inquieto Churchill había abandonado meses antes el cargo de oficial del Ejército después de haber participado en diversas campañas, entre ellas la de Sudán, tras la cual publicó The river man con cierto éxito. Pero sus miras, además de en la literatura, estaban puestas en la política. Después de fracasar en su primer asalto a la vida pública como candidato conservador al Parlamento por la ciudad obrera de Oldham fue contratado por el periódico Morning Post para cubrir el conflicto surafricano como corresponsal bélico.

El fruto de su trabajo como reportero entre noviembre de 1899 y julio de 1900 se publicaría en De Londres a Ladysmith vía Pretoria y La marcha de Ian Hamilton (...), ambos con una buena aceptación por parte de los lectores. No es de extrañar, puesto que el joven Churchill se había labrado ya una cierta reputación como escritor. Además, poseía amplios conocimientos de la historia y el arte de la guerra, así como nociones de estrategia militar. Pero fue un acontecimiento, no exento de controversia, lo que le catapultó a la fama: Cuando Churchill llega a Suráfrica, Pretoria está en manos de las tropas bóers y la ciudad de Ladysmith, en la provincia de Natal, sitiada. En su deseo de entrar al trapo cuanto antes, se dirige en un tren blindado de Eastcourt a Chieveley, pero el convoy es atacado por los afrikáners. Churchill, inesperadamente, toma el mando de las operaciones de defensa, pero es hecho prisionero, enviado a Pretoria y tratado como oficial de combate, al haber participado activamente en aquella lucha. Durante un mes urde un plan de huida no sin dejar escrito un magnífico relato del cautiverio. Por fin, Churchill se da a la fuga dejando atrás a su compañero, el teniente Aylmer Haldane en lo que parece más una negativa de éste que un acto de mala fe de aquél. El caso es que tras nueve días de acoso, noticias contradictorias y recompensas por su captura, y después de recorrer 500 kilómetros, el corresponsal soldado llega a la colonia portuguesa de Lourenço Marques, donde es recibido como un héroe. La noticia de su hazaña corre como la pólvora. Churchill es, ahora, un tipo popular.

De vuelta al frente y con la libertad de acción que otorgan los actos heroicos, este hombre, destinado a escribir páginas fundamentales de la historia del siglo XX, se convertía, según sus propias palabras, en «el estratega aficionado más malévolo que pueda encontrarse en esta época», utilizando como arma un sarcasmo muy british contra la inoperancia de algunos altos cargos del Ejército británico...

(...)

En 1901 y ya de regreso a Inglaterra, Churchill comenzaba su carrera política como diputado parlamentario tras ganar las elecciones en Oldham y cruzaba, arrogante, el pasillo de la cámara.


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NOTA: Este blog es una suerte de Escaparate dedicado a los libros y revistas, pero no a la crítica, sino a dar noticia de ellos a través de la información que proporcionan las editoriales, la prensa y las revistas y suplementos culturales.


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