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Chris Haughton: <i>¡Oh no, Lucas!</i> (milrazones, 2012)

Chris Haughton: ¡Oh no, Lucas! (milrazones, 2012)

    TÍTULO
¡Oh no, Lucas!

    AUTOR
Chris Haughton

    EDITORIAL
milrazones

    OTROS DATOS
ISBN 978-84-938927-5-3. Santander, 2012. 32 páginas. 15 €



Carmen Palomo García es doctora en Literatura (mpalomog@gmail.com)

Carmen Palomo García es doctora en Literatura (mpalomog@gmail.com)


Reseñas de libros/Ficción
Chris Haughton: ¡Oh no, Lucas! (milrazones, 2012)
Por Carmen Palomo García, miércoles, 7 de noviembre de 2012
Struwwelpeter (entre nosotros, Pedro Melenas) es uno de los primeros álbumes ilustrados y también uno de los más exitosos de la literatura infantil. Publicado a mediados del siglo XIX, y obra de un psiquiatra alemán Struwwelpeter relata con un particular sadismo lo que sucede a varios niños que se portan mal. Algo, o mucho, debió influir en el aprecio de los lectores el humor más bien negro que desmontaba por dentro la crueldad inusitada de los casos (que Mark Twain fuera su primer traductor al inglés avala dicha hipótesis humorística). Traigo a colación este libro para dejar sentado que la moderna «educación en valores» no está tan lejos del moralismo de épocas pasadas, por demodé que este nos parezca. A fin de cuentas, la ficción es solo una vía más, especialmente abierta y sustanciosa, para la reflexión crítica sobre contenidos éticos. Y esa reflexión, como la vida misma, comienza (por narices) muy temprano.



Vean el divertido booktrailer de 35 segundos de ¡Oh no, Lucas! (por Chris Houghton)

El Lucas del título es un perro encantador, con buenas intenciones, pero acosado por las dudas y lo que estas esconden: la tentación, el encanto irresistible de lo prohibido. «¿Qué hará Lucas?» es el leitmotiv de la obra, traducible a «¿cómo resistirse a comerse la tarta, a perseguir a Gato, a desbaratar la tierra de las macetas, a…?». ¿Acaso no está hecho el mundo para el disfrute, para el juego intrépido? Es verdad que Lucas le había prometido a Quique, su dueño, portarse bien, pero… Tal «pero» suspensivo resume el dilema existencial de Lucas, a quien vemos pasárselo pipa destrozando alegremente todo a su alrededor (de paso, nos los pasamos pipa con él). Y ahí radica la gran paradoja: por mucho que nos hayan adoctrinado, por mucho que hayamos prometido otra cosa, ¡portarse mal, irresponsablemente, puede resultar muy divertido! Y eso lo sabe cualquier lector desde mucho antes de aprender a leer, y leer ese controvertido conocimiento así expuesto, a las claras, resulta muy, muy cómico. La pedagogía más rancia (por no decir la vida misma) tiene su propia salida, más sucia que airosa, a dicha paradoja: el castigo.

Afortunadamente la filosofía propone respuestas más elegantes, como bien demuestra la cita de Epicteto —tan budista él— que encabeza la obra: «La libertad no se consigue realizando nuestros deseos, sino eliminándolos… Ningún hombre es libre si no es dueño de sí mismo». La cita, aclaramos, aparece convenientemente situada en la página de derechos, es decir, no forma parte en sentido estricto del álbum, sino que está destinada al adulto-mediador, pues ya se sabe que los adultos son cortos de entendederas y propensos a necesitar una auctoritas para sentirse seguros. Al destinatario real le bastará identificarse plenamente con Lucas y sus terribles dilemas, convenientemente aderezados de un humor tierno y blanco como el pan de molde. ¿Qué hará Lucas cuando caiga en la cuenta de que se ha portado mal? Chris Haughton, con estoica y simpática elegancia, nos ahorra el triste espectáculo del castigo (o sea, no nos castiga; menos mal: ¡en el fondo somos buenos!) y le da a Lucas una segunda oportunidad para demostrar su aprendizaje sobre el libre albedrío. Nada de reprimendas ni escarmientos, que bastante tiene Lucas con soportar el más sentido arrepentimiento… Así que Quique se lo lleva al parque a dar una vuelta. Y allí Lucas, que ha aprendido la lección —sin sangre—, se porta de maravilla con otra tarta, con Gato e incluso con las flores. Lo que ya no sabemos es si también resistirá la tentación de abordar un oloroso cubo de basura… Al parecer, hay lecciones que necesitamos aprender todos los días, no importa la edad que uno tenga. Ah, y no se pierdan la imagen de la cubierta posterior, que resume lo otro que también necesitamos todos los días.

¡Oh no, Lucas! no resultaría tan seductor sin las maravillosas ilustraciones de Chris Haughton. La base es una estética minimalista, de colores planos y vibrantes, grandes volúmenes, ausencia de fondos y objetos sencillos. A ello se añade un toque expresionista con los elocuentes ojos (y las orejas) de Lucas, capaces de registrar todos los estados anímicos que subyacen a la trama: el deseo, la duda, la diversión, la contrición, la satisfacción por la superación... Desde Bécquer para acá, pocos ojos azules habían dicho tanto con tan poco, sobre todo cuando a Lucas se le pianta un lagrimón.

Por último, no podemos dejar de reseñar la calidad de la edición, algo que impactará incluso a los más exigentes en cuestiones materiales. Mientras haya editores nada cicateros, verdaderos orfebres que dedican su savoir faire a pequeñas joyas como ¡Oh no Lucas!, no todo está perdido en el proceloso mar de la edición. Como diría el mismísimo Lucas, ¡bien hecho!



Nota de la Redacción: no se pierdan el makin of... del perro maladrín

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