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Felipe Aranguren: Memorias del no poder (Ediciones Carena, 2008)

Felipe Aranguren: Memorias del no poder (Ediciones Carena, 2008)

    NOMBRE
Felipe Aranguren

    LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO
Madrid, 1951

    CURRICULUM
Sociólogo. Miembro de la Asociació Catalana per la Pau y colaborador del Centro de Investigación para la Paz. Profesor en diversas universidades de verano, colabora en revistas y diarios e imparte conferencias. Entre sus libros figuran los poemarios Escombros y laberintos (1997), El viajero y su tierra (1999), La nave del olvido (1998), La esfinge (2001). Figura en la antología en alemán, traducida también al inglés, francés y ruso, Hell Verwundete des Miltelmeers (2001)



Felipe Aranguren

Felipe Aranguren


Creación/Creación
Memorias del no poder
Por Felipe Aranguren, lunes, 2 de junio de 2008
Mezclando el lirismo y la proclama “quiero cantar y grito”, la pasión y el silogismo, el ámbito social y el íntimo, jugando por igual con la filosofía y con la intuición, Memoria del no poder se alza como un alegato subversivo contra la vida-jaula que occidente “epicentro de la superchería, dominio de las baratijas” se está fabricando. La memoria como potencia “eternizadora” del pasado, como base para cimentar la vida, (“Detén por un momento tu andar vertiginoso, hay una voz sin lengua que te llama, no es la conciencia, escucha”) frente a la nostalgia que envenena el recuerdo para perfumarlo de muerte y evasión. Son éstas las ideas que unifican el poemario.

 

NIHASA

Para Luis Sancho


Yo soy Nihasa, el hombre amargo.
Así me llaman en mi tribu.
Soy hombre arapahoe. Así me llamo.

Todos me respetan desde niño.
Pero ninguno me habla.
Vivo en el pueblo. Pero apartado.

Porque yo soy Nihasa.
Siempre tuve este rango.
Mi rostro pintado de negro lo delata.

Por ello no fui nunca guerrero.
Ni aprendí con el hombre-medicina.
Ningún cazador querría acompañarme.

Porque yo soy Nihasa.
Los demás viven en paz, cazan, guerrean.
Aman, tienen hijos, hablan, cantan.

Pero yo soy Nihasa, el hombre amargo.
Toda la vida me está negada.
Yo soy quien carga con todos los pecados.


NOCTURNO FUGITIVO

Tú, Judas de vieja estirpe y catadura renovada,
con tu andar de condena y tus manos sin sangre.
No es tu mirada fiel reflejo de tu infiel espanto
o tu rostro el delator de la infamia que arrastras.

No hay bendición para tu orgullo de susurros,
para tu unión con tercos enemigos seculares.
Tú, Judas, cuánto terror encenagó tus noches,
cuánta duda tuvo que hundir tu inicuo amor,
imagen exclusiva de utilizar la carne,
posesión, cuánta amargura ahogada.

Un silencio de besos en la sombra de olivares
presidió tu cruel traición, la luna se ocultó
y un rumor de hojarasca acompañó tus pasos.
Judas, transgresor de los amores lacerantes,
rastrero ser que besa y huye, arroja sus dineros
sobre el estiércol de las losas consagradas.
Judas, nocturno fugitivo bajo la acusación
pende su cuerpo del peso de su culpa cobarde.


ARENA MOVEDIZA

Somos una tendencia proclive a los pantanos,
a cualquier lodazal no limpio e impoluto,
negación de lo blanco, lo neto, lo salubre,
como si la arboleda prohibiese ver el árbol
y los pasos movedizos inundasen la arena.

En este inmenso, vasto, devastado
circo romano donde el placer se anega
tan sólo queda sangre o rastro de esa sangre,
menudas gotas, migas. Jamás una certeza.

La venta de ambulantes amuletos,
la cartomancia, la mano atravesada de senderos,
el tarot de inigualada magia crédula,
la bola de cristal. Sobrevivimos de promesas.
Y siempre la vergüenza hundiéndose impotente
en el ahogo y la fusión de toda ciénaga.


EXILIO

Los perdedores sempiternos
exiliado nos hemos al desierto.
Al más seco de todos.
Al interior desierto
que dentro se nos abre
como encallado buque
en los acantilados de la muerte.


ALEGATO DEL BORDER LINE

Aquí, forense de mí mismo, me confieso.
Y confieso no entender todas las cosas,
estar en la frontera de este mundo con el otro,
esa línea sutil entre mente y palabras.
Declaro aborrecer el firmamento,
horizonte de cementos industriales
y ese vuelo brujelesco con escoba atómica.
Afirmo despreciar el silencio de mortaja
que oponéis a la memoria y al trabajo.

Al extremo del lenguaje instrumental
incomprendo ese vértigo imparable en las retinas,
esa imagen de mechones recortados,
esa fragancia de corazas,
esa violencia senil de los no-actos.
Defiendo mi ignorancia,
exploro esa selva neuronal desarbolada.
Sois unos genios.
Inventasteis el sin fin del movimiento
con desgaste entre las piezas asociales.

Reniego de mí mismo y me confirmo,
contradicción del hombre es su monólogo,
pensamiento, hipérbola huyendo del gráfico.
El Ser es una suma. Yo un sumando.
Si me resto sólo quedan infinitesimales,
límites tendentes hacia el todo y la nada,
guarismos desde el cero a los ochos tumbados.
Desconozco la fórmula potencial de humanidades.
Precisamos reinventar la Matemática.
No atiendo al vocerío, confusión momentánea,
excitación laríngea, irritación en la garganta.
La Historia es un gran vaso de ricino,
memoria de cianuro, ponzoña burbujeante.

Destruyo mi servicio, no sirvo para nada,
no quiero servir, por otra parte.
Acepto el palpitar por ser dinámico,
me aterra la inmovilidad de las estatuas.
Me invento cada día y a la tarde
me comunican que ya estaba patentado.
Así que me denuncian por ladrón de belleza,
la posesión es su caballo de batalla,
abruma esta vigilancia sobre cosas y humanos.
Intento huir y apilo las estrellas en maletas
pero perdí la llave y debo llevarlas en el pecho,
entre camisa y carne. No es extraño que exploten
e inunden la calzada con mi sangre.
Cada estrella precisa un corazón por detonante.

A poco de salir me siguen por las calles.
Disfrazado de gato les di esquinazo.
A mitad del camino indocumento mi cara,
despego mi foto y huellas digitales,
me desnumero, abandono el plástico.
Atravesé de noche la frontera.
Me dijeron que exigían pasaporte
para poder seguir caminando.
Más allá de aduanas sin calma
sujeto la realidad a fantasías innombrables.


OCCIDENTE

Aquí, en el epicentro de la superchería,
adorando a los dioses de tecnología punta,
cercado por la binaria revolución del número.

Aquí, en el dominio de las baratijas,
un salario, un cuerpo, una brutal lotería
oyendo la corrupta sentencia de los jueces.

Aquí, donde la negación de lo real
vence en la batalla por la moda última:
ayer ya no está y mañana no existe.

Aquí, en la perfecta unión de lo inútil
con la utilidad desintegradora de las armas
pero integrados en el inerte espejismo.

Aquí, en el meollo de la simulación,
en el imperio del animal mimético,
en el hermético reino de la mentira.


ENFERMO

Ya no se oculta la inocencia en caja de mil usos.
Ha nacido la sombra de sí misma creada
sin el fulgor preciso. Sin la luz necesaria.

El perfil de tizones opone su volumen tenso
pues la sombra no niega, aplasta inclemente
la claridad rotunda que el alba le entrega.

Con la baba colgando en su silla de ruedas
el pudor se estremece en monótonas redes,
en estúpido vaivén de tanteantes torpezas.

El candor está enfermo y le arde la frente.
El pulso de la noche es tambor de insolencias
que anula la luz y funde muerte con silencio.


MIENTEN LOS SABIOS

Soy habitante de un tiempo y un espacio.
Viviente y sin remedio conectado
veloz desconozco a quien veloz pasa.
La luz viaja fugaz, desmelenada y ágil,
con furor de posesos se lapidan enanos,
fronteras humanas, rayas y aduanas.
Mienten los sabios. La nave se fue a pique.
Somos tripulaciones a la deriva abandonadas.


EL RECUERDO

No es el recuerdo plano, sino volumen,
ardiente iconoesfera teológica del pasmo,
catatonía de regresos fallecidos,
retorno sin fronteras, dios del olvido.

No es el recuerdo sino repesca sin límites,
engaño de la imagen, historia del desgaste,
crónica del pasado, archivo sutil.

Hay algo que contar y descontamos,
hay algo que se escapa y escapamos.
No es el recuerdo sino foto velada.
Pero tan útil, tan necesaria.

La noria se sucede, nos sucedemos lentos,
eternizamos el pasado. ¿Está tan muerto?
Prolongamos fetiches. Son las ideas.

E inventamos el ocio como relleno,
complejos nos hilamos, tapiz interminable
se afanan hilanderas de tez reseca,
se devana el pasado con su arabesco.


Nota de la Redacción: Estos poemas pertenecen al recién aparecido libro del escritor y poeta Felipe Aranguren, Memorias del no poder (Carena, 2008). Queremos hacer constar nuestro agradecimiento al director de Ediciones Carena, José Membrive, por su gentileza al facilitar su publicación en Ojos de Papel.


 

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