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Marta López Vilar

Marta López Vilar

    NOMBRE
Marta López Vilar

    LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO
Madrid, 1978

    BREVE CURRICULUM
Doctora en Filología Española por la Universidad Autónoma de Madrid con una tesis sobre la mística y el simbolismo de las Elegies de Bierville de Carles Riba. Sus poemas figuran en antologías como La voz y la escritura 2006 (Madrid, Sial, 2006), Hilanderas (Madrid, Amargord, 2006) o Los jueves poéticos (Madrid, Hiperión, 2007). Es autora de artículos y crítica de su especialidad en revistas como Clarín, Ojos de Papel, o Cuadernos Cervantes

    PREMIOS
Por el libro De sombras y sombreros olvidados en 2003 obtuvo el premio “Blas de Otero” de poesía (Madrid, Amargord, 2007). En 2007 ganó el premio “Arte Joven de Poesía” de la Comunidad de Madrid por el libro La palabra esperada (Madrid, Hiperión, 2007)

    TRADUCCIONES
Como traductora de literatura catalana ha realizado la edición y traducción de los libros Dos viajes al más allá (Madrid, ELR Ediciones, 2005) y las Elegías de Bierville de Carles Riba (Madrid, Libros del Aire, 2011) y ha publicado traducciones de poesía catalana, portuguesa y griega contemporánea en revistas como Salamandria, Hache o Revista Áurea



José Ángel García Caballero (Valencia, 1977). Ha publicado el libro de poemas <i>Llaves olvidadas</i> (Renacimiento, 2010; XIII Premio Surcos de Poesía)

José Ángel García Caballero (Valencia, 1977). Ha publicado el libro de poemas Llaves olvidadas (Renacimiento, 2010; XIII Premio Surcos de Poesía)


Creación/Creación
Río de la memoria. Una mirada lectora a la poesía de Marta López Vilar
Por Marta López Vilar y José Ángel García Caballero, jueves, 07 de febrero de 2013
Leo la poesía de Marta López Vilar (Madrid, 1978) como lector que anda con zapatos de cristal, palabra que parece a punto de romperse y que, sin embargo, sostiene todavía el latido de todo lo que evoca. Encuentro entre sus versos una invitación al viaje, concepto inseparable en su poética del de regreso, donde Ítaca se intuye como una patria interior.

Trayecto que indaga en la memoria de las cosas. A veces es éxodo, a veces degustación de la belleza tamizada por el dolor de lo efímero. Observo un escenario sensorial, expuesto al tiempo y sus demoras. Y duelen las lágrimas que dejan los encuentros: Circe, Dido y Nausícaa  se cuelan entre sus poemas como horizontes que se alejan, pero que nunca se pierden.

 

Una vocación de armonía hace que el paseante se detenga en esa ciudad deteriorada, donde las ruinas saben contar historias y donde las estatuas han visto pasar el tiempo, cariátides que sostienen la intemperie. Esa exposición al frío, constante en su propuesta, también es una postura honesta, desvestida de artificios. Así, en su poesía destaca la cadencia, una construcción personal del ritmo y la elección de un lenguaje comedido y sencillo. Sus libros, De sombras y sombreros olvidados (Ed. Amargord, 2007) y La palabra esperada (Ed. Hiperión, 2007), abordan ese camino dotando a su voz de un tacto que se va haciendo íntimo y sugerente, nunca hermético. Con inteligencia, se sirve de las aportaciones de los clásicos griegos para examinar la realidad contemporánea, el poso de historia que arrastra su semblante.

           

Recorre ciudades y nombres, dialoga con sibilas y con mitos, así como con personajes que comparten su búsqueda, como María Teresa León, Eugenio Montale, Sophia de Mello o Fernando Pessoa. Quizá los encuentra en alguna orilla de los ríos del Hades, bajando como Perséfone a esperar la promesa del tiempo. Merece la pena acudir a sus palabras:

 

Reconóceme, soy estas aguas que buscaron su patria

y la ternura para entender su sed y su deseo.

 

 


 

****

 

Del libro En las aguas de octubre (aún en proceso de escritura)

 

 

PERSÉFONE

 

Mas él, atrayéndola a sí, le dio a comer dolosamente un dulce grano de granada, para que
no se quedase por siempre allá, al lado de su venerada Deméter, la de peplo púrpura oscuro.

“Himno Homérico a Deméter”

 

Acerco a mis labios el oscuro néctar que mana de esta
                                                                        [ofrenda.

Imagino que va a poder curarme, que esa sangre púrpura

es lo que queda de la tarde más hermosa: la que no veo,

la que nunca veré extendida en mis ojos.

 

Entrego lo que tengo de mi frágil juventud

a este instante que tiembla.

Entrego mi cuerpo como el mimbre a esta sed y este
                                                                        [vacío.

Es la prueba que me queda de estar viva.

 

Alguien me habla fuera,

alguien pide mis manos de nieve, su pureza.

Pero nada toco en este instante que me exige

la más limpia claridad de quien soñó con regresar

al mundo de los vivos.

Este cuerpo joven no será para siempre de la vida,

comí de la granada de la noche,

su engaño de luz y de esperanza.

Y en la tierra morirá lentamente aquel lirio tan puro

que me trajo a las sombras.

Y mi madre le llorará cada día, como si hubiera muerto.

 

 

WALTER BENJAMIN ESCRIBE […]

 

Canto todo cuanto perdí, follaje oscuro o sueño

que desciende envuelto

en llameante rocío.

Miguel Veyrat

 

También mi sueño a mi escritura pertenece,

leve sueño que como el agua pura

cae sobre mis ojos y este trazo de niebla:

pájaro frágil a punto de dormir

en las grietas del nombre que me huye.

 

Entra mi sueño en el cuerpo tibio del lenguaje,

lo hace grito o silencio

antes de borrarse o convertirse en deseo transparente,

figura de polvo que muere al ser tocada.

 

Sólo ahora sé el verdadero sentido de la herida,

la oscura manera de fuego de esta luz

bajo un cielo feroz y sin memoria.

 

Me abandono a este sueño, a su pesada huella

que en blanco escribe a Dios

y me hace carne, signo y sombra,

borrada escritura que sólo así descansa.

 

 

JARDÍN BOTÁNICO

(Madrid)

 

Sucede de nuevo aquí el verano, su calor abriéndose paso

entre las hojas. Los bancos vacíos saben

que ya nada puede pesar al mediodía, ni tan siquiera

la nieve que cada invierno los recubre. Ella ya no existe.

De nuevo la hora lenta, la presencia,

la cicatriz limpia del agua convirtiendo en tiempo todo lo
                                                                        [que toca.

Toco esa agua, sumerjo mi mano

en su frío transparente y encendido. Todavía parece arder
                                                                        [el mundo

en este instante. Aún parece respirar todo lo que no dije,

todo lo que acaso fue palabra y ahora apenas sombra.

Miro mi mano sumergida, temblando.

Miro el jardín, guardando su silencio;

los extraños nombres de las flores

que seguirán siendo nombres cuando la flor muera.

Este jardín y esta agua se parecen sin duda a mi memoria:

tan sólo con mirarlos seguirán siendo nombres,

tiempo que nunca entiende de borrarse.

 

 

ELEUSIS

 

Huye de aquí la luz,

la acerco a mis labios como una ofrenda antigua

para que me devuelva el mundo

y su tibia impiedad.

Es una libación que a ningún dios

se ofrecerá hermosa

ni secreta. No sabrá dulce a la tierra,

tampoco a sus raíces.

 

El silencio trae en sus manos

el rancio licor de lo que muere

y unge mis labios de un vacío impuro.

 

Es lo que queda de un dios

a lo que sabe mi boca.

 

 

Del libro: La palabra esperada, Madrid, Hiperión, 2007.

 

 

KYMATA

 

Escucho

-acodada frente al mar que alguna vez ha de llevarme-

el palpitar exacto y silencioso de estas olas

iguales sólo a aquellas que jamás llegaran

a este puerto,

la solitaria palabra de los vientos

que, oscuramente,

tejen y destejen mi destino.

 

Escucho sin oírte

y me pregunto

si acaso tú y yo somos la desordenada sombra

de los días

-la perpetua sombra de los días-

que fluye por la piel transparente de este mar

y me desvela el presente con la misma lentitud

de una sibila vieja a punto de morir

de olvido y de futuro.

 

 

RECONSTRUCCIÓN DESPUÉS DEL MIEDO

 

Para ver a verdade para perder o medo

ao lado dos teus pasos caminhei.

Sophia de Mello

 

I. LA VOZ

 

Dame tu voz, que este miedo

renunciará a su nombre

y borrará sus huellas y sus sombras.

Tu voz…la palabra que nos hace,

el mundo, la sílaba, tu cuerpo…

 

II. LAS MANOS

 

Estas manos, bosque de luz que te construye

a cada instante, silencio derramado sobre el miedo…

estas manos, tus manos…lenguaje de los días.

 

III. LOS OJOS

 

Soy lo que tú estés mirando:

el rompeolas azul donde empezaron los mares

a borrar la muerte,

ese cuerpo dormido a la luz abierta de tus ojos

que no teme lo que es

si eres tú quien lo construye cada día.

 

IV. EL CUERPO

 

Que mi cuerpo teja su sombra para hacerla

a la medida de tu cuerpo

y no escape jamás de esa oscuridad

que no es el miedo porque es tuya,

sino vestigio de luz, desnudo triste de la aurora

cuando no estás conmigo.

 

 

MELANCOLÍA DE UNA ESTATUA

 

Cansada, reclinas la cabeza buscando tu memoria

entre esa pesadumbre.

Cierras los ojos en busca de ese mar

que a otros cuerpos se llevó de tu lado,

vuelto en ceniza y vejez, siendo calor

prematuro de la muerte.

Reclinas la cabeza y no sientes la mano

frágil que sostiene tu cansancio,

esa oscuridad que albergan tus ojos

en pleno amanecer.

 

Nada tienes salvo la soledad esculpida

en todo lo guardado, el oleaje minucioso

del dolor horadando el tiempo

hasta borrarte.

 

Cansada, te preguntas dónde se hará

el cántico hermoso de la noche,

en qué lugar recogerás tu luz y tu presencia,

y hacia qué lugar se marcharon las palabras

de todo lo perdido.


ADRIANO HABLA AL CUERPO MUERTO DE ANTÍNOO

Ya nada persigo, nada se presenta ante mi puerta.
Ninguna juventud sentí sino la tuya,
ninguna ciudad, ningún otoño desbordó
por mis manos el cabello de la luz,
los misterios del aire.

Duermen contigo aquella sangre derramada
en sueños, la noche sin refugio
con redes de oro, el perfume
cuajado de amapolas en tus labios
mientras yo contemplo la patria destruida de tu cuerpo,
recién abandonado.

Contemplo al dios que me arrojó a la vida
yaciendo en la sombra inmensa
de lo que ya no tendré…

La muerte ha llegado al mundo, mi dios,
y nada ya podrá espantar mi frío.

 

 

DÍA DE LOS REGRESOS

 

Cada mañana esperaba tu regreso,

ver las aves invisibles que te anunciaran a mí

desde el puerto silencioso que tiene la memoria.

 

El día de tu regreso era un lugar hueco de luz,

una palabra dormida en la sombra

que te esperaba sin nombre.

 

Pero nunca vi llegar los barcos ni las aves.

Sólo sentí el tacto ceniciento de la espera

descender las horas,

            abrazar el cuerpo,

exiliar la vida, lentamente,

en cada ola donde se confiesan los que han muerto.

 

 

EPIDAURO

 

Como la moneda caída en la distancia

y su sonido llega intacto

y hecho de aire entre las piedras,

así tu voz escala tristemente

la espalda de esta luz

y este vacío.

 

Llegas y todo se desvanece como el agua,

se vuelve idioma antiguo, abandono

trenzado entre las manos,

cuerpo joven y hermoso tragado por la muerte.

 

Como las trágicas presencias que vagaron

perdidas en las sombras,

oculta y secreta llega tu voz dormida

en otro tiempo para gritar mi nombre:

imagen y olor de los regresos

en la muerte fugaz de todo lo perdido.

 

 

ALEJANDRÍA

 

Despide, despide a la Alejandría que tú pierdes

C. Cavafis

 

Mañana despertarás solo,

tendido en la sombra estéril de lo que nunca tuviste.

Mañana no será Alejandría

esa ciudad de pájaros y orfebres

que recibe a la noche

con un mapa de luz entre sus manos.

Antes era Alejandría.

Ahora no es más que un secreto largo,

el lugar al que no regresarás nunca

desde ninguna parte

para no herirte más con hogueras y naufragios.

 

Alejandría es tu cuerpo,

hermoso como las llamas

y triste como la carne helada de las sombras.

 

En el perfil acabado del día,

mañana despertarás solo,

a contraluz siempre con la tierra que tanto te nombró

y no tuviste.

 

 

CIRCE

 

Habito en esta isla.

Aquí la noche es una flor oscura

que se abre en secreto tras la lluvia.

He preparado durante años

tu llegada, tu memoria de escarcha,

el asombro de la luz.

Aquí el vino está hecho para tus labios,

los peces para este mar

y el aire para tu cuerpo.

Si recuerdas esta isla

encontrarás el lugar que no conoce horizonte

y no se extraña, demorado en tus ojos,

de la terrible soledad del tiempo.

 

 

MEMORIA

 

(Con María Teresa León)

 

Quizá todo lo que quede
sea este ruido cruel en la memoria, sus manos frías
acariciando este cuerpo que no recuerda nada.

 

Nada recuerdo salvo el olor alquilado
de una casa,
el calor extranjero
de una patria inclinada hacia el vacío
sabiendo que no es mía.

 

Haber amado tanto, haber llevado tanta memoria
interrogando mi desnudo
y no saber quién soy,
la distancia que me acecha y que me invoca.

 

Quizá todo lo que quede
sea mi nombre en otro cuerpo,
la luz ajena de quien oye
que ha vivido tanto y no puede recordarlo.

 

 

ENSOÑACIÓN DE FERNANDO PESSOA

 

Nunca soñé habitada esta ciudad.
Siempre ardía en mis sueños al escuchar mis pasos,
se marchaba antes de que llegara a visitarla.
Lisboa no existe. Es la herida desnuda
que contempla el Tajo, la frágil
presencia de la lluvia que florece
en las calles, el vacío que nombro
en los secretos.
Ninguna imagen evoqué en esta ciudad.
Sólo yo pertenezco a lo que sueño.
Lo demás es espacio vacío, sombra
que me aterra y me vuelve la sangre
negra y fría como la muerte.
Soy lo que imagino y no regresaré a Lisboa
ni regresaré de Sintra.
Soy lo que imagino y no soy nada,
sólo apátrida esclavo de su nombre
que aún ignora dónde existe.

 

 

Del libro: De sombras y sombreros olvidados, Madrid, Amargord, 2007.

 

 

DE SOMBRAS Y SOMBREROS OLVIDADOS

 

Aprenderé tus sombras para que no se me olviden

y cuidaré de ti en días como estos

en los que nuestras huellas

sólo son de sombras y sombreros olvidados.

 

Son los días del olvido.

Nadie puede ser más afortunado que nosotros.

Amémonos si es preciso.

 

 

LA HABITACIÓN

 

Puede que vuelvas hoy para deshabitar

la luz de nuevo.

No te confundirás de lugar.

Nunca hay vacío equivocado.

 

 

LOS MOTIVOS DE LA AURORA

 

Como si hubiera tenido tu cuerpo

acorralado entre la espuma

deambula la luz.

Puedo escribir sus pasos,

sus cuchillos, hogueras, caracolas…

 

Sólo tú eres el motivo de la aurora.

 

 

LA NUEVA PSICOLOGÍA

 

Yo, Stratos Marino,

amanezco cada día con un olor a hoguera

entre mi cama.

Miro la ventana y al otro lado

veo las cabañas y los cerros incendiados

de mi propio pasado.

 

Yo fui Stratos Marino antes de dormir.

 

 

COMPRENDER EL FRÍO

 

Ahora tu voz es esta tarde mojada y dudosa,

los secretos del cazador herido, el rostro fiel

de un cuerpo emborronando la dicha

porque el dolor no es sólo una costumbre,

sino esa manera inhóspita de comprender el frío.

 

 

LAS SOMBRAS Y LOS OLVIDOS

 

Ni el amor ni la muerte a ti me une,

sólo la desolación de marcharnos

sin cordura hacia el olvido

y no regresar nunca y no saber

qué hemos vivido ni con quién.


ATENAS


Al igual que los dioses, hay ciudades necesarias
para borrar lo oscuro,
la tiniebla poderosa de la palabra rota
o ese no querer despertar otra vez
de la caverna del olvido y de la muerte.

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