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lunes, 13 de junio de 2011
Colores en Haikus sin estación (Ediciones Carena), por Lucille Mantelin
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[6057] Comentarios[0]
Se suele decir que el poeta es un intermediario entre el mundo y los hombres. Su sensibilidad le permite comprender lo que es incomprensible para el común de los mortales. Tiene el poder de ver las cosas como son de verdad mientras que los demás las ven sólo en superficie. El papel del poeta consiste entonces en transmitir sus conocimientos con los que no puede alcanzarlos. Es esta tarea, Juan Antonio González Fuentes añade una dificultad más: acercarse de la esencia




Juan Antonio González Fuentes

El pasado curso, un grupo de alumnos del catedrático de Literatura Española de la Universidad de Lyon, Philippe Merlo Morat, en un Seminario de Master 2 trabajaron sobre mi libro Haikus sin estación. Varios escribieron un trabajo tras la lectura de los haikus (Beatriz Rubio, Marine Granger, Sébastien Serrano,..), y aquí quiero compartir con todos el que redactó Lucille Mantelin, a quien le agradezco mucho el acertado análisis y el permiso para hacer público su trabajo:

“Se suele decir que el poeta es un intermediario entre el mundo y los hombres. Su sensibilidad le permite comprender lo que es incomprensible para el común de los mortales. Tiene el poder de ver las cosas como son de verdad mientras que los demás las ven sólo en superficie. El papel del poeta consiste entonces en transmitir sus conocimientos con los que no puede alcanzarlos. Es esta tarea, Juan Antonio González Fuentes añade una dificultad más: acercarse de la esencia.

En La luz todavía y La lengua ciega, dos de sus poemarios anteriores, ya estaba presente esta búsqueda de la verdad, del instante preciso durante el cual vemos un trozo de esencia. Para describir esta esencia, el poeta debe encontrar la palabra justa, la imagen mental adecuada. En cuanto a la forma, eligió el haiku que concentra todo su poder de sugestión en tres versos.

Fabricar imágenes con sólo tres breves versos es un ejercicio complejo. En esta poesía cada palabra es esencial y cargada de sentidos, sensaciones y emociones. Una de las herramientas del poeta es solicitar los sentidos del lector. A lo largo de este trabajo de análisis, trataremos de entender cómo están empleados los colores.

Entrada en materia

Cuando hablamos de colores es obvio que hablamos también de los valores blanco y negro, y sobre todo de la luz. Ya el primer haiku nos da la tonalidad con un claroscuro:

1
Allá de mi voz,
Vencejo y nube blanca
Bajo su sombra

Efectivamente la luz contiene todos los colores del arcoíris, y el valor blanco es la suma de todos los colores. Además sin la luz no podemos ver los colores y estamos en un mundo matizado de gris. Para apoyar esta idea citaremos el Traité des couleurs (1) de Goethe:

En général, les humains éprouvent un grand bonheur à voir la couleur. L’œil a besoin d’elle, comme il a besoin de la lumière. Qu’on se rappelle ici le réconfort ressenti lorsque, par un jour gris, le soleil vient à brille en un point du paysage et y rend les couleurs visibles. On a attribué aux pierres précieuses colorées des effets thérapeutiques-peut être en raison de ce sentiment profond d’indicible bien-être.

El tono gris del que nos habla Goethe está presente en la poesía de Juan Antonio González Fuentes por los términos “sombra”, “oscura”, “niebla” y “gris”. Pero los colores, puestos de relieve por los relámpagos de la luz, emergen delante del lector como pinceladas escasas. Cada uno de los colores aparece como precioso. A menudo están implícitos y salen en la imagen mental que se hace el lector con el haiku. Sin embargo unos colores están citados textualmente. Es el caso del rosa en el haiku 29:

29
¿No es la música,
-trazo leve de espada-
Rosa y espina?

La flor es naturalmente asociada al color que lleva su nombre. Aquí si la espina remite a la espada, suponemos que la rosa remite a la música. El rosa puede sugerir los labios si lo asociamos al haiku siguiente que parece ser una metáfora de la boca que está hablando:

30
Entre los labios
El ala del pájaro
Dibuja un orden

La lengua puede estar evocada en el secundo verso, más ligera respecto al “trazo leve de espada” del secundo verso del haiku 29. El “trazo” se ha convertido en “dibujo” y la “espina” en “orden”. Es decir que la rosa y por asimilación, el rosa, para el poeta es un epicentro de sensaciones. El oído es concernido por la música, el tacto por la “espina”, la vista claramente con el color y casi el gusto con el espacio “entre los labios”.

El secundo color citado es el azul. Ya muy citado en La lengua ciega donde es el color principal, vuelve en Haikus sin estación pero solamente citado dos veces. Lo encontramos en los haikus 36 y 38. Para no romper con la progresión citaremos el 37 también:

36
Cobijo el aire
Bajo el peso azul del mar:
Ojo de cristal

37
Está la lluvia
Tras el rumor de marzo:
Llora la tarde

38
Cráter de azules,
Geometrías de barca:
Un vaso de agua

Se destaca evidentemente que el elemento principal de este “tríptico” es el agua. Entonces el azul está asociado con el elemento acuático. De manera general el azul connota en primer lugar, el cielo como lo prueba la definición de la REA más en adelante, y por extensión la ligereza.

Al contrario en el haiku 36 este color es pesado. El color remite entonces a la materia pesada, es algo que se puede tocar. Al contrario de la Entrada en materia de José Ángel Valente que estudia el tema del vacío, aquí el espacio está lleno de agua y de ruido (rumor). Además estamos en presencia de elementos muy concretos como el “vaso” que contiene el líquido.
azul.

(Quizá alterac. del ár. hisp. lazawárd, este del ár. lāzaward, este del persa laǧvard o lažvard, y este del sánscr. rājāvarta, rizo del rey).
1. adj. Del color del cielo sin nubes. Es el quinto color del espectro solar. U. t. c. s.
2. m. El cielo, el espacio. U. m. en leng. poét.
3. m. Méx. Miembro del cuerpo de Policía (2).

El último ejemplo de color citado en el poemario es el caso del rojo. Citado una sola vez, en el haiku 69, tenemos la impresión de ver un color muy denso gracias a la evolución del verbo “virar” al de “arder”, y el hecho de pasar del “rojo” hacia los “colores”:

69
Reino del frío:
Vira la rama al rojo,
Arde en colores

El color evocado, estampa japonesa

Los cromáticos en el poemario no sólo relucen a través de los nombres de los colores sino vienen a la mente por la imagen mental. A menudo el poeta se sirve de la naturaleza para despertar una imagen colorada en el lector. En este punto el haiku es una forma de poesía muy bien adaptada ya que en su origen japonés debía connotar una de las cuatro estaciones.

Para ejemplificar esta relación entre naturaleza y color citaremos el haiku 11 que dibuja un paisaje japonés. En efecto podemos imaginar el volcán sagrado Fujiama, los campos de té, y los crisantemos imperiales de color amarillo.

11
Piadosa lava
Entre campos de vuelo:
té y crisantemos

Aquí la lava trae una mezcla de color entre la tierra quemada muy oscura casi negra y el fuego naranja o rojo. El verde está añadido por los árboles de té y con los crisantemos tenemos una paleta amplia de colores.

El haiku 57 nos expone un paisaje con colores calientes. La luz del día tamizada, los rayos del sol rojo se reflejan sobre la nieve tiñéndola con un color escarlata. Si el sol poniente está apagándose sobre el país del origen del sol, el color rojo puede remitir al “momiji”, arce japonés, famoso por su hoja color sangre en otoño.

57
El sol poniente
En astilla de otoño:
Sangre de niebla

En este haiku el color es dado esencialmente por la luz, o sea la luz del fin del día. Todas las luces no son iguales y no ponen de realce los mismos cromáticos. Según la hora del día, la luz y con ella el paisaje cambian. Por eso también el hecho de captar el instante en el instante para acceder a la esencia es aún más difícil. La variación en la luz es muy perceptible en el haiku 12. Estamos en presencia de un crescendo luminoso, la luz se intensifica.

12
Oscura senda,
De pronto llama blanca,
Luz que se tensa



Juan Antonio González Fuentes: Haikus sin estación (Ediciones Carena, 2010)

El Haiku como fuente de cultura japonesa

Ciertos poemas en su estética y en su composición connotan el arte floral japonés, el Ikebana.

L’Ikebana également connu sous le nom de kadō, la Voie des fleurs ou l'art de faire vivre les fleurs est un art traditionnel japonais basé sur la composition florale.

Au contraire de la forme décorative des arrangements floraux dans les pays occidentaux, l’arrangement floral japonais crée une harmonie de construction linéaire, de rythme et de couleurs. Alors que les Occidentaux tentent d'accentuer la quantité et les couleurs des fleurs, portant leur attention essentiellement sur la beauté de la fleur, les Japonais accentuent l'aspect linéaire de l’arrangement. Ils ont développé un art qui valorise aussi bien le vase, les tiges, les feuilles et les branches que la fleur elle-même. La structure complète de l'arrangement floral japonais est axée sur trois points principaux symbolisant le
ciel, la terre et l’humanité à travers les trois piliers, asymétrie, espace et profondeur (3).

Con esta definición, podemos dar una mirada más avisada cuando se trata de vegetales y flores en el poemario. Dos haikus nos llaman la atención.

26
Taxidermista:
Se afana el tiempo solo
En secar una flor

28
Luz que celebra
Eros en lo pequeño,
Pétalo en rama

Leemos de nuevo estos poemas aplicándoles los principios del Ikebana. Así notamos que la flor seca representa el pasado tanto en el arte floral japonés como en el poema mismo.

En el 28 cada verso puede aludir a cada parte de la flor. Es decir, el verbo “celebrar” en el primer verso, verso más alto, simboliza la flor lozana. Es el símbolo del presente. El “pequeño” sería el yema en medio del poema y en medio de la flor, lo que representa el futuro en el arte Ikebana. En la tercera parte o la de abajo está el pétalo que trae el color, y la rama que simboliza el cielo. La armonía viene del lugar donde se coloca los diferentes elementos florales, y también de su simbólica.

El objetivo de la composición floral tanto como el de los haikus es provocar emociones. Para lograrlo debe mantener en vilo los sentidos y lo hace con correspondencias que provocan sensaciones.

En cuanto a la cultura japonesa será interesante decir algo sobre la cubierta del poemario. Lo primero que subrayar, es que contrariamente a la cubierta de La luz todavía y La lengua ciega, la de Haikus sin estación cuenta con la participación de Juan Antonio González Fuentes. En un secundo tiempo, es relevante notar que está en color, lo que nos interesa en este trabajo.

Sobre el fondo empapelado de color gris, el título del poemario aparece en rojo, el nombre del autor en verde y los kanji (4) en marón. Además una rama de cerezo del mismo marrón esta ornado de flores y yemas rosas. El vegetal connota el ikebana, y sobre todo la estación de floración del “sakura” (cerezo japonés). El sakura simboliza en el Japón, la hermosura efímera. Así de nuevo el tema del instante breve es evocado.

Otro árbol citado por Juan Antonio González Fuente, es el sauce. En el tercer verso del haiku 49 el poeta juega con las palabras porque es implícito que se trata de un sauce llorón:

49
Alguien va y viene
Acabándose en la luz.
Se llora el sauce

El poeta japonés Riôta escribió un haiku en ciertos puntos similares a este. Hablando de este mismo haiku de Riôta, Eliane Bricard-Nagy dice que “il met en lumière l’aspect réparateur de l’intimité avec la nature” (5). En efecto, el yo poético, furioso y ofendido, encuentra en el tercer verso, con la visión del sauce, un sosegó:

Je rentrais
Furieux, offensé :
Le saule dans le jardin (6)

Colores en correspondencia

No podemos hablar de correspondencias sin hablar de Baudelaire y de su famoso poema, “IV correspondances” sacado de Les fleurs du mal donde nos explica que “Les parfums, les couleurs et les sons se répondent” (7). En la poesía del poeta francés encontramos un animal, que encontramos en la del poeta español, el cisne. “J'unis un cœur de neige à la blancheur des cygnes” dice Baudelaire en su poema “La beauté” (8). El animal es considerado entonces como un animal hermoso por sus plumas blancas pero que tiene un corazón de hielo. El hielo, justamente es asociado al cisne en el haiku 10, donde también aparecen la ligereza y la brevedad:

10
Silueta de aire,
Nácar alado y breve,
Hielo de cisne

La segunda vez que aparece el cisne en Haikus sin estación es en el poema 42. Aquí el elemento aéreo se convierte en peligro con la tempestad, y la blancura del cisne se vuelve luminosa. No pierde su elegancia ya que mezcla la ligereza del “vuelo” con un “acorde” musical:

42
Con la tempestad
Deviene en sol el cisne,
Acorde en vuelo

Entonces el mismo animal, puede connotar el hielo o el sol en la poesía de Juan Antonio González Fuentes, lo que pone de relieve su reflexión lógica en torno a la paradoja.

Al leer el poemario destacamos que a veces los colores van acompañado de otra, formando una pareja. A continuación daremos el ejemplo del blanco de la nieve y del color rojo. Esta pareja, vuelve tres veces, en los haikus siguientes:

20
Nieve reciente
Para dormir el fuego:
Árbol e invierno

57
El sol poniente
En astilla de otoño:
Sangre de niebla

60
Sangre invernal
Y perfil de lo escrito.
Autorretrato

Esta visión del blanco y del rojo, puede remitir al espectáculo de la sangre sobre la nieve que forma parte de los temas principales de Perceval (9) o de Un roi sans divertissemen (10). El contraste cromático y la intensidad que resulta de esta asociación fascinan los personajes principales de las dos novelas. Imaginamos que si el poeta español eligió juntar el blanco y el rojo, es también porque atiza emociones en él.

Conclusión

Los colores están presentes sobre todo de forma implícita y sugerida. Pintan trozos de paisajes, de imágenes mentales, con pinceladas efímeras. El lector capta los colores de manera breve y gracias a relámpagos que proyecta la luz de la verdad. El ojo debe intentar penetrar en la grieta. Entonces, estamos colocados frente a una pared a primera vista hermética, lo que recuerda la “serie de muros”, lienzos del pintor Antoni Tàpies. Una vez las claves del poemario en las manos, abrimos una pequeña ventana sobre trozos de la esencia, y nos damos cuenta de que:

La luz y también los colores explotan por todos los haikus de González Fuentes. Leer, decir, oír los haikus de este poeta es como pasearse por cuadros de grandes pintores. Cada uno de los haikus es un cuadro en sí, un lienzo que se explaya ante nuestros ojos admirativos de tantas imágenes sugeridas con tan pocas palabras” (11).


NOTAS:

(1)Jacques LE RIDER. Les couleurs et les mots. Paris: PUF, 1999. P. 169
(2)
http://buscon.rae.es. (consulta el 9/01/11)
(3)
http://fr.wikipedia.org/wiki/Ikebana (consulta el 4/01/11)
(4) haiku : haiku, tercet de 17 syllabes. Disponible en :
http://kanji.free.fr/lexicon.php (consulta: 12/01/11)
(5) Eliane BRICARD-NAGY. Des mots pour dire le vert. Paris : L’Harmattan, 2001. P. 54
(6) Ibídem
(7)
http://litteratura.com/les_fleurs_du_mal.php?rub=oeuvre&srub=pov&id=15 (consulta: 4/01/11)
(8)
http://litteratura.com/les_fleurs_du_mal.php?rub=oeuvre&srub=pov&id=28 (consulta: 4/01/11)
(9)Perceval ou la quête du graal. Obra medieval de Chétien de Troyes escribida en los años 1180.
(10) Un roi sans divertissement. Es una obra famosa del escritor Jean Giono publicada en 1946.
(11)Philippe MERLO MORAT.
http://www.edicionescarena.org/cont/267 (consulta: 9/01/11)  

***


Últimas colaboraciones de Juan Antonio González Fuentes (Junio 2011) en la revista electrónica Ojos de Papel:

LIBRO: Sinclair Lewis: Doctor Arrowsmith (Nórdica, 2011)

LIBRO (mayo 2011): Sándor Márai: La gaviota (Salamandra, 2011)

LIBRO (abril 2011: James Ellroy: A la caza de la mujer (Mondadori, 2011)

LIBRO (marzo 2011): Charles Portis: Valor de ley (DeBolsillo, 2011)

LIBRO (febrero 2011)
: Luis García Jambrina: El manuscrito de nieve (Alfagurara, 2010)

LIBRO (enero 2011): Nicholson Baker: El antólogo (Duomo Ediciones, 2010)

LIBRO (diciembre 2010): William Kennedy: Roscoe, negocios de amor y guerra (Libros del Asteroide, 2010)

LIBRO (noviembre 2010): Joyce Carol Oates: Bestias (Papel de Liar, 2010)

LIBRO (octubre 2010): Kazuo Ishiguro: Nocturnos (Anagrama, 2010)

LIBRO (septiembre 2010): Andrés Trapiello: Las armas y la letras. Literatura y guerra civil (1936-1939) (Destino, 2010)

LIBRO (julio 2010): Oriol Regàs: Los años divinos (Destino, 2010)

LIBRO (junio 2010): Peter Sloterdijk: Ira y tiempo. Ensayo psicopolítico (Siruela, 2010)

LIBRO (mayo 2010): Irène Némirovsky: El caso Kurílov (Salamandra, 2010)

LIBRO (abril 2010): Elizabeth Smart: En Grand Central Station me senté y lloré (Periférica, 2009)

CINE (abril 2010): Kathryn Bigelow: En tierra hostil (2008)

LIBRO (marzo 2010): Patrick McGilligan: Biografía de Clint Easwood (Lumen, 2010)

CINE (marzo 2010): Martin Scorsese: Shutter Island (2009)

LIBRO (febrero 2010): Oliver Matuschek: Las tres vidas de Stefan Zweig (Papel de Liar, 2009)

LIBRO (enero 2010): Alex Ross: El ruido eterno. Escuchar al siglo XX a través de su música (Seix Barral, 2009)

CINE (enero 2010): James Cameron: Avatar (2009)


NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, creación, historia, artes, música y libros) como cronológicamente.


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