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Disitintivo de Acción Nacionalista Vasca (ANV), partido nacido en los años 30

Disitintivo de Acción Nacionalista Vasca (ANV), partido nacido en los años 30


Opinión/Editorial
La esvástica euskonazi y el derecho al sufragio
Por ojosdepapel, domingo, 06 de mayo de 2007
El Gobierno está enfrascado en el empeño dejar una puerta abierta para que, mediante el acceso a las instituciones por vía electoral, los miembros del brazo político de ETA acaben por separarse de la organización terrorista apostando por la moderación, y, por encima de todo, evitar atentados. Pero tanto el actual “proceso de paz” como antaño fueran las treguas tácticas, no son más que instrumentos del grupo terrorista en la búsqueda de sus objetivos capitales, la anexión de Navarra, la independencia y, finalmente, la construcción de un estado-nación bajo criterios étnico-culturales.
El Gobierno está enfrascado en el empeño dejar una puerta abierta para que, mediante el acceso a las instituciones por vía electoral, los miembros del brazo político de ETA acaben por separarse de la organización terrorista apostando por la moderación, y, por encima de todo, evitar atentados. Pero tanto el actual “proceso de paz” como antaño fueran las treguas tácticas, no son más que instrumentos del grupo terrorista en la búsqueda de sus objetivos capitales, la anexión de Navarra, la independencia y, finalmente, la construcción de un estado-nación bajo criterios étnico-culturales.

Estos son los hechos que van quedando definitivamente claros, sobre todo si el Gobierno vence el vértigo de hacer comulgar con ruedas de molino a la sociedad española forzándola a que acepte la vuelta a la legalidad de Batasuna, ahora camuflada en las listas de las agrupaciones municipales, en Abertzale Socialisten Batasuna (ASB) o en Acción Nacionalista Vasca, Parece ser que la estrategia electoral etarra, una vez sacrificadas las liebres con las que distraer la atención de público y medios de comunicación, haciendo creer que con ese maremágnun de candidaturas se puede transgredir la legalidad poniendo a prueba la voluntad política de las autoridades, se decanta por ANV, un partido que lleva años de vida mortecina, que era del todo inexistente en el espacio público hace un mes, sin apenas militantes y recursos, y que en un brevísimo lapso de tiempo ha podido presentar decenas y decenas de candidatos y concentrar la atención mediática española e incluso internacional. Pese al cúmulo de pruebas que se apiñan ante sus mismas narices demostrando que ANV no es más que otro disfraz de Batasuna, gracias a las autoridades políticas, a la fiscalía y a algunos jueces, es muy posible que la nueva esvástica, esta vez de ángulos redondeados, vuelva a ser ondeada con orgullo en tierras europeas. Hasta ahí llega, entre grandes dosis de tragedia y ridiculez, la estrategia del apaciguamiento que ha seguido José Luis Rodríguez Zapatero.

Hasta ahora el Gobierno no ha podido conseguir en sus negociaciones y contactos secretos con ETA-Batasuna que la rama política condene el empleo de la violencia como instrumento político, pero se empeña en mantener las expectativas. Y todo pese al duro golpe de Barajas, con resultado de dos asesinatos en la T-4, a soportar el desgaste añadido de la excarcelación del asesino en serie Ignacio de Juana Chaos (primero, dijo Rubalcaba, que era por una cuestión humanitaria, para finalmente reconocer que fue “para evitar males mayores”, es decir, atentados) y a la exculpación de Otegui. No obstante, lo más grave ha sido descubrir con meridiana claridad, tras la captura del comando Donosti, que ETA se ha estado rearmando, entrenando y formando comandos desde el primer día de la actual tregua, persistiendo en las operaciones destinadas a la extorsión económica de los empresarios y efectuando seguimiento de personas muy significadas por su lucha por la libertad con objeto de atentar contra ellas.

¿A qué juega Rodríguez Zapatero? Es evidente que no quiere atentados que perjudiquen los resultados de las próximas elecciones, por lo que parece quedar claro que, de una u otra forma, los representantes políticos de ETA van a estar presentes en las instituciones locales si son elegidos. Quizá el Gobierno espere que esta operación permitirá anular políticamente la influencia de ETA sobre sus organizaciones satélites y los líderes que las dirigen. También puede ser que, atado como está de pies y manos por el curso que ha seguido el “proceso”, trate de aminorar daños, atribuyendo las culpas del fracaso a la férrea oposición del PP y de las organizaciones cívicas, tanto las de víctimas del terrorismo como las iniciativas vascas.

Por último, el Gobierno constata con cierta tranquilidad cómo las encuestas por ahora no le trasladan la responsabilidad de un más que probable fracaso, para lo que fuerza la máquina propagandística y publicitaria incidiendo machaconamente en la nobleza de sus intenciones y en la grandeza de miras del presidente (la paz), como si los medios (cesiones políticas, mentiras sobre la verificación de las ansias de paz de los etarras, arrinconamiento de la única oposición, humillación de las víctimas e intento de desarticular al movimiento vasco que lucha contra el nacionalismo etnicista) justificaran un fin imposible por la misma naturaleza de dichos medios.

Porque la democracia es imposible cuando pasa por la derrota y el menosprecio de los demócratas vascos, así de sencillo. Y no hay democracia cuando se autoriza que un sector de la población, que desea votar al nacionalismo radical, teniendo opciones ultranacionalistas y de izquierdas como Aralar o EA, con un programa idéntico al de Batasuna, desea dar su sufragio a quienes políticamente representan a ETA, es decir, a los partidarios de la violencia que impone, con la amenaza de usar sus pistolas y explosivos, un determinado programa siguiendo un concreto y excluyente camino que reduce las posibilidades de los competidores electorales al mínimo, amenazando su vida y sus propiedades.
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