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Opinión/Editorial
Huida hacia adelante
Por ojosdepapel, jueves, 01 de febrero de 2007
A pesar de los titubeos iniciales y de su desaparición del escenario político durante varios días mientras se refugiaba en el Coto de Doñana tras el atentado terrorista del 30 de diciembre en el aeropuerto de Madrid, se va confirmado que la ambigüedad en las declaraciones del día 31 del presidente Rodríguez Zapatero no fue consecuencia de la precipitación o falta de cálculo producida por la conmoción pública y personal, sino fruto de una deliberada apuesta por seguir en la misma línea de conducta que tan nefastos resultados ha dado hasta ahora.
Instalado en su particular noción del “optimismo antropológico” y a caballo de la percepción de que la realidad puede ser modificada en función de los buenos sentimientos y la nobleza de los objetivos, concepción que le veda reconocer la verdadera naturaleza de la banda terrorista con la que trataba de llegar a un “acuerdo de paz”, José Luis Rodríguez Zapatero persiste en su estrategia. Sólo que ahora ya no puede remitirse a unos hechos que respaldaban su apuesta, los tres años sin víctimas mortales, ni tampoco cuenta con la baza de reclamar la confianza ciega de la sociedad por su conocimiento cabal de la situación, producto de una supuesta información privilegiada que atesoraba sobre el “proceso”.

En estos momentos, la táctica se fundamenta en apelar a los resortes emocionales de la sociedad. De ahí la machacona repetición de su abnegado afán de búsqueda de la “paz” por la vía del “diálogo” para acabar con la “violencia” mediante la creación de un frente más amplio de fuerzas políticas y organizaciones sociales que respalden el “proceso de paz” frente a los intransigentes. Estos aparecen representados por el Partido Popular y las iniciativas cívicas vascas que ciñen el objetivo de la lucha antiterrorista a términos tan meridianos como la preservación de la libertad, la aplicación de las leyes por el Estado de Derecho y la perseverancia en la lucha por el desmantelamiento de la banda terrorista, con la que sólo se dialogará para encauzar su liquidación sin contraprestación política alguna.

Aupado por las encuestas, por el apoyo de algunos grupos políticos que actúan como comisionistas del terror y por lo que se conciben como errores y tremendismos del líder del PP en el debate del 15 de enero en el Parlamento, Rodríguez Zapatero se ha vuelto a equivocar de enemigo. Su acción política de nuevo se ha encaminado a mostrar el aislamiento de una derecha supuestamente empecinada en negar toda posibilidad de alcanzar la “paz” por medio del “dialogo”, mientras que él se ofrece de forma victimista, exponiéndose a la mala fe de sus críticos sin responderles, prueba de su altruismo y desinterés, a llegar al ansiado objetivo del “fin de la violencia”. La explotación del efectismo sensiblero para apelar a los sentimientos más generosos de la ciudadanía no puede ser más obvia.

El presidente Zapatero se equivoca confundiendo al adversario político, sobre el que centra todos los focos y la atención, con el enemigo, y deja que éste, el verdadero, es decir, el entramado terrorista, entienda que los contactos van a continuar pese al mortal y destructor atentado de Barajas, lo que, a fin de cuentas, les da la razón en su apreciación de que se pueden combinar los actos de presión terrorista más extrema con la prosecución de las líneas de comunicación y, a la postre, los acuerdos de los que han venido tratando los representantes del gobierno en las reuniones con los etarras: creación de una mesa de organizaciones vascas que decida el futuro político del País Vasco, previa a la otra mesa destinada a “desmilitarizar el conflicto”, con lo que ETA podrá vigilar la marcha del “proceso”; la aceptación del “derecho de los vascos a decidir”, lo que no implica la puesta en marcha inmediata de esa atribución; y la aplicación de una fórmula legal que abra la incorporación (léase anexión) de Navarra a la naciente Gran Euskal Herria.

Las investigaciones periodísticas desde todos los medios que se han preocupado por indagar con rigor sobre el tema, testimonian que estos han sido los temas abordados en los contactos habidos durante los últimos tiempos entre los intermediarios del gobierno y los representantes de la banda. También son los que explican las causas del atentado. ETA, que es una organización terrorista de carácter e ideología totalitaria, no va a someterse a juegos de equívocos ni maniobras de distracción, por lo que echará mano del crimen político para presionar, sobre todo cuando se ha percatado de que la continuidad del PSOE al frente del Gobierno, al prescindir desde un principio del apoyo del otro gran partido, está en sus manos. Lo demostró sobradamente con el golpe asesino asestado en la T4, que hizo tambalear al Gobierno y a su presidente.

Por otra parte, Rodríguez Zapatero también se equivoca de amigos. Prácticamente todos, en especial ERC y PNV, están de acuerdo en que el terrorismo nacionalista vasco obedece a un conflicto histórico y que, por tanto, no debe haber vencedores ni vencidos. Además, serían beneficiarios directos, como tantas veces en el pasado, en caso de que se produjese una negociación política que reconozca mayores derechos (como el de la autodeterminación) a sus territorios de referencia. Son, en consecuencia, parte interesada, ya que sus objetivos, aunque rechacen los medios violentos para alcanzarlos, coinciden plenamente con los de ETA.
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