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Nikolai Lilin: <i>Educación siberiana</i> (Salamandra, 2010)

Nikolai Lilin: Educación siberiana (Salamandra, 2010)

    TÍTULO
Educación siberiana

    AUTOR
Nikolai Lilin

    EDITORIAL
Salamandra

    OTROS DATOS
Barcelona, 2010. 352 páginas. 18 €

    TRADUCCCION
Juan Manuel Salmerón Arjona




Reseñas de libros/Ficción
Nikolai Lilin: Educación siberiana (Salamandra, 2010)
Por Andrea Donofrio, jueves, 1 de julio de 2010
Educación siberiana de Nikolái Lilin resulta ser un libro difícil de leer, ya que es algo más que una novela: se trata de un libro que en realidad contiene varios libros, diversas historias con la violencia como gran protagonista y que abarca diferentes géneros y estilos. Su lectura resulta entretenida y amena, pero no siempre fácil. Pese a relatar de forma autobiográfica la vida del autor, el libro representa al mismo tiempo una curiosa novela, un interesante reportaje, una detallada memoria e, incluso, una fascinante historia de criminalidad. No se trata de un ensayo o un libro de memorias del pueblo urca, sino la suma de todo ello dentro de una historia sugestiva e intrépida de una vida al margen de las convenciones cotidianas.
Kaláshnikov, ritos violentos, picas (navajas), tatuajes... son los elementos que caracterizan este libro de Lilin: la violencia como forma de comunicación, como elemento para expresarse, como cotidianeidad y elemento de fondo con la tendencia a estallar en el primer plano. Según el autor, los niños urcas viven con naturalidad esta situación. Las páginas relatan con fuerza esta realidad violenta y brutal, ofreciendo al lector unas imágenes de una dureza escalofriante. Asimismo, la violencia es el lenguaje con el que se expresan los personajes: en esta tierra parece que “la vida no vale nada”, donde morir o matar se convierte en algo normal. Páginas crudas, historias brutales y crueles en las que se pueden encontrar muchas analogías con la Nápoles descrita por Roberto Saviano en su libro Gomorra: en ambos lugares “lo cierto es que aquí sólo se aprende a morir”; en Río Bajo, donde se cría el protagonista, como en las calles de Nápoles y en su periferia, el concepto de la vida está muy ligado a la muerte y, desde su infancia, los niños aprenden que el riesgo y la muerte son elementos propios de la existencia. El contexto en que se forma el autor moldea su carácter y su visión de la vida: realidades tan fuertes influyen inevitablemente en la formación de su pensamiento y también en la forma de narrar su existencia.

El lugar donde el autor de Educación siberiana se crió, la Transnistria (entre Moldavia y Ucrania), parece no existir, una franja de territorio junto al río Dniéster sin dueño pero con severas leyes, la ley urca. La población local lo considera independiente, aunque por lo demás ni existe. Sus habitantes, deportados en esta zona por Stalin en los años treinta, han cimentado su sociedad con el odio contra el comunismo y el dictador soviético. Por eso, matar a soldados soviéticos se considera una forma de rebelión al igual que robar un banco, guardián del dinero del Estado que los reprimía. Pese a la naturaleza de sus actos, Lilin subraya que no se trata ni de mafiosos ni de terroristas, sino de un pueblo que lucha contra el “opresor” soviético y que aplica la justicia según su código (y mano): se justifica la violencia para evitar abusos sobre los débiles y los indefensos, se aplica como forma de venganza, sirve para la propia supervivencia, representa una manera de comunicar y una forma de lucha contra la policía soviética.

A lo largo del libro, el autor sostiene (e intenta argumentarlo de forma poco convincente) que se trata de “criminales honestos”, expresión por lo menos curiosa: el oxímoron creado por el escritor encontraría su fundamento en el código de los urcas, donde la honestidad equivale a no ser egoísta, al respeto hacia los débiles y los desafortunados. Sin embargo, según nuestras reglas sociales y, quizá, la lógica racional, los códigos adoptados por este pueblo muestran varias contradicciones. La defensa de la violencia como forma justificada de reacción frente a un abuso parece pertenecer a una tradición ancestral, inadecuada en la actualidad. La misma regla del “ojo por ojo” no se puede considerar disculpable y explicable frente a la gravedad de la ofensa.

En esta novela autobiográfica, el autor intenta rescatar su comunidad del posible (y probable) olvido, permitir que sus tradiciones, su esencia, su existencia sobrevivan a través su narración, un conjunto de memorias suyas, de sus mayores y de la gente que se las contó

Leyendo este libro, el lector podría ponerse la siguiente pregunta: ¿por qué escribir unaa memorias, una biografía con apenas treinta años? La probable respuesta es la siguiente: con su libro, Lilin muestra su preocupación por transmitir la memoria de su pueblo, anhela perpetrar los hábitos, las costumbres y las expresiones dialécticas de sus abuelos. En esta novela autobiográfica, el autor intenta rescatar su comunidad del posible (y probable) olvido, permitir que sus tradiciones, su esencia, su existencia sobrevivan a través su narración, un conjunto de memorias suyas, de sus mayores y de la gente que se las contó. Además, en el libro, el autor denuncia la problemática de su pueblo a través de su historia. Su experiencia personal plasma la extraordinaria historia de estos bandidos siberianos que hacen del honor su máxima y no reconocer otra autoridad que la de sus ancianos. Este pueblo parece regirse en una ética muy peculiar, respetando un estricto código de conducta, de honor, difícil de entender: exaltan valores como la libertad, la humildad, la justicia y la generosidad, pero su aplicación resulta “distorsionada” o bien, conforme a la espinosa situación en la que vivían. La honestidad se determina no por la naturaleza de sus acciones sino por el desprecio hacia el dinero: “los urcas siberianos delinquen por un ideal de libertad”. Viven con arreglo a sus propias leyes, en lucha contra cualquier poder gubernamental. La comunidad resulta unida por decenas de ritos, supersticiones y costumbres, algunas curiosas, otras sorprendentes. Como en cualquier sociedad criminal (narcotraficantes, camorristas, etc.), la religión asidero ser un residuo cultural, una fuerza espiritual y una manera para unir este pueblo.

El autor cuenta las aventuras de su infancia, épica y violenta al mismo tiempo. Y vuelve el paralelismo con la tierra descrita por Saviano, “donde la crueldad se halla ligada a los negocios, donde todo tiene el sabor de una batalla final”. Entre tantas historias narradas, no cabe duda de que la más impactante, cruda y apasionante resulta ser aquella descrita en el capítulo de la “cárcel de menores”, donde el autor permanece detenido por algunos meses. Allí, Kolima (tal es el apodo de Lilín de pequeño) se encuentra con un entorno cruel, furioso: los niños, convertidos en verdaderas bestias, se someten a los peores instintos: violan a los más débiles, torturan, someten a humillantes vejaciones a lo demás huéspedes del reformatorio. La cárcel para menores se parece a un infierno para adolescentes guerreros: no cabe la menor duda que su lectura no resulta idónea para personas impresionables.

Igual que Roberto Saviano, Lilin, treinta años, cráneo transparente y piel tatuada, está amenazado por su participación en la guerra de Chechenia, por las críticas a la sociedad rusa, por sus declaraciones críticas con el mundo musulmán y por su posición escéptica respecto a esta religión

Igual que Roberto Saviano, Lilin, treinta años, cráneo transparente y piel tatuada (el valor de los tatuajes está ampliamente explicado a lo largo del libro, ya que son una especia de diario de vida de una persona), está amenazado por su participación en la guerra de Chechenia (argumento de su segundo libro ya publicado en Italia el pasado 9 de abril), por las críticas a la sociedad rusa (en el último capítulo), por sus declaraciones críticas con el mundo musulmán y por su posición escéptica respecto a esta religión. El libro que se está traduciendo a 14 lenguas, despierta el interés por un mundo tan diferente, crudo y violento (a los 13 y 14 años, un chaval ya tiene antecedentes penales por robo, homicidio o tentativa del mismo), relata una identidad lejana, espiritual y, según su autor, agónica ya que los mismos urcas están olvidando sus costumbres.

Pese a ser su primera novela, Lilin tiene la capacidad de introducir al lector en estos ambientes turbios y violentos, describiendo detalladamente a los personajes y usando muchas expresiones de la jerga urca (de hecho, resultan muy interesantes las locuciones que utilizan sus habitantes, su jerga y su manera de apodar a las cosas). Se pasa de la ternura a la violencia extrema, desde las anécdotas a los episodios más crueles. Se mezclan diferentes historias y muchos personajes en un ritmo incesante. El resultado es un libro violento y duro, no apto para los lectores más sensibles.

El libro trasuda crueldad y violencia, lugares a veces parecidos al Infierno descrito por Dante, caracterizados por furiosas peleas, violaciones, asesinatos, vejaciones continuas, sangrientas venganzas (tachadas de “justicia siberiana”). Violencia como leit motiv y normalidad. Finalmente, se trata de un libro intenso y feroz, muy vivo, que relata historias a veces difíciles de creer sobre todo si utilizamos nuestras categorías racionales: un emocionante historia del aprendizaje del autor para convertirse en un “criminal honesto”, para aprender respetar los complejos códigos que regulan la vida de la comunidad. Ferocidad y altruismo, sabiduría y homofobia, tradiciones arcanas y nuevas realidades conviven con naturalidad en un libro que no puede dejar al lector indiferente.
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