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Opinión/Editorial
“Primero la paz y luego la política” (José Luis Rodríguez Zapatero)
Por ojosdepapel, viernes, 07 de julio de 2006
José Luis Rodríguez Zapatero, faltando al compromiso público y formal de anunciarla ante el Congreso de los Diputados, cominicó la apertura de un proceso de negociaciones con la banda terrorista ETA. Al tiempo, los representantes de su partido en el País Vasco, el PSE, se han reunido con miembros del entorno político etarra, en especial HB, haciendo así explícito el reconocimiento de éste como interlocutor político, sin que antes hayan condenado la violencia o efectuado cualquier gesto que autorizara moralmente dicha reunión con el brazo político ilegalizado de un grupo terrorista que ha asesinado a más de 800 personas en los últimos 40 años, en su mayoría durante el período democrático.
Al gobierno y su presidente les asiste, ahora que está declarada una tregua, todo el derecho y tienen la obligación de alcanzar acuerdos para llegar a una situación de normalización de la vida política en el País Vasco que excluya la violencia y la coacción. Para eso es necesario dialogar con los terroristas con objeto de tramitar la forma de poner punto final a su actividad, es decir, el desarme, la entrega o inutilización de las armas y la liquidación de toda la infraestructura necesaria para la práctica del terror. A cambio, el gobierno puede ofrecer toda la gama de beneficios penintenciarios de cumplimiento inmediato o gradual, según los casos, a los presos que no tengan delitos de sangre y el acercamiento del resto a cárceles situadas en las proximidades del lugar de nacimiento. También se puede tratar de las circunstancias del retorno de los que viven en el extranjero y de las garantías para unas condiciones de vida dignas.

Por el contrario, no se puede pagar ningún precio político porque dejen de matar. El concepto abstracto de la paz no puede ser la cobertura de ninguna cesión. El Estado de Derecho, las fuerzas políticas y la sociedad civil vasca no han luchado por la paz, sino por la libertad, por el derecho a que nadie imponga sus criterios por la fuerza, separar, pues, la noción de paz de la de libertad no es más que un ejercicio de oportunismo para descalificar las críticas.

Es cierto que Rodríguez Zapatero y sus delegados han de jugar con la ambigüedad para facilitar el trabajo de aquellos que dentro del bando de los terroristas apuestan decididamente por el abandono de las armas, pero el problema es que su desleal comportamiento con la oposición, el continuo flujo de mentiras y las manipulaciones le han enajenado tanto el apoyo de los populares y sus medios de comunicación afines como, lo que es más significativo, casi definitivo, de sectores de la opinión pública no interesados en un aprovechamiento político de las dificultades del gobierno ni de un posible ulterior fracaso.

Dado el comportamiento de la actual cúpula socialista, negociando con representantes del mundo etarra justo después de proponer y firmar el Pacto Antiterrorista –que vedaba cualquier tipo de contacto--, desarrollando consciente o inconscientemente un programa de revisión constitucional que pone en peligro las bases del actual sistema político regido por la Constitución de 1978, retrotrayendo parte del debate público al cuestionamiento de la Transición a través del contradictorio sintagma de la “recuperación de la memoria histórica”, resulta extremadamente difícil confiar en que sus iniciativas respondan fielmente a las ansias de normalización del conjunto de la sociedad que busca el fin del empleo de la violencia para alcanzar objetivos políticos y la consolidación de un marco político verdaderamente democrático en el País Vasco para que los perseguidos, los que han apoyado y apoyan la aplicación de la Constitución y el Estatuto, puedan desarrollar su actividad sin coacciones de ningún tipo y en igualdad de condiciones que las demás fuerzas políticas.

Desde aquí, queremos adherirnos a la declaración de la Iniciativa Ciudadana Basta Ya (San Sebastián, 30 de junio de 2006) tras el anuncio del presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, del inicio del diálogo con ETA:

1. Apoyamos el diálogo con ETA para tratar, exclusivamente, del final del terrorismo. Pero recordamos que ningún tema político debe discutirse ni con la banda ni con Batasuna. En este sentido, lamentamos la indefinición de los objetivos del diálogo expresados en la declaración presidencial del 29 de junio.

2. Consideramos que cualquier propuesta de reforma política debe quedar claramente separada del final de la violencia, que debe ser incondicional. Aceptar cambios políticos a cambio de la paz equivale a admitir que el terrorismo tiene reivindicaciones válidas.

Encontramos ambigua la declaración presidencial cuando invita a un “acuerdo político que recoja el pluralismo” de la sociedad vasca, como si el Estatuto de Guernica no recogiera el pluralismo, y cuando anuncia que “el Gobierno respetará las decisiones de los ciudadanos vascos que adopten libremente”, algo demasiado parecido al “ámbito vasco de decisión” nacionalista que pretende imponer decisiones particulares en asuntos de interés general para toda España.

3. Nos oponemos a las “mesas de partidos” extraparlamentarias. Son en sí mismas un pago político a ETA, ignoran la voluntad popular expresada en las elecciones, sustituyen al Parlamento y devalúan las instituciones democráticas que el terrorismo ha querido destruir.

Insistimos en que el PSE no debe reunirse con Batasuna, partido prohibido por complicidad con el terrorismo. Es completamente contradictorio afirmar que se mantendrá vigente la Ley de Partidos, y a la vez anunciar la decisión de violarla.

4. Pedimos al Gobierno, a las instituciones y a los partidos democráticos que defiendan a los tribunales de Justicia de los ataques que reciben estos días en nombre de la paz. Reclamamos respeto a la independencia judicial en entredicho, a la igualdad jurídica de todos los ciudadanos, y a la lucha contra la impunidad de los responsables y colaboradores en delitos terroristas como la extorsión económica, la kale borroka o las amenazas, que persisten en la actualidad.

5. El objetivo del proceso de final del terrorismo es restaurar la democracia en el País Vasco, consolidar las instituciones democráticas en toda España, sin excepciones territoriales o de partido, y asegurar el ejercicio de las libertades y el derecho a la justicia a todos los ciudadanos por igual. Ni la justicia que reclaman las víctimas ni las libertades básicas que hemos defendido contra los terroristas pueden olvidarse para conseguir una paz tutelada por ETA.

Iniciativa Ciudadana ¡Basta Ya! apoya el diálogo para conseguir la disolución de ETA y restablecer las libertades y la igualdad de todos los ciudadanos, pero no aceptamos ninguna reforma encubierta del marco político para adecuarlo a las exigencias terroristas, disfrazado de “proceso de paz”.
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