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Simón Bolívar

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Carlos Malamud es Catedrático de Historia de América Latina de la UNED e investigador principal del Real Instituto Elcano

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Cristina Fernández de Kirchner

Cristina Fernández de Kirchner

Evo Morales

Evo Morales


Análisis/Política y sociedad latinoamericana
Lugares comunes latinoamericanos: La historia está para ser manipulada
Por Carlos Malamud, lunes, 1 de junio de 2009
Desde que Cicerón dijo que “la historia es maestra de la vida” mucho se ha escrito sobre la utilidad de una disciplina cuestionada por su falta de objetividad. Poco ayuda la utilización que el poder hace, o pretende hacer, del pasado popular. En la actual coyuntura latinoamericana, con los bicentenarios de las independencias a la vista, es previsible que estas tendencias se agudicen. Lo advirtió en 2008 Hugo Chávez tras señalar que “el descubrimiento de América, es una falsificación de una terrible historia” y pedir a padres y maestros que cuenten a sus hijos la verdad histórica. Para que ello sea posible será necesario reescribir la historia, evitando las distorsiones propiciadas por la “flor y nata del pensamiento oligárquico y contrarrevolucionario”, siguiendo las palabras vertidas por Fidel Castro en su hoja parroquial.
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner situó el problema en su verdadera dimensión cuando el 25 de mayo de 2009, en ocasión de celebrarse el 199 aniversario de la “Revolución de Mayo”, inicio del comienzo emancipador en el Río de la Plata, señaló de forma tajante que “nuestra verdadera historia… muchas veces no es la historia oficial. Es que muchas veces también, hay por parte de algunos pocos, como no querer que se conozca nuestra verdadera historia, porque siempre cuando uno conoce la verdadera historia tiene menos posibilidades de volver a equivocarse”. Por eso, para no equivocarse, es necesario reescribir la historia.

Decía Benedetto Croce que toda historia es historia contemporánea, en alusión a que las preguntas con que los historiadores interrogan al pasado tienen que ver con su propia contemporaneidad. Hoy hay quienes, lamentablemente hacen otras lecturas de la frase de Croce y establecen la conexión entre el presente y el pasado no a partir de las preguntas sino de las respuestas. Son éstas, precisamente, las que establecen los vínculos y permiten, afirmar, sin ningún rubor, que Simón Bolívar es el gran teórico del socialismo del siglo XXI.

Evo Morales: “el pueblo que olvida su lucha y su historia es un pueblo que no tiene conciencia sobre su destino”

El mismo día de los festejos argentinos se celebraba en Sucre, Bolivia, el bicentenario de la formación de la primera Junta de gobierno de toda la América española, un hecho también conocido entre los historiadores locales como el del primer grito libertario americano. En esa ocasión el presidente boliviano, Evo Morales dijo que “el pueblo que olvida su lucha y su historia es un pueblo que no tiene conciencia sobre su destino”. Una vez más se trata de utilizar a la historia como arma política y si para ello hace falta desenterrar a Simón Bolívar porque fue asesinado por conspiradores oligarcas y proimperialistas se termina haciendo.

Ambas ocasiones sirvieron para que los dos mandatarios, Evo Morales y Cristina Kirchner, hicieran algunas reflexiones históricas en la línea de cambiar la historia nacional, y continental, adaptándola a sus propias necesidades políticas e ideológicas. En los dos casos la puesta en escena tuvo su importancia, ya que tanto Kirchner como Morales eligieron emplazamientos heterodoxos para las celebraciones y para proclamar urbi et orbi sus verdades. Mientras Morales optó por trasladar los festejos desde Sucre a la población rural de El Villar, a más de 200 kilómetros de distancia, Kirchner eligió la población de Iguazú, en la distante Misiones, en lugar de la tradicional capital de la república.

El pasado, necesariamente lúgubre, sirve para echar luz sobre un presente y, sobre todo, sobre un futuro venturoso, gracias a la acción del gobierno

Con la velocidad del rayo la presidente argentina fijó su vista en 1910, en el primer centenario de la independencia, de forma de poder marcar las grandes diferencias entre el ayer y el hoy. Con esa idea en la mente Cristina Fernández afirmó: “Déjenme… recordar qué pasó en nuestro Primer Centenario… En 1910, los argentinos recordaron sus primeros cien años de historia con estado de sitio; había represión sobre nuestros trabajadores porque no había trabajo, porque no había derechos. Empezaban a correr en el mundo aires de libertad y de nuevas formas de participación donde trabajadores y procesos industriales, iban transformando el mundo. Esa Argentina solamente recuerda algunos fastos en aquel 1910; era una Argentina sin trabajo, con mucha miseria, con mucho dolor, con un modelo económico, político y social de exclusión donde solamente unos pocos, los más beneficiados, podían disfrutar de los dones de la vida, de la educación, de la salud, del trabajo”.

Esta larga frase presidencial muestra mejor que nada la utilidad que se le quiere dar a la historia y el perverso diálogo que se establece entre pasado y presente. El pasado, necesariamente lúgubre, sirve para echar luz sobre un presente y, sobre todo, sobre un futuro venturoso, gracias a la acción del gobierno. De ahí que el complemento de esta cita es el siguiente: “Quiero… que este Bicentenario nos encuentre de una manera diferente; nos encuentre sintiéndonos parte de esta Argentina grande, de esta América del Sur, de esta Patria grande, para en un proceso de integración poder potenciar nuestras posibilidades como región, como país. Quiero también un Bicentenario en el que el trabajo, la producción nacional, esa industrialización que necesita llegar a todos y cada uno de los rincones de la Patria para que haya valor agregado a nuestros recursos, para que haya mejores salarios, más educación, más vivienda, encuentre a una Argentina diferente”.

Si la Argentina del Centenario se hubiera caracterizado por tanta exclusión política y social, por tanta miseria, por tanta explotación, cómo se explica que millones de personas hubieran hecho esfuerzos humanos, y a veces sobrehumanos, para arribar a sus costas y poblar sus campos y ciudades

Este es el drama de las comparaciones inadecuadas. Al establecer la comparación con lo mejor de nuestros días, especialmente si hay maquillaje o manipulación por medio, cualquier ayer es manifiestamente mejorable. Otra cosa es si se hubiera mirado al mundo circundante en aquel entonces, al mundo más próximo o más lejano, pero que de todos modos había hecho de Argentina un referente universal. Si la Argentina del Centenario se hubiera caracterizado por tanta exclusión política y social, por tanta miseria, por tanta explotación, cómo se explica que millones de personas hubieran hecho esfuerzos humanos y a veces sobrehumanos para arribar a sus costas y poblar sus campos y sus ciudades. ¿Cuál era el estado de la vieja Europa, especialmente en vastas regiones del Imperio Austro-Húngaro? ¿En qué condiciones vivían los campesinos en la Rusia de los zares, pocos años antes de la Revolución Rusa? ¿Qué ocurría en otros países de América Latina?

En el acto de El Villar, Morales también dijo: “Algunos dicen descubrimiento de América. Mentira, fue invasión. Nada de colonización, sino invasión para robarse nuestros recursos”. Esta parece ser la verdad histórica que no debe ser olvidada, la pseudo verdad que lleva a los pueblos latinoamericanos a seguir anestesiados con la historia del expolio y con la historia de todo lo que pudieron ser y al final no fueron porque a alguien no le convenía. Como si antes de 1492 no hubiera habido invasiones y expolios. ¿O es que por el hecho de ser incas o aztecas sus invasiones eran menos invasivas y sus robos menos delictivos?

Bolivia está paralizada como la mujer de Lot, siempre mirando hacia atrás y con tan poca esperanza en el futuro

Gracias a esas historias, en Bolivia, por ejemplo, siguen atenazados mirando hacia atrás. Hacia 1492, cuando los pueblos indígenas se convirtieron en originarios y hacia 1884 cuando tras la Guerra del Pacífico el país se quedó sin mar. De este modo Bolivia está paralizada como la mujer de Lot, siempre mirando hacia atrás y con tan poca esperanza en el futuro. Esto es lo que le permite afirmar a Morales: “De verdad no se puede fácilmente cambiar esa mentalidad que nos dejaron los anteriores gobiernos, la colonia, la república y transformar y cambiar eso cuesta todavía. Pero decididos a cambiar porque es posible cambiar, está en nuestras manos cambiar y si cambiamos hasta ahora algo gracias a la fuerza del pueblo, a las fuerzas sociales, obreras y originarias”.

La dirección del cambio es clara, como apuntó el dirigente campesino Isaac Avalos, que proclamó a Morales “libertador de los pueblos de Abya Yala”. Según la Wikipedia, Abya Yala es el nombre dado a América por la etnia Kuna de Panamá y Colombia antes de 1492 y de la llegada de los europeos, cuando no existían ni Colombia ni Panamá. Aparentemente, el nombre fue adoptado por otras etnias americanas, como los mayas y hoy es utilizado por los movimientos indigenistas y algunos líderes como Hugo Chávez para aludir al paraíso que era América antes de 1492. Su significado es “tierra madura”, o “tierra viva” o “tierra en florecimiento”. El nombre se asume como una posición ideológica para negar valor a América o Nuevo Mundo, denominaciones claramente imperialistas o colonialistas. Si los esfuerzos en reescribir la historia, o las historias, se dedicaran a construir instituciones otra sería la suerte de Abya Yala.
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