Juan Antonio González Fuentes
El último día de 1920, sí, el de la Noche Vieja, el jovencísimo poeta ultraísta José de Ciria y Escalante, al que Lorca dedicó a su muerte el soneto al Giocondo, publicada en el periódico santanderino La Atalaya un artículo sobre Pancho Cossío, un pintor entonces casi desconocido que estaba llamado a ser uno de los grandes pintores españoles de su tiempo. Este es el visionario texto.
UN PINTOR MONTAÑÉS: FRANCISCO GUTIÉRREZ-COSSÍO
Dentro de poco tiempo y en el salón de exposiciones del nuevo Ateneo, podrá el público santanderino contemplar las obras del joven pintor montañés Francisco Gutiérrez-Cossío.
Pocas son las personas que conocen los cuadros de este inquieto artista —el que a nosotros más nos interesa entre los actuales pintores montañeses- y seguramente que la exposición de sus óleos y dibujos dará lugar a numerosos y muy encontrados comentarios.
Ese deseo tan perjudicial y tan frecuente entre los jóvenes de querer darse a conocer, cuando aún no ha llegado la época en que comienza a madurar la obra; ese afán tan humano y de tan lamentables resultados, nunca ha sido sentido por Cossío. Otros en sus condiciones, probablemente, no habrán podido resistir la tentación de exponer, no ya hoy, que la personalidad de Cossío está firmemente acusada, sino hace algunos años, cuando el pintor comenzaba a salvar con dificultoso paso algunos problemas que él mismo planteaba y que en sus últimas obras están firmemente resueltos.
La mayor parte de los jóvenes que tienen vocación por la pintura, así que han terminado de dar lección con tal o cual maestro, y al cabo de visitar dos días el Museo del Prado, se creen unos genios. No se preocupan de lo que en pintura se ha producido hasta ellos, y así resulta que como desconocen lo anterior, y hasta lo de sus mismos días, hay veces las más, que acaban de pintar una obra que ellos creen modernísima, y en resumen lo que han hecho ha sido descubrir el Mediterráneo. Cossío comenzó sus estudios con Cecilio Pla, y la influencia -funesta en todo caso y con doble motivo en éste- del maestro se percibe claramente en sus primeras obras. ¡Qué lejos la paleta fresca y jugosa del Cossío de ahora, de aquella otra sucia y turbia de sus primeros cuadros!
Si por entonces Cossío hubiese celebrado alguna exposición, a buen seguro que sus cuadros se hubiesen vendido como agua, valga, la frase, y que los encargos hubieran llovido en su estudio. El público todavía prefiere los cuadros de tono opaco y enfermizo -muy siglo XIX- a los lienzos de colores lozanos y viriles, amables y optimistas, característicos de nuestro tiempo.
La principal preocupación de la pintura actual es el color. Los pintores de nuestro tiempo han relegado a segundo término el valor literario de la pintura, que alcanzó su mayor auge en el siglo XIX, y que fue una de las características de los pintores del romanticismo. La cruzada emprendida por los modernos pintores es todavía combatida por algunos, miopes empedernidos, que quieren desvirtuar y dar a la pintura otros alcances, que está muy lejos de tener. La característica de la pintura es el color, por lo tanto llegar a dar una emoción exclusivamente por la combinación y armonía de los colores, es la preocupación de los artistas modernos, que prefieren caminar por sendas vírgenes, que marchar por caminos trillados y sencillos.
A este grupo de pintores rebeldes, que desdeñan el éxito fácil, pertenece Cossío. Sus últimas obras son un buen ejemplo de ello.
Pancho Cossío: Barcos (1934)
En este momento viene a nuestra memoria el nombre de un montañés ilustre: tal vez porque en estos días ha estado de actualidad, con motivo de la publicación de un libro, y de una próxima invitación que recibirá de la sección de Artes Plásticas del Ateneo, para celebrar una exposición en el nuevo local, o tal vez por el contraste que ofrece su pintura con la del pintor a quien dedicamos esta crónica: nos referimos a Gutiérrez Solana.
Seguramente si en nuestra memoria hubiésemos intentado buscar un nombre, representante entre los modernos artistas, de la pintura literaria, nos hubiésemos referido seguramente a él. Imposible mayor contraste que el que ofrecen los lienzos de Solana y los de Cossío. El público, en no dejan fecha, lo apreciará, pues las exposiciones de ambos pintores se celebrarán con muy pequeño intervalo.
Los juicios serán seguramente muy encontrados y para todos los gustos. Yo lo que sí sé es que no tendría en mi casa cuadros de Solana. En casos como estos, me explico que existan los Museos.
Auguramos a Cossío un porvenir espléndido. En estos momentos, su talento es muy superior a muchos de los pintores que el público tiene consagrados. Creemos firmemente, que no pasado mucho tiempo, Cossío ha de ocupar el puesto que por derecho propio tiene ganado.
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Más de Stieg Larsson:
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NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente.