lunes, 23 de julio de 2007
¿Tintín racista?
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[{0}] Comentarios[{1}]
Libros y autores en Blog personal por Autores
Tintín es un racista de tomo y lomo. Sólo hay que leer su aventura Tintín en el Congo para comprobarlo con pasmo y estupor.

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Juan Antonio González Fuentes

La marea aceitosa de lo políticamente correcto va extendiéndose sin remisión posible por las tierras de Occidente.

Parece que, con todas las consecuencias, le ha llegado el turno al aventurero Tintín en su visita racista al Congo. O mejor dicho, le ha llegado el turno al creador del personaje, Hergé. Tintín es un racista de tomo y lomo, y sólo hay que echar una vistazo a su aventura Tintín en el Congo para comprobarlo. En dicho álbum los negros, perdón, las personas de color o nativos africanos, son completamente memos, y hasta los elefantes y otras criaturas de la selva son más inteligentes que ellos y hablan un mejor francés. Para colmo, el joven periodista Tintín es nombrado jefe de un poblado por el mero hecho de ser blanco y bueno, y los negros de la tribu son calificados como nativos salvajes que hablan como imbéciles o idiotas y son casi monos.

El álbum tintinesco está prohibido en países de tan probada reputación antirracista como China (es ironía), y en el Reino Unido, otro país en el que el “racismo brilla por su ausencia”, jamás el cómic se ha editado en color, aunque sí pueden encontrarse las primeras ediciones en blanco y negro. La CRE, es decir, la Comisión para la Igualdad Racial británica, ha calificado de inaceptable que las librerías del país vendan el álbum por su alto contenido racista. La CRE subraya que los libros de Tintín sólo deberían exhibirse en museos, y aclarando que su contenido está pasado de moda y es racista.


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Hergé: Tintín en el Congo


La importante cadena de librerías Borders ha decidido retirar de la sección infantil todos los ejemplares de Tintín en el Congo, aunque sí podrán adquirirse en la sección para adultos. Por su parte, otra de las grandes cadenas de distribución y venta de libros, Waterstone’s, anuncia que no censurará en modo alguno el libro, pero que sí lo retirará de la sección infantil.

¿Será por la hasta ahora lectura masiva entre los niños británicos de las aventuras de Tintín en África por lo que la sociedad inglesa tiene fama de ser tan racista y clasista?

El asunto es peliagudo, se mire por donde se mire. Que en un cómic los personajes negros sean comparados con los monos, que se les califique de salvajes y que hablen francés como idiotas de baba no es desde luego para aplaudir ni para consumirlos sin algún comentario al margen, tanto los niños como muchos mayores.

Pero también es completamente absurdo descontextualizar Tintín en el Congo, y juzgarlo con la sensibilidad de nuestros días sin saber cómo, dónde y cuándo apareció. Tintín en el Congo es el segundo de los concebidos por Hergé. La historia apareció por vez primera publicada por entregas en Le Petit Vingtième, entre el 5 de junio de 1930 y el 11 del mismo mes pero del año siguiente. Es decir, Tintín en el Congo tiene casi 80 años de existencia. La primera edición del cómic, en blanco y negro, apareció en 1931, y su versión en color lo hizo finalizada la II Guerra Mundial, en 1946.

Cuando Tintín en el Congo vio la luz por vez primera, el susodicho Congo era la colonia más importante de Bélgica (1908-1960), lo que sin duda explica, al menos en parte, los contenidos racistas y colonialistas del argumento y su expresión escrita y en imágenes. Que la historia, con sus casi 80 años de existencia a cuestas, es un muestrario ingente de varias facetas de lo políticamente incorrecto lo demuestra el hecho de que Tintín, el héroe del cómic, mata un elefante para quedarse con el marfil. ¿Se imagina alguien hoy en día que un héroe de ficción viaje a África para matar elefantes y quedarse con el marfil? Del todo imposible.

Que los contenidos del álbum no eran ni los más convenientes ni los más presentables ya se puso de manifiesto en la edición en color del cómic del año 1946, en la que se eliminaron gran cantidad de comentarios y posicionamientos racistas y colonialistas. Pero no se eliminaron los suficientes, y el álbum siempre fue el peor recibido de entre los protagonizados por el periodista Tintín. Tuvieron que pasar más de dos décadas para que el cómic fuera reeditado casi al mismo ritmo que sus compañeros de colección.

El argumento de Tintín en el Congo es sencillo y no tiene directas implicaciones racistas, simplemente es un claro producto de la época y de la situación colonial que vivía la sociedad en la que nació: Tintín viaja al Congo Belga para conocer a los nativos africanos y tener contacto con los animales salvajes. Una vez en el gran territorio, diversas aventuras le llevan al reino de Babaoro’m, donde se convierte en el sabio hechicero de la tribu. Pero la mala fortuna le hace toparse con una banda de mafiosos relacionados directamente con la de Al Capone en Chicago, quienes desean controlar la producción y el tráfico de diamantes salidos del Congo. Tintín deshace el embrollo y prosigue viaje con destino a América. Por cierto, ¿los gánster eran también racistas?

Lo políticamente incorrecto recorre de principio a fin muchas de las obras de arte y artefactos intelectuales de tiempos remotos o más cercanos. Por ejemplo, hay elementos racistas, clasistas, machistas..., en muchas óperas de Mozart, Rossini, Verdi, Wagner,..., en muchas películas realizadas en Hollywood en las décadas doradas de la industria, en muchas de las más grandes novelas de la literatura universal anteriores a la Segunda Guerra Mundial y a la revoluciones sociales y mentales de finales del siglo XX. Casi siempre los autores de aquellas obras no eran conscientes de que estaban construyendo emblemas políticamente incorrectos..., trabajos que podrían molestar a los miembros de otras razas, culturas, sexo o clases sociales. Y no eran conscientes precisamente porque no le daban ninguna importancia a lo que sus obras pudieran suscitar en otros lugares, en otros ámbitos. Sus trabajos no estaban concebidos para tener en cuenta la opinión de otras culturas, pues sólo eran para el consumo de la misma civilización en la que nacían y de un determinado sector social de la misma, y como tales expresaban, directa o indirectamente, las formas de ser y pensar de dicha civilización: eurocentrismo puro y duro, lógico aunque equivocado.

Hoy el contacto entre civilizaciones y su “contaminación mutua” es un hecho insoslayable que debe tenerse en cuenta a la hora de construir artefactos artísticos y conceptuales. Es más, hoy por hoy, ninguno de nosotros puede sustraerse de manera inconsciente a tal realidad enriquecedora. Pero es completamente absurdo el que desde instancias políticas y culturales, desde las nuevas superestructuras, se nos obligue a acercarnos a las obras del pasado con la mentalidad y conceptos de uso y cambio de la sociedad occidental del año 2007.

Quizá el verdadero problema de todo este asunto es que la formación de los ciudadanos occidentales es hoy tan deficiente que no hay una capacidad general para discernir y juzgar críticamente lo que nos llega a las manos, y las administraciones públicas se creen en la obligación correcta de decirnos o aconsejarnos cómo y qué es lo que debemos leer, escuchar, ver, entender.

Si a esta circunstancia le sumamos la inoculación en las venas del ciudadano europeo medio de una mala conciencia general por el pasado colonialista, eurocentrista y sus consecuencias, el peligroso cóctel ya está servido, y Tintín debe ser prohibido inmediatamente por racista y xenófobo, y todos los lectores del cómic de marras deberán peregrinar al Congo para pedir públicamente perdón por sus lecturas racistas y colonialistas. Claro que es el todopoderoso ciudadano europeo el que debe pedir perdón por buena parte de su cultura y por los conceptos manejados durante siglos al resto de culturas y civilizaciones, las cuales, al menos hasta la fecha, en modo alguno han reconocido desmanes, cerrazones, dislates e imposiciones a culturas y pueblos más débiles, sino que exigen a voz en grito reparaciones de todo tipo e índole, y golpes de pecho permanentes a los malditos y soberbios europeos.

El disparate me recuerda a tantos otros que hoy nos circundan, como cuando los españoles vamos a Hispanoamérica y cualquier guía analfabeto nos hecha en cara con mirada desafiante y frente a cualquier monumento eso de que violamos a su bisabuela y les dejamos en la absoluta indigencia, a ellos, que antes de nuestra llegada a aquellas tierras eran los más guapos, los más listos, los más civilizados, los más altos, la avanzadilla de la civilización humana. Así que cuando él o ella emigran a España, a la primera de cambio nos recuerdan con los brazos en jarra que estamos en la obligación de reintegrarles parte de lo robado por nuestros antepasados (¿por los de quién?, quisiera yo saber), por ejemplo a través de 2.500 euros cada vez que haya en su entorno familiar un embarazo; por ejemplo a través de pisos gratis; de sanidad y educación gratuita; de ayudas para adquirir equipos informáticos; de sueldos sociales... ¿Soy un maldito racista cabrón? Pues seguro que sí, y para colmo he leído el álbum de Hergé en varias ocasiones. Seguro que Tintín ha sido el culpable, sí, casi seguro.

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NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente.