Director: Rogelio López Blanco      Editora: Dolores Sanahuja      Responsable TI: Vidal Vidal Garcia     
Historial de visitas

· Yokai, monstruos y fantasmas en Japón, de Andrés Pérez Riobó y Chiyo Chida (Satori, 2012) (Visitas 1)
· Entrevista a Maribel Juan Fernández, autora de Ruperta (Visitas 1)
· Madrid culpable (I) (Visitas 1)
· Django desencadenado. Tarantino, el southern y el inicio de la abolición de la esclavitud (Visitas 1)
· De censuras, chalados y cartas indianas (Visitas 1)
· Entrevista a Blas Gallego, autor de Donde anidan los sueños (Visitas 1)
· Ana María Navales: El final de una pasión (Visitas 1)
· Federico de Onís: Antología de la poesía española e hispanoamericana (1882-1932) (Renacimiento, 2012) (Visitas 1)
· Entrevista a Merche Rodríguez, autora de Colgados ;-) Emociones en la red: "Quedarse en la Red no conduce a nada positivo" (Visitas 1)
· Entrevista a José Membrive, autor de El Homo Transcendente (Ediciones Carena, 2013) (Visitas 1)
· ¡El populismo ha muerto, larga vida al populismo! (Visitas 1)
· La maldición del deseo: Sensación de vértigo, de Ángel Rupérez (Izana Editores, 2012) (Visitas 1)
· La Alianza de Civilizaciones y el discurso culturalista de la izquierda (Visitas 1)
· Mario Vargas Llosa y Fernando Savater en Buenos Aires: los ecos de una polémica absurda (Visitas 1)
· Siempre hemos vivido en el castillo de Shirley Jackson: un “nuevo” clásico de la literatura estadounidense del siglo XX (Minúscula, 2012) (Visitas 1)
· Oscar Wilde: Impresiones de Yanquilandia (Rey Lear, 2012) (Visitas 1)
· Caída y auge de Reginald Perrin, de David Nobbs (Impedimenta, 2012) (Visitas 1)
· Conflictos étnicos y gobernabilidad: Guinea Ecuatorial (Visitas 1)
· E. E. King: La guía de Dirk Quigby al más allá (Visitas 1)
· El hombre menos alemán del mundo: a propósito de la reedición de Alemania: impresiones de un español (Renacimiento, 2012), de Julio Camba (Visitas 1)
· César debe morir, película de los hermanos Paolo y Vittorio Taviani (Visitas 1)
· Entrevista a Zamir Bechara, autor de Naranjo amargo (Visitas 1)
· La farsa valenciana. Los personajes del drama (Visitas 1)
· Barack Obama: marea alta, marea baja (Visitas 1)
· La retirada de las tropas salvadoreñas de Iraq: una historia sin fin concluyente (Visitas 1)
· Unión, Progreso y Democracia (Visitas 1)
· Tropas de El Salvador en Irak. 2003-200? (Visitas 1)
· Juan Jacinto Muñoz Rengel: El sueño del otro (Plaza y Janés, 2013) (Visitas 1)
· Ángel Rupérez: Sensación de vértigo (Visitas 1)
· Entrevista a Martín-Loeches: “Todo, absolutamente todo, está en el cerebro” (a propósito del libro El cerebro de Buda. La neurociencia de la felicidad, el amor y la sabiduría) (Visitas 1)
· Entrevista con Martín Caparrós, autor de Los Living: “Escribir una novela es el único antídoto que conozco frente al caos del mundo” (Visitas 1)
· México después de la pesadilla: los grandes temas de la campaña presidencial (Visitas 1)
· The King of the Limbs, CD de Radiohead (Visitas 1)
· The Witmark Demos, CD de Bob Dylan (Visitas 1)
· Entrevista a Bárbara Alpuente, autora de Más allá de mí: "Si cuentas contigo no hay soledad" (Visitas 1)
· Entrevista a Víctor Charneco, autor de Devuélveme a las once menos cuarto (Visitas 1)
· Guía multimedia de Ámsterdam (Visitas 1)
· Ayaan Hirsi Ali y los límites del multiculturalismo (Visitas 1)
· Este no es mi bombín (milrazones, 2013), de J. Klassen, un tractatus ironicus (Visitas 1)
· A Foot in the Door, CD de Pink Floyd (Visitas 1)
· El proyecto de la España plural y los aliados políticos del partido socialista (Visitas 1)
· Madero y la guerra de Calderón: una forma de reescribir a medida la historia de la democracia y la Revolución mexicana (Visitas 1)
· Tres maneras de estar sola: Mascha Kaléko (Visitas 1)
· Letter to the Lord, CD de Irma (Visitas 1)
· Entrevista a Pere Puiggròs, autor de Huevos Ana (Visitas 1)
· Contrabendo, CD de Calvin Russel (Visitas 1)
· Banga, CD de Patti Smith (Visitas 1)
· El humanista Said (*) (Visitas 1)
· Los habitantes del bosque, de Thomas Hardy (Impedimenta, 2012) (Visitas 1)
· El Homo Transcendente (Visitas 1)
· Elisabeth Bowen: La muerte del corazón (Impedimenta, 2012) (Visitas 1)
· The Artist, película de Michel Hazanavicious (Visitas 1)
· Riesgos de la discordia en México (Visitas 1)
· Cuba: antes y después de la crisis de Castro. Alternativas para España (Visitas 1)
· Aquí, Smiley: El topo de Tomas Alfredson (Visitas 1)
· Percepciones norteamericanas de las evoluciones políticas en América Latina (Visitas 1)
· México, D.D.O. (Visitas 1)
· ¿Repensar el islam? (Visitas 1)
· Álvaro Petit Zarzalejos: Once noches y nueve besos (Visitas 1)
· Medios de comunicación y globalización (Visitas 1)
· Kepa Murua: 1996-2004. Los pasos inciertos (milrazones, 2012) (Visitas 1)
· Roberto Arlt: El criador de gorilas (Ediciones del Viento, 2012) (Visitas 1)
· Abandoneado, CD de Luis Caruana (Visitas 1)
· Los temores de Hugo Chávez al fuego amigo: del acoso a la oposición a evitar deserciones bolivarianas (Visitas 1)
· Zygmunt Bauman: Sobre la educación en un mundo líquido (Paidós, 2013) (Visitas 1)
· Un amigo de Dios: memoria y nostalgia de Tolkien (Visitas 1)
· La izquierda en México (Visitas 1)
· La enfermedad de Hugo Chávez y el gobierno de Venezuela (Visitas 1)
· Bolivia: ¿Quiénes están contra Álvaro García Linera? (Visitas 1)
· La Constitución europea: de entrada sí (Visitas 1)
· El mensaje del muerto, de Florence Marryat (Alba, 2012) (Visitas 1)
· Parque Natural de las Dunas de Corrubedo (Galicia) (Visitas 1)
· La historia y la fatalidad. Lecciones breves de Albert Camus (Visitas 1)
  • Novedades

  • Cine

  • Sugerencias

  • Música

    Living Proof, CD de Buddy Guy (por Marion Cassabalian)
  • Viajes

  • MundoDigital

    Por qué los contenidos propios de un web son el mayor activo de las empresas en la Red
  • Temas

  • Blog

  • Creación

  • Recomendar

    Su nombre Completo
    Direccción de correo del destinatario
Albert Camus: <i>El extranjero</i> (1942)

Albert Camus: El extranjero (1942)




Tribuna/Tribuna libre
La historia y la fatalidad. Lecciones breves de Albert Camus
Por Justo Serna, jueves, 1 de agosto de 2013
«Su mirada no vacilaba. Tampoco su voz cuando me dijo: “¿No tiene, pues, ninguna esperanza y vive con el pensamiento de que va a morir totalmente?”. “Sí”, respondí.»
Albert Camus, El extranjero (1942).

“El periodista es, de entrada, un hombre a quien se atribuyen ideas; luego, alguien encargado de informar al público sobre los acontecimientos de la víspera. Un historiador de la realidad diaria cuya primera preocupación es la verdad”, dice Albert Camus con palabras mil veces repetidas. “Pero no hay nada más difícil”, apostilla Jean Daniel en su libro Camus. A contracorriente (2008), “pues los historiadores tienen la ventaja de la perspectiva, de la que carece el periodista: además, si quiere ser objetivo, se le imponen, más que a cualquier otro, ciertas exigencias penosas, pues carecen de brillantez: la prudencia, el relativismo, la sangre fría”, concluye resignadamente Jean Daniel.

No sé si puedo convenir con Daniel: opone las gravosas exigencias del periodista a las comodidades del historiador. Mientras el reportero se las tendría que ver con hechos inmediatos, con un presente convulso que no acaba de pasar, el investigador podría demorar su respuesta gracias al tiempo transcurrido: miraría de lejos. ¿Pero cuándo creemos tener perspectiva? ¿Cuándo creemos disponer de suficiente tiempo para analizar los hechos con prudencia, con relativismo, con sangre fría?

 

Hay una célebre fotografía de Albert Camus. Es una de las imágenes más famosas que de él se han difundido: pertenece a la Hulton-Deutsch Collection/Corbis.

 

 

Milagrosamente, Camus no está fumando, pero –como siempre– le vemos agitando sus manos inquietas. Las tiene abiertas, con el gesto característico de quien argumenta, de quien se expresa, de quien razona para preguntarse o persuadir. La mirada –que no se centra en el objetivo-- revela que hay un tercero, alguien fuera de campo a quien se dirige con firmeza, con convicción. Los de Camus no son los ojos de un fanático, sino los de un tipo inquisitivo, torrencial. El literato está sentado, espera –pues lleva el abrigo puesto–, pero no aparece relajado, sino en guardia, a la expectativa, en combate: esa palabra que tanto empleó para oponerse al espíritu del tiempo, de su tiempo. Está dispuesto a saltar en cualquier instante para enfrentarse al sentido común y a la pereza.

 

Ahora, cincuenta y tantos años después de la muerte de Camus, Jean Daniel cree disponer ya de suficiente perspectiva para analizar sus actitudes y sus posiciones, las de su viejo amigo. ¿Cómo obra? ¿Cómo periodista, como historiador, como biógrafo? En realidad, lo que Jean Daniel hace es una autobiografía, el examen del periodista que aún es (tras ochenta y tantos años de vida activa), la rendición de cuentas de quien fundó Le Nouvel Observateur. Toma a Camus como el espejo que le devuelve la imagen del reportero irreprochable que Daniel aún quiere ser. Por eso nos recuerda las obligaciones del periodismo, obligaciones que copia de Camus: “1. Reconocer el totalitarismo y denunciarlo. 2. No mentir, y saber confesar lo que se ignora. 3. Negarse a dominar. 4. Negarse siempre y eludiendo cualquier pretexto a toda clase de despotismo, incluso provisional”.

 

Esta lección, ¿es fruto de la perspectiva, de esa distancia que el historiador ya tiene? No. El historiador puede no reconocer el totalitarismo y, por tanto, puede no denunciarlo; es capaz de mentir y, por tanto, es capaz de ocultar lo que ignora. De hecho, puede contribuir a la dominación y puede facilitar el despotismo. No son pocas las ocasiones en que los periodistas facilitan el desastre: en busca de una exclusiva han cometido errores, cierto, pero sobre todo han llegado a falsear una información. Asimismo, los historiadores  no han sido menos calamitosos: en busca de una verdad urgente han dejado de consultar documentos, cierto, pero sobre todo han llegado a manipular su sentido.

 

La deontología del periodista y la del historiador se asemejan: ambos han de obrar con lucidez instantánea buscando siempre precaria pero honestamente el significado de las cosas. Hemos de estar dispuestos a enfrentarnos a la corrupción del tiempo, al espíritu del tiempo. ¿Diciendo siempre la verdad? No, no. Camus no esperaba tanto de nosotros. En realidad, los periodistas o los historiadores deberíamos ser menos pretenciosos: no somos caballeros de la verdad, sino oficiantes de la pequeña exactitud. Aspiramos al rigor humano.  Hemos de proponernos algo modesto: no mentir, no confundir conscientemente, no justificar. Documentarnos. Pero también hemos de evitar la vanidad de quien llega al lugar de los hechos sabiéndolo todo: esa arrogancia tan frecuente del periodista informado o del historiador que se cree dueño del tiempo; esa jactancia de quien ha vivido más tarde sintiéndose capaz de juzgar los errores y los empecinamientos de sus contemporáneos o de sus antepasados. No somos dioses. ¿Qué hacemos?

 

Albert Camus se toma en serio la advertencia de Friedrich Nietzsche: Dios ha muerto y, por tanto, somos seres privados de Eternidad. De entrada, todo es absurdo, pero a la vez puede ser doblegado… ¿Es posible aspirar a la santidad sin un ser trascendente que nos vigile? Camus se toma en serio la conclusión a la que llega Fiódor Dostoievski. ¿Si Dios ha muerto, todo está permitido? Evidentemente no, se responde Camus. Hay un empeño por ser, por ser feliz, por ser humano, tratando de averiguar en qué consiste esa condición ahora y aquí. Hay un esfuerzo por vivir el presente sin fantasías reparadoras, sin esperanzas ni compensaciones ni fatalidades. Hay un propósito, el de no refugiarse en un pasado consolador. ¿Qué queda? ¿El nihilismo de un presente inacabable? Meursault, el protagonista de El extranjero (1942) admite de manera instintiva que la vida transcurre en un instante: sin porvenir que salve, sin esperanza que alivie.

 

Es posible apechugar con la existencia viviéndola dignamente, asumiendo  la contingencia y la finitud. El historiador y el periodista han de luchar contra la mentira, contra esas fantasías reparadoras. ¿Y por qué ellos en particular? Porque manejan la información del presente y del pasado, porque convierten el puro dato de la existencia en sentido concreto y exhumación de contexto. Las circunstancias de un hecho dan significado: nadie como ellos – los periodistas o los historiadores– puede hacer más daño. Si se proponen mistificar valiéndose de contextos aberrantes o de religiones secularizadas, los periodistas y los historiadores no tienen igual. ¿Frente a ello, qué cabe? Como antes señalaba, la meta no es decir siempre la verdad, la arrogancia absoluta de decirla: aquello de lo que no siempre podemos estar seguros. El objetivo es más modesto: tantear lo que creemos que es cierto, proponernos no mentir expresa y deliberadamente. En fin, la meta que nos dignifica después de la muerte de Dios es no agravar el estado del mundo, no incrementar sus desdichas. No es poca cosa. No es poca cosa leer a Camus a contracorriente: “…purgado del mal, vaciado de esperanza, ante esta noche cargada de signos y de estrellas me abría por vez primera a la tierna indiferencia del mundo”.
  • Suscribirse





    He leido el texto legal


  • Reseñas

  • Publicidad

  • Autores