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Opinión/Cartas al director
Precisiones acerca del artículo Origen africano del antiguo Egipto y del renacer cultural en Grecia
Por Carta, domingo, 2 de marzo de 2008
Sr. Director:

Sobre el texto titulado Origen africano del antiguo Egipto y del renacer cultural en Grecia, obra de D. Eugenio NKogo Ondó, quisiera hacer el siguiente comentario:

Aquí en Grecia, no he conocido a nadie que deje de reconocer el hecho histórico de que Tales, Pitágoras, Arquímides y casi todos sus grandes hombres y mujeres (no olvidemos a Sapfó y a las Eteras...) del pensamiento moderno tuvieron en Egipto a sus maestros. No obstante, creo que no es demérito alguno el hecho de haber sido capaces de comprender, descifrar y aplicar unos escritos jeroglíficos que sí, estaban en la Biblioteca de Alejandría, pero que habían estado allí, incomprendidos durante 2.000 años... y lo más importante, no sólo fueron capaces de comprender las implicaciones de esos papiros sino además de explicarlos nuevamente al mundo. ¿Acaso el mérito hay que darlo sólo al maestro y nada al alumno, sobre todo si es aventajado?

Por otro lado, me parece un tanto redundante reafirmar la africanidad de Egipto, pues sin lugar a dudas, geográficamente Egipto siempre ha estado en África, luego, sin lugar a dudas, su cultura es africana en ese sentido. Lo que me ha sorprendido es la reivindicación de la negritud de los faraones, ¿qué importancia tiene cuál sea el color de la piel, aunque sea la de un Faraón?

Por otro lado, el libro se refiere al esclavismo moderno que han padecido los pobladores pobres de Africa, pero es indudable que también las pirámides de Egipto, esas construcciones faraónicas, fueron posible, según todos los indicios históricos, gracias a un modo de esclavismo capaz de reclutar las ingentes masas humanas que las hicieron materialmente, además de las excelencias técnicas en el trazado de los planos.

Me parece que el objeto del pensamiento humano, de la investigación histórica, es avanzar en el conocimiento del mundo y no en reivindicar una superioridad de un color sobre otro apoyándose en si el origen de la cultura moderna era negro, blanco o amarillo.

Somos una insignificante partícula en un universo desconocido. No malgastemos este breve espacio de tiempo que nos toca intentando justificar nuestro ridículo orgullo.

Cordialmente,
Sergio Martínez
Atenas (Grecia), 20 de febrero de 2008


 

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