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Amable Arias: <i>La mano muerta</i> (Lobo Sapiens, 2012)

Amable Arias: La mano muerta (Lobo Sapiens, 2012)

    TÍTULO
La mano muerta

    AUTOR
Amable Arias Yebra

    EDITORIAL
Lobo Sapiens

    OTROS DATOS
ISBN- 978-84-92438-41-9. León, 2012. 115 páginas. 12 €



Amable Arias Yebra (foto de Garikoitz Estornés Zubizarreta; fuente: euskomedia.org)

Amable Arias Yebra (foto de Garikoitz Estornés Zubizarreta; fuente: euskomedia.org)

Rogelio Blanco es doctor en pedagogía, licenciado en antropología, en filosofía y letras y diplomado en sociología política (foto gentileza editorial Berenice)

Rogelio Blanco es doctor en pedagogía, licenciado en antropología, en filosofía y letras y diplomado en sociología política (foto gentileza editorial Berenice)


Reseñas de libros/Ficción
Amable Arias: La mano muerta (Lobo Sapiens, 2012)
Por Rogelio Blanco Martínez, martes, 2 de abril de 2013
Es frecuente atender a quienes muestran sus quehaceres en los medios de comunicación, a quienes empeñan su tarea en ser conocidos y citados; también es frecuente ignorar a los creadores atentos a su obra y ajenos a la inmediatez, su urgencia se centra y se cifra en desvelar los interiores de la materia y los propios, en hacer metafísica. Los primeros dicen que hacen “patria” pensándose a sí mismos, ensimismados; los segundos, y sin darse cuenta, construyen “matria”, un ámbito nutriente y sustancial, un hábitat que genera humus, que obliga a mirar hacia adentro, - hacia la tierra-, y hacia el futuro, -la utopía negada, mas posible-.

Amable Arias, (1927-Bembibre -León-, 1984 San Sebastián), un sucedido más del olvido. No tuve la suerte de conocerlo. Los amigos del Instituto de Estudios Bercianos me aproximaron a su obra, poética y pictórica. Antepongo “poética”, pues no sólo es la parte creativa de Amable que primero conozco sino que apoyé para la presente edición fuera posible en el sello leonés Lobo Sapiens; un sello editorial siempre atento y comprometido con los creadores valiosos y menos conocidos de la tierra leonesa. Una vez reconocida la parte creativa literaria puse atención en la pictórica y en la gráfica, quizá la más reconocida de Arias.

 

La mano muerta, en esta nueva edición decidida y comprometidamente agrupada por Maru Rizzo, -la compañera definitiva de Amable-, aporta dibujos, se trata, pues, de una obra que abarca las dos dimensiones más señeras del creador berciano.

Los dibujos aparentemente son trazos sencillos y rápidos, -negro (tinta china) sobre blanco (papel)-, plenos de mensajes y compañeros, que no comparsas, de los poemas. En Amable, dibujos y poemas confirman un todo cargado de mensajes que se apoyan sobre el vértigo que produce el campo blanco, el vacío que hoja en blanco impone.

 

En una primera mirada los dibujos bien pudieran parecer bocetos o recursos semielaborados para obras de mayores dimensiones; mas no, son intencionados, siluetas breves. Sean claros en el bosque o encina solitaria en la estepa manifiestan ser el gozne que ata a la vida. Un puente de resistencia. Si vivir, para todo ser humano, es resistir, en el caso de Amable Arias la resistencia es más exigida y más urgente dada su precaria salud, dada su limitación física. Estas condiciones, a él llegadas dramáticamente desde la niñez, le fueron impuestas, sobrevenidas, un mal regalo de los dioses que se multiplicó con el poco afecto recibido de su padre, mas todo sirvió para que la vida se convirtiera en anhelo y en resistencia. Entre estos dos puntos nace y progresa la fuerza creadora del artista.

 

Sea desde la pintura llegada la inspiración poética, y siempre desde el autodidactismo, la reflexión y las conversaciones con los amigos, Arias deambuló en su quehacer cargado de pocos materiales y de mucha esencialidad. Entremezclando trazos, retorciendo espirales o alargando rectas se explican teleologías sobrepuestas a los poemas, pero ninguna ausente de carga elocuente para el lector.

 

Este doble aprovechamiento de expresarse sobre el papel viene dado en La mano muerta y expande los movimientos y el pulso creativo que va emergiendo y postulando hacia un final tras las aterradoras manifestaciones y cargas pesimistas explicitadas:

 

Quién

y quienes rescatarán este siglo

de infamia

mientras fumo y leo estoy perdido

para siempre del mundo. Pero

me habéis de ver en la mañana al doblar

la calle fumando y riendo

y luchando por el rescate de la humanidad.

 

Un final de poemario que se acoge tras la esperanza salutífera de la lucha. La desesperanza reinante le puede cegar la utopía explicitada tras la brega individual, tras el compromiso filantrópico. Este compromiso del autor se plasma de continuo frente “lo abyecto”, pues acepta la fuerza polifónica y polimórfica de las dimensiones humanas para enfrentarse a las desgracias. Y Amable ejemplar y vitalmente lo explicitó. La expresión comprometida tras los grafismos, tras las rotulaciones literarias que van poblando las páginas con figuras minimalistas y abstractas, tras metáforas y otras figuras literarias precisas son expresiones de lento repaso y de nacimiento rápido, propias de quién apura la vida y la saborea.  En este vaivén vital reposan en las páginas del libro la urgencia para quién es conocedor de la brevedad de su tiempo entre los humanos, de quién anhela dejar un mensaje austero y auténtico, creativo y contundente. Un mensaje comprometido con la vida y su sencillez, denunciador de los conceptos y contenidos que manipulan al ser humano secularmente. Las cosas, los animales, la tierra (El Bierzo) y los seres queridos están ahí; los falsos profetas y los manipuladores, las baratijas y engañifas se patentizan. Esta cantidad de contenidos contrapuestos los deshoja en expresiones líricas, en pinceladas plásticas. Un solo ejercicio creador es insuficiente para anunciar o denunciar. Precisa de las dos habilidades creativas y complementarias.

 

Amable, hombre-lucha-autodidacta, bebió en las fuentes del compromiso y de la denuncia para apostar por la dignidad de la pobreza y de lo humilde. (Miró atenta y humildemente a la tierra -humus-), estuvo vivaz frente a lo próximo, quizá las muletas le condujeron a hincarse ante la realidad para soportar su mundo, para apoyarse y descubrir que todo pasado, si es posible, nace y se forma en “el acá”, lejos de “el allá”. Su discurrir vital fue secante en el círculo de los hombres. Nunca tangencial ni ausente.

 

De rostro afable y bien peinado pendía un cuerpo maltrecho que se balanceaba en la gravedad.  También desde este vaivén atisbó la jungla humana, sus ruinas (lo que permanece vivo), y sus riquezas y posibilidades.

 

Desde este espacio elige y renuncia, a sabiendas que la vida heridamente se muestra y propone, obliga a la senda y a la tarea que la praxis va confeccionando para cada cual. Amable eligió y propuso: ¡Vivir, siempre vivir! ¡Denostar a los pseudos-profetas y sus demagogias, amar las riquezas de la vida! Lee de todo, le atrae el marxismo como método y fuente de conocimiento y los pintores clásicos y marginales. Coincido con é en su admiración por un gran creador, Luis Fernández, un exiliado que muere en la pobreza y con dignidad, pero pintor español único y excepcional del siglo XX.

 

Amable Arias, pues, sabe del valor de la palabra y de la pincelada. Son voces o heridas salutíferas. Aquí, en La mano muerta, reeditado, revisado y ampliado, enriquecido con dibujos, en el que es difícil distinguir dónde está el poema, en los versos o en los trazos, ¡sea en ambos!, vuelve sobre los temas propios con intensidad: contra el abuso del poder (“los dictadores del mundo-opresores-/oprimen más fuertemente”- (pág. 9), contra la pobreza (“...dimiurgo fatal de los pobres/…/ la vergüenza/del falso pecado injusto.”- página 16), busca el viaje (pág. 23), el frío, la mineralización de la historia (“La propaganda de un Franco puede estar en un caballo./ Una forma de pasar la historia con/ un caballo panzudo”- pág. 26), la tierra, siempre presente como espacio matrio y nutriente, el amor (Maru Rizzo, siempre presente), a través de versos-latigazo o programáticos, llenos de referencias personales y acompañados de los expresivos dibujos. Así entre el trazo simple y el verso corto discurre un canto y un llanto a la vida.

 

K. Marx, R. Luxemburgo, M. Foucault, F. Nietsche. Ch. Baudelaire, N. Chomsky, F. Quevedo, C.M. Rilkey, L. Fernández, H. Hölderlin, …., y Maru son referencias de viaje, y la pobreza y la tierra (Bembibre), y la denuncia de la infamia y la mentira, para terminar preguntando por “Quién/ y quiénes rescatarán este siglo/de infamia/mientras fumo y leo estoy perdido/pero siempre del humo. Pero/ me habéis de ver en la mañana al doblar/la calle fumando y riendo y luchando por el rescate de la humanidad” (pág. 114).

 

No siempre se reconoce en la obra de los grandes creadores la presencia de otras manos. Es preciso anunciarlo. Y en este compromiso se halla la compañera de Amable, Maru Rizzo, un ejemplo de dedicación y entrega por parte de quién reconoce y desvela la tarea de este gran creador leonés. Amable se fue joven tras desgastarse y deshilvanarse en jícaras por tierras bercianas y vascas, mas su entrega y obra están ahí como eterno mensaje que requiere lectores. Como mensaje contra la cobardía humana, un eterno innecesario que exige enfrentarse y superar.
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