Director: Rogelio López Blanco      Editora: Dolores Sanahuja      Responsable TI: Vidal Vidal Garcia     
Historial de visitas

· La obra Cerrando el círculo, de José Luis Villar nos propone un regreso al humanismo pleno (Visitas 1)
· Luis Anguita Juega como fenómeno extraliterario. Un autor en busca de la esperanza (Visitas 2)
· Adiós a las almas, las memorias de un escritor que fue sacerdote: Francisco Pérez Gutiérrez (Visitas 2)
· Huevos Ana, en mundo que se desconfigura (Visitas 2)
· El juego social. Moral o conveniencia, de Muakuku Rondo Igambo: Cómo salvaguardar el equilibrio entre interés social e individual (Visitas 2)
· Devuélveme a las once menos cuarto de Víctor Charneco: cuando los sueños se apoderan de la realidad (Visitas 1)
· Muerte dentro de la muralla santa, de Eva Noroña (Visitas 2)
· Precisiones acerca del artículo Origen africano del antiguo Egipto y del renacer cultural en Grecia (Visitas 1)
· Siempre habrá un lugar para soñar, de Luis Anguita: una declaración de amor entre la literatura y la vida (Visitas 1)
· Justo Serna: La imaginación histórica. Ensayo sobre novelistas españoles contemporáneos (Fundación José Manuel Lara, 2012) (Visitas 1)
· Federico de Onís: Antología de la poesía española e hispanoamericana (1882-1932) (Renacimiento, 2012) (Visitas 1)
· Wrecking Ball, CD de Bruce Springsteen (Visitas 3)
· Elecciones 2008: Primarias (Visitas 2)
· Oscar Wilde: Impresiones de Yanquilandia (Rey Lear, 2012) (Visitas 1)
· Zygmunt Bauman: Sobre la educación en un mundo líquido (Paidós, 2013) (Visitas 1)
· El sombrero del cura, de Emilio de Marchi, novela precursora del ‘giallo’ italiano, vuelve a publicarse en España más de un siglo después (Visitas 1)
· Galileo y su viaje al centro del Infierno (Visitas 1)
· The Walking Dead. Apocalipsis zombi ya (Errata Naturae, 2012) (Visitas 1)
· Mala, CD de Devendra Banhart (Visitas 2)
· La España gris y oscura, esa desconocida (Visitas 1)
· Let the Dog Drive Home, CD de Teitur (Visitas 2)
· Epistolario de María Zambrano a Gregorio del Campo (Visitas 1)
· El dibujo y la palabra: Dibujos y fragmentos póstumos de Baudelaire (Sexto Piso, 2012) (Visitas 1)
· Las políticas de la historia. (Visitas 1)
· Wise Up Ghost, CD de Elvis Costello and The Roots (Visitas 2)
· Estado y empresa: el caso de Repsol y la expropiación de YPF por Argentina (Visitas 2)
· Henry y Cato, de Iris Murdoch (Impedimenta, 2013) (Visitas 2)
· San Esteban de Gormaz (Visitas 1)
· Charlie Hebdo y los dos salafismos: los mecanismos de construcción del discurso identitario del Frente Nacional francés (Visitas 2)
· Marc Antoni Broggi: Por una muerte apropiada (Anagrama, 2013) (Visitas 2)
· Otras mirada teológicas: Juan José Tamayo, Otra teología es posible. Pluralismo religioso, interculturalidad y feminismo ( Herder, 2012) (Visitas 1)
· La creación de contenidos web en la era de la economía de la atención (Visitas 2)
· Por qué los contenidos propios de un web son el mayor activo de las empresas en la Red (Visitas 2)
· Gloria, película de Sebastián Lelio (Visitas 2)
· La gracia irremediable. Álvaro Pombo: poéticas de un estilo (Visitas 2)
· Entrevista a Francisco Javier Carballo, autor de Circo Ensayo (Visitas 2)
· La historia: caos, orden, proceso y contexto (Visitas 2)
· Fukushima. Vivir el desastre, de Takashi Sasaki (Satori, 2013) (Visitas 2)
· ¿De la tregua permanente a la tregua intermitente? (Visitas 1)
· Vladímir Vysotski: Zona Desmilitarizada (Visitas 2)
· Haruki Murakami: entre oriente y occidente (Visitas 2)
· Paul Preston: El zorro rojo. La vida de Santiago Carrillo (Debate, 2013) (Visitas 2)
· Los ojos del tiempo: José Cereijo, Antología personal (Polibea, 2011) (Visitas 1)
· Thoreau, Ortiz, De Negri, Ellsberg, Sulzberger, Bradlee, Manning, Snowden, et al (Visitas 2)
· ¿Realmente hay motivos para externalizar la gestión de un website? (Visitas 2)
· Segunda edición de la Zombies Walk de Paris (Visitas 1)
· José Fernando Siale DJangany: En el lapso de una ternura (Ediciones Carena, 2011) (Visitas 2)
· Pacto o conflicto en México (Visitas 2)
· Gracias, García Luna: el caso de Florence Cassez y las garantías democráticas en México (Visitas 1)
· Apoyo popular y lucha contra el narcotráfico: los casos de Brasil y México (Visitas 1)
· La modernización del discurso identitario del Frente Nacional francés de Le Pen (Visitas 2)
· Guía de Istria (Croacia) (Visitas 1)
· Los jóvenes cristianos coptos de Egipto usan Facebook para reafirmar su identidad (Visitas 1)
· Vivir (y morir) en bermudas: Los descendientes, de Alex Payne (Visitas 1)
· Acerca de la reseña de Justo Serna de Travesuras de la niña mala, obra de Mario Vargas Llosa (Visitas 1)
· La ciudad de la niebla: a propósito de la reedición de Londres (Reino de Cordelia, 2012), de Julio Camba (Visitas 1)
· Problemas de los inmigrantes africanos en Europa (Visitas 1)
· La balcanización como modelo (Visitas 1)
· Amable Arias: La mano muerta (Lobo Sapiens, 2012) (Visitas 1)
· Adele 21, CD de Adele Atkins (Visitas 1)
· El Dragón y los demonios extranjeros. China y el mundo a lo largo de la historia (Visitas 1)
· Entrevista a Francisco Catena, autor de Por el Cielo, Norma Jeane. El deseo concedido de Marilyn Monroe (Visitas 1)
· César debe morir, película de los hermanos Paolo y Vittorio Taviani (Visitas 1)
· La historia y la fatalidad. Lecciones breves de Albert Camus (Visitas 1)
  • Novedades

  • Cine

  • Sugerencias

  • Música

    Diagnostic, CD de Ibrahim Maalouf (reseña de Marion Cassabalian)
  • Viajes

  • MundoDigital

    Por qué los contenidos propios de un web son el mayor activo de las empresas en la Red
  • Temas

  • Blog

  • Creación

  • Recomendar

    Su nombre Completo
    Direccción de correo del destinatario
Albert Camus: <i>El extranjero</i> (1942)

Albert Camus: El extranjero (1942)




Tribuna/Tribuna libre
La historia y la fatalidad. Lecciones breves de Albert Camus
Por Justo Serna, jueves, 1 de agosto de 2013
«Su mirada no vacilaba. Tampoco su voz cuando me dijo: “¿No tiene, pues, ninguna esperanza y vive con el pensamiento de que va a morir totalmente?”. “Sí”, respondí.»
Albert Camus, El extranjero (1942).

“El periodista es, de entrada, un hombre a quien se atribuyen ideas; luego, alguien encargado de informar al público sobre los acontecimientos de la víspera. Un historiador de la realidad diaria cuya primera preocupación es la verdad”, dice Albert Camus con palabras mil veces repetidas. “Pero no hay nada más difícil”, apostilla Jean Daniel en su libro Camus. A contracorriente (2008), “pues los historiadores tienen la ventaja de la perspectiva, de la que carece el periodista: además, si quiere ser objetivo, se le imponen, más que a cualquier otro, ciertas exigencias penosas, pues carecen de brillantez: la prudencia, el relativismo, la sangre fría”, concluye resignadamente Jean Daniel.

No sé si puedo convenir con Daniel: opone las gravosas exigencias del periodista a las comodidades del historiador. Mientras el reportero se las tendría que ver con hechos inmediatos, con un presente convulso que no acaba de pasar, el investigador podría demorar su respuesta gracias al tiempo transcurrido: miraría de lejos. ¿Pero cuándo creemos tener perspectiva? ¿Cuándo creemos disponer de suficiente tiempo para analizar los hechos con prudencia, con relativismo, con sangre fría?

 

Hay una célebre fotografía de Albert Camus. Es una de las imágenes más famosas que de él se han difundido: pertenece a la Hulton-Deutsch Collection/Corbis.

 

 

Milagrosamente, Camus no está fumando, pero –como siempre– le vemos agitando sus manos inquietas. Las tiene abiertas, con el gesto característico de quien argumenta, de quien se expresa, de quien razona para preguntarse o persuadir. La mirada –que no se centra en el objetivo-- revela que hay un tercero, alguien fuera de campo a quien se dirige con firmeza, con convicción. Los de Camus no son los ojos de un fanático, sino los de un tipo inquisitivo, torrencial. El literato está sentado, espera –pues lleva el abrigo puesto–, pero no aparece relajado, sino en guardia, a la expectativa, en combate: esa palabra que tanto empleó para oponerse al espíritu del tiempo, de su tiempo. Está dispuesto a saltar en cualquier instante para enfrentarse al sentido común y a la pereza.

 

Ahora, cincuenta y tantos años después de la muerte de Camus, Jean Daniel cree disponer ya de suficiente perspectiva para analizar sus actitudes y sus posiciones, las de su viejo amigo. ¿Cómo obra? ¿Cómo periodista, como historiador, como biógrafo? En realidad, lo que Jean Daniel hace es una autobiografía, el examen del periodista que aún es (tras ochenta y tantos años de vida activa), la rendición de cuentas de quien fundó Le Nouvel Observateur. Toma a Camus como el espejo que le devuelve la imagen del reportero irreprochable que Daniel aún quiere ser. Por eso nos recuerda las obligaciones del periodismo, obligaciones que copia de Camus: “1. Reconocer el totalitarismo y denunciarlo. 2. No mentir, y saber confesar lo que se ignora. 3. Negarse a dominar. 4. Negarse siempre y eludiendo cualquier pretexto a toda clase de despotismo, incluso provisional”.

 

Esta lección, ¿es fruto de la perspectiva, de esa distancia que el historiador ya tiene? No. El historiador puede no reconocer el totalitarismo y, por tanto, puede no denunciarlo; es capaz de mentir y, por tanto, es capaz de ocultar lo que ignora. De hecho, puede contribuir a la dominación y puede facilitar el despotismo. No son pocas las ocasiones en que los periodistas facilitan el desastre: en busca de una exclusiva han cometido errores, cierto, pero sobre todo han llegado a falsear una información. Asimismo, los historiadores  no han sido menos calamitosos: en busca de una verdad urgente han dejado de consultar documentos, cierto, pero sobre todo han llegado a manipular su sentido.

 

La deontología del periodista y la del historiador se asemejan: ambos han de obrar con lucidez instantánea buscando siempre precaria pero honestamente el significado de las cosas. Hemos de estar dispuestos a enfrentarnos a la corrupción del tiempo, al espíritu del tiempo. ¿Diciendo siempre la verdad? No, no. Camus no esperaba tanto de nosotros. En realidad, los periodistas o los historiadores deberíamos ser menos pretenciosos: no somos caballeros de la verdad, sino oficiantes de la pequeña exactitud. Aspiramos al rigor humano.  Hemos de proponernos algo modesto: no mentir, no confundir conscientemente, no justificar. Documentarnos. Pero también hemos de evitar la vanidad de quien llega al lugar de los hechos sabiéndolo todo: esa arrogancia tan frecuente del periodista informado o del historiador que se cree dueño del tiempo; esa jactancia de quien ha vivido más tarde sintiéndose capaz de juzgar los errores y los empecinamientos de sus contemporáneos o de sus antepasados. No somos dioses. ¿Qué hacemos?

 

Albert Camus se toma en serio la advertencia de Friedrich Nietzsche: Dios ha muerto y, por tanto, somos seres privados de Eternidad. De entrada, todo es absurdo, pero a la vez puede ser doblegado… ¿Es posible aspirar a la santidad sin un ser trascendente que nos vigile? Camus se toma en serio la conclusión a la que llega Fiódor Dostoievski. ¿Si Dios ha muerto, todo está permitido? Evidentemente no, se responde Camus. Hay un empeño por ser, por ser feliz, por ser humano, tratando de averiguar en qué consiste esa condición ahora y aquí. Hay un esfuerzo por vivir el presente sin fantasías reparadoras, sin esperanzas ni compensaciones ni fatalidades. Hay un propósito, el de no refugiarse en un pasado consolador. ¿Qué queda? ¿El nihilismo de un presente inacabable? Meursault, el protagonista de El extranjero (1942) admite de manera instintiva que la vida transcurre en un instante: sin porvenir que salve, sin esperanza que alivie.

 

Es posible apechugar con la existencia viviéndola dignamente, asumiendo  la contingencia y la finitud. El historiador y el periodista han de luchar contra la mentira, contra esas fantasías reparadoras. ¿Y por qué ellos en particular? Porque manejan la información del presente y del pasado, porque convierten el puro dato de la existencia en sentido concreto y exhumación de contexto. Las circunstancias de un hecho dan significado: nadie como ellos – los periodistas o los historiadores– puede hacer más daño. Si se proponen mistificar valiéndose de contextos aberrantes o de religiones secularizadas, los periodistas y los historiadores no tienen igual. ¿Frente a ello, qué cabe? Como antes señalaba, la meta no es decir siempre la verdad, la arrogancia absoluta de decirla: aquello de lo que no siempre podemos estar seguros. El objetivo es más modesto: tantear lo que creemos que es cierto, proponernos no mentir expresa y deliberadamente. En fin, la meta que nos dignifica después de la muerte de Dios es no agravar el estado del mundo, no incrementar sus desdichas. No es poca cosa. No es poca cosa leer a Camus a contracorriente: “…purgado del mal, vaciado de esperanza, ante esta noche cargada de signos y de estrellas me abría por vez primera a la tierna indiferencia del mundo”.
  • Suscribirse





    He leido el texto legal


  • Reseñas

  • Publicidad

  • Autores