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Rosana Acquaroni

Rosana Acquaroni

    AUTORA
Rosana Acquaroni Muñoz

    LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO
Madrid (España), 1964

    BREVE CURRICULUM
Doctora en Lingüística Aplicada por la Universidad Complutense de Madrid y licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid. Su área de investigación se centra en la incorporación de la literatura como herramienta didáctica para la enseñanza del español como segunda lengua. Formó parte del grupo Tranxilium, Poesía en Acción, junto a Graciela Baquero y Pilar España. Es también grabadora.

    PREMIOS Y PUBLICACIONES
En 1988 obtiene un accésit del “Premio Adonais” por Del mar bajo los puentes. Un año después, el Ministerio de Cultura le otorga una Ayuda para la Creación Literaria para escribir El Jardín Navegable (1990). Con Cartografía sin mundo (1995) gana el Premio de Poesía Cáceres Patrimonio de la Humanidad. En 2000 publica Lámparas de arena. En 2007 una antología bilingüe, Sombras y paraísos/Schatten und Paradiese (2007). En 2011 Discordia de los dóciles

    ANTOLOGÍAS
Sus poemas aparecen recogidos en diversas antologías entre las que destacan: Ellas tienen la palabra (Madrid, Hiperión, 1997), Poetas en blanco y negro (Madrid, Abada Editores, 2006) y La voz y la escritura (Madrid Sial/Contrapunto, 2006)

    FACEBOOK
https://www.facebook.com/rosana.acquaroni




Creación/Creación
Poética o nombrar la transparencia
Por Rosana Acquaroni, jueves, 01 de agosto de 2013
Tal vez no sea posible justificar la existencia de un libro, sobre todo en estos tiempos en que la máquina editorial produce cientos y cientos de nuevos títulos, incluso de poesía, que pueblan fugazmente las mesas de novedades de las librerías en todo el mundo. Poemas para un siglo incipiente y ya despojado de lirismo.

Y sin embargo, es cierto que cada libro inicia su andadura más allá de su autor y se convierte en necesario a medida que empieza a ser leído. Sólo entonces se res- taura el mágico circular de las palabras, se izan los puentes levadizos de la emoción, y cada libro lleva su cauce de sentido hacia otro libro, armando una cadena que hace libre.

 

Así veo mis libros, partiendo, separándose, como eslabones sueltos de una larga cadena, donde cada poema es un lugar de acopio para otros; materiales sesga- dos, movedizos, que desgranan su luz. Por eso, la primera agresión contra la poesía, el primer boicot al que se ve sometida,  es, precisamente, negarle difusión, ponerle trabas a esa inmensa travesía.

 

Pero antes de que un libro inicie su andadura, hay un camino previo que recorre el poeta en ese lento desencadenarse que es la escritura; un manantial que crece hacia el silencio y se desprende poco a poco de sus ataduras. Hablar de ese camino, es, para mí, como pretender tocar la transparencia.

 

Se suele pensar en la memoria como en el mayor yacimiento para la creación: la poesía emanaría de ese magma profundo, de ese pozo sin alma que es el recuerdo construido únicamente a fuerza de vivir. Pero yo, sin embargo, nunca he sentido la necesidad de recordar, sino la urgencia por decir, por imaginar, por transitar los bordes del enigma.

 

Es, precisamente, el sendero contrario, el del olvido, el que me ha encaminado hacia la escritura. Es necesario acumular mucho olvido para poder escribir algo distinto. Desconocer la exactitud de lo olvidado es, por  tanto,  la primera exigencia para la libertad creadora.

 

No creo en la verdad, sino en la sombra; mis libros no quieren ser órganos de precisión, sino pedazos de olvido ganados al recuerdo, piezas que no se encastran sino fluyen, dejan correr el aire en los resquicios, en las grietas capaces de nombrar la transparencia.

 

Es posible que exista el azar porque existe el olvido. Y al abrir nuevamente la puerta del olvido, recalan mis recuerdos, piezas sueltas, apenas cus- todiadas; Y vuelvo a darme cuenta que no estamos a salvo para poder crear; que sigue siendo necesario desagotar todo el olvido que nos une,  convertirlo en humano; comprender, sobre todo, que la poesía  es más grande que noso- tros; que ella es la que nos dice.

 

 

Rosana Acquaroni

(texto incluido en Sombras y Paraísos/Schatten und Paradiese, Zürich, Teamart Verlag, 2007).

 

ANTOLOGÍA DE POEMAS DE ROSANA ACQUARONI

 

 


ES LA CONCIENCIA INSOMNE


la que arde


como una oscuridad desencajada,


como una claridad


que ha descendido a los infiernos


para que yo desande


esta alambrada vuestra,


                busque mis propios pasos,


descosa los pespuntes de la ira

       
                     me encamine a las trampas.



Cómo he podido

         
                 durante tanto tiempo


permanecer aquí,              tan dividida.



Doy el siguiente paso


emprendo aquel camino

                           
                             que va de la aridez


a la nostalgia.

 

(De Discordia de los dóciles, 2011)



CADA FÓSFORO ENCIENDE


la caverna del mundo


la ceniza que duerme


                              sobre la claridad de la tormenta.



Reverbera en tu rostro la penumbra.



Es


la cara ciega del vivir


-sus fríos aposentos-,


un fugaz espejismo


del frondoso destierro que es la vida.

 

(De Discordia de los dóciles, 2011)
 


HAN DESHOJADO EL PAN DE LA MEMORIA


lo han dejado caer sobre la mesa


-lascas de mar, terracotas de olvido-,


van contando uno a uno los pedazos


-cómo olvidar su fruto-


su hueso tortuoso,


el caracol amargo apenas florecido.



Han querido saciar su última boca


dibujarse en el vientre


                                   un corazón de barro


que empuje su cimiento hacia la noche.


Cómo, cuándo, hacia dónde


                               a quién debo entregarle


todos los días de mi alma,


los almanaques muertos


                                                           la limadura triste


que desprenden los cuerpos de los desconocidos


que no he amado nunca


                                 y sin embargo,



No me perdones


No me perdones nunca.

 
(De Discordia de los dóciles, 2011)

 

NO HAY INSCRIPCIÓN FINAL PARA LA VIDA DE LOS DÓCILES


ni frase lapidaria


pues ellos desconocen


                   la exactitud de lo olvidado.



Girasoles de trapo,


cicatrices en busca de una herida.


Los sueños arenosos


                             de los desposeídos,


de los que nunca eligen.



Lágrimas como labios.


Una flor que vacía


                             te anudará la boca.

(De Discordia de los dóciles, 2011)


TÚ no estarás. Ya no.

En la última tarde tu mirada tenía

un dolor a jardines descuidados,

una luz huidiza y astillada,

un caminar de hombre con mirada de trapo,

y un corazón tartamudo.



Llevabas un temblor de naufragio y una venda en los ojos.

El temblor también es una forma de mirar.

Y tú temblabas mientras tu luz caía.

Crepitar es caer. Pero hacia dentro.



Estaba requiriendo una llamada.

Estabas demorándote

en aquellos días primeros del verano,

contra un presentimiento de invernadero triste,

de sangre requisada.



Perdido en las aduanas del corazón. Supe que te morías por tus ojos.

Esos ojos que eran

con dolor a madera,

                              con sabor a manzanas,

párpados de cobre

como cofres de lluvia

que se abrían con lástima.
 


Ahora todo es ausencia.

Los pájaros que encuentro,

el crujir de la tierra sobre la mansa lluvia,

el llanto de los niños detrás de las palabras.

A veces el pensamiento se ensombrece de pronto

y declina el mundo aún más deprisa

y nos sobreviene una noche destemplada, una herida
                                                                            [negra.



Sé que me buscaste.

En esa larga noche de imperdibles sin rumbo,

en el instante mismo en que tu cuerpo

se astilló para siempre

y tu llama empezaba a ser fractura,

témpano,

camisa desplomándose.



El verano se acaba.

y los recuerdos ruedan

sobre los empedrados negros

                           como regueros de sombra.

Y es cierto que tal vez puedas vivir años y años

sin regresar de una sonrisa



Y tú estás regresando

con el verdor de los arces en la lluvia

sobre la claraboya más blanca de la luz.

Y tu frente ha tomado

la difícil transparencia del brezo o la retama.



Y veo descarriarse de pronto

aquel ovillo de lana triste

que fue toda mi infancia,

aquella habitación de costurera

aquel balcón solaz

que de muy niña

se asomaba al clamor hirviente de las calles,

y ahora lo veo todo

irse desmadejándose encima de tu cuerpo,

detrás

    destrás
 
                  detrás
 

                               y todavía
 
mi pequeño puñal de niña sin palabras,

 

DEPRISA, 
              
              MÁS,
 

 

                      CAER
 
                                  Y SIN EMBARGO,
 
un cuerpo que se rompe,
 

                                   EL CABO FINAL DE LA MADEJA,

 

aquel reloj de arena creciendo
 
                                                    desmesuradamente
 
mientras cae

cada pequeña muerte en granazón,

y todas se reúnen,

y la arena se agranda

hasta cubrir toda la habitación

con un murmullo seco de sombras alejándose.



En este sueño, padre,

puedo verte jugando con mis manos.

Cuando las manos eran cálidas y obradoras.



Lápices de ternura,

que nos llevaban siempre a emborronar los sueños.


(De El jardín navegable, 1990)
 


La llama de leña de cerezo

se propaga deprisa.

TENGO SED.

Arden los retratos,

dóciles cartones de un gris desmarañado.



SED



sobre tu cuerpo débil y quietísimo.


(De El jardín navegable, 1990)
 


Nada.

Las lámparas juntas de un remoto latir.

Un acertijo lejos.

Un despuntar de lienzos preparados,

un luto blanco,

abrasando todas las cantimploras de la vida.



Al despertar

todas las puertas eran de hiel

y hervían las terrazas,

y el aire se hamacaba

sobre las cunas más altas de los árboles,



y el Tatuador de Sombras

había dejado la muerte en tu costado.

En tu costado izquierdo.



Pasto de las márgenes jamás entreveladas.

Rumor de lienzos litorales y cartografías azules.



Parece imposible.


(De El jardín navegable, 1990)
 



PADRE:

HE TEJIDO TEMPRANO LAS REDES PARA PECES

LAS TRAMPAS PARA HOMBRES,

                                                 LAS ARISTAS,

LAS DIADEMAS MÁS HERMOSAS,

EXTRAVIANDO LOS LABIOS EN UN MAR DE PREGUNTAS

CAÍDO UNA VEZ MÁS AL FILO DE LA NOCHE




EN UNA PESADILLA DE PORTERÍAS LÚGUBRES

DE INFANCIAS ARRUMBADAS EN TRISTES CAÑERÍAS

HE LIBADO LOS MUROS MÁS ALTOS DE TU CUERPO

SIN DETENERME APENAS,

APENAS SIN ORARTE



Y UNA BANDADA LENTA DE PELÍCANOS

LLEVABA EN EL REGAZO TIBIO DE SUS FAUCES

TODOS NUESTROS RESTOS.



(De El jardín navegable, 1990)
 

 


 

EL MAR CONTIENE AL MUNDO.
No nos deja olvidar
pues cada ola
es un recordatorio
bramando nuestra
muerte hacia la
orilla.


(De Cartografía sin mundo, 1995)
 



UNA MANO

la misma que en la noche,

anidará en el párpado vacío del suicida

será la que conduzca

                     mi nave hacia el abismo.



No debes olvidarlo:

Un navío es un párpado que crece

y no sabe mirar.

Al embarcar lo sabes.



Mientras navegas

hay siempre un hombre

                            al borde de ti mismo

que extiende incansable su mano

para salvar a dios.



Un dios de cartón arrepentido.


 
                                 Un dios suicida.
 


(De Cartografía sin mundo, 1995)
 



EN ESTA HORA INEXACTA DE LA VIDA

donde cada habitación de la casa

nos lleva a una pregunta,

absurda en esta edad de juventud,

tras la resaca de lo sobrevivido

araño el paraíso

                            y cuento cada nube

para no olvidar nunca

cómo crece la nieve alrededor del miedo,

cómo crece la nieve

                mientras arde la hierba

y se amontona el silencio sobre el mundo.
 

 

(De Cartografía sin mundo, 1995)
 



ME HE QUEDADO PENSANDO

               que de pronto una despedida

puede ser un comienzo.

Y he abierto mis manos

y he pensado besarte cuando ya estés dormido

inaugurar el campanario de los besos

dibujar un pañuelo

                  en la seda del aire

apalabrar la senda

                  de tus ojos cerrados

quebrantar ese sueño

   que ahora habitas

                            en mitad de la noche

y decirte a los labios

adiós amor

hoy quiero despedirme

zozobrar para siempre en esta isla

reparar el amor.


(De Cartografía sin mundo, 1995)




La misma incertidumbre

con la que un día preciso

que ya fuiste acordando sin saberlo,

comienza a desprenderse

la leve gasa que ocultara

la trama de tu herida,

una herida reciente que late sin hablar

y está tan dentro

que tu vida depende de mantenerla  viva.



Con la misma soltura

con la que cada órgano se acomoda para el parto

y  se  abre un trecho de luz

en mitad de tu cuerpo,

una tarde descubres

que no puedes contar tus cicatrices

pues sus bordes te unen a fragmentos de otros,

a vidas paralelas,

a bálsamos  de humo.

Y es entonces

que esa herida se cumple

y es más cierta que el mundo,

nos regresa al origen,

sus lámparas de arena,

la palabra en el vientre,

cuando todos vivíamos

recíprocos y juntos

cuidando las heridas.



(De Lámparas de arena, 2000)
 

 

 

No alumbro.

No me muevo.

Habito

en el vacío.

Veo

sombras

materias

sobre un cielo de arena que desgarra ventanas.



PROHIBIDO FIJAR CARTELES EN LA TARDE.



(De Lámparas de arena, 2000



He llegado al inicio, como

quien se extravía bajo la

rotación laberíntica de un

bosque sin raíces.



Y doy vueltas

                 Y vueltas

sobre mi propia herida

tras la única gasa

que macera el silencio y su drenaje,

la dársena del tiempo.



He llegado al inicio

                 y mi nombre no era

más allá de un abismo sin aliento

y mi cuerpo sin nombre

se llenaba de lámparas

                              y niñas,

perdía pie

sin reservar la hierba.



Y mi arena se oía crepitar hasta el fondo sobre el granizo muerto.



He llegado al inicio

sin saber hacia dónde desvivirme,

sin creer en la muerte de las olas,

habitando la ausencia de mí misma



Y no encuentro

el reloj

que repare  mi arena.


(De Lámparas de arena, 2000)

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