Raquel Andrés Durà (foto de Jesús Martínez)

Raquel Andrés Durà (foto de Jesús Martínez)

    AUTORA
Raquel Andrés Durà

    LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO
Alicante (España),1988

    BREVE CURRICULUM
A punto de licenciarse en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona y en Estudios de Asia Oriental, escribe por amor al arte desde que tiene uso de razón. Ha escrito relatos y ganado algunos premios literarios, como “La joventut escriu en solidari”, del Institut Valencià de la Joventut, y el Premio Fnac-Estrella Digital de Periodismo Cultural




Opinión/Entrevista
Entrevista a Raquel Andrés Durà, autora de Los ángeles no tienen Facebook
Por Jesús Martínez, miércoles, 1 de diciembre de 2010
Generación Yo SL

No le gusta Facebook. No le gusta registrarse en cuentas que no valen para nada, en las que lo más normal que sucede es que te sumes a la campaña contra el fraude fiscal y al grupo de apoyo a quienes les ha afectado la separación entre Eva Longoria y Tony Parker. No va a la moda. Lleva un piercing en la nariz. Tiene 22 años. No se comunica mucho por teléfono, y no se descalabra para cogerlo cuando suena. Ha escrito Los ángeles no tienen Facebook, ensayo sobre las redes sociales. Imprescindible. Ella no cree que nada sea imprescindible.
“No tengo Facebook porque no lo necesito, y no lo necesito porque quedo con mis amigos sin tener que meterme en Facebook. Otros se han hecho dependientes, yo no”, aclara, menuda, ponderada, con la misma volatilidad que una piñata. “La historia comenzó en la vila universitaria de la UAB [en la que estudia Periodismo]. En una charla de sobremesa con compañeros de piso, ellos comentaban las supuestas conversaciones que mantenían en sus muros. Ni mi novio ni yo estamos en Facebook. Ese día cogí un boceto e hice la estructura del libro y resumí lo que pondría. Algunos capítulos se me han desbordado, sobre todo el de la censura en internet: no me imaginaba que hubiera tanto de lo que hablar. Por ejemplo, la Revolución Twitter, en Irán, y su papel en las elecciones.”

Para Raquel, Facebook es la Gran Mentira: “Uno vende imágenes de sí mismo que no son reales. Claro, se pone la cara bonita, no vas a colgar las fotos con tus defectos… Somos la Generación Yo, SL: nos convertimos en el producto que vendemos. Las personas son escaparates”.

No es que no le guste internet, ya que ha abierto una página web para su libro, sino que no soporta la comidilla por los vestiditos de popelín crudo que Letizia Ortiz luce en la Zarzuela. No se siente muy católica cuando se le obliga a consultar la cartelera en la red social o bien cuando sin quererlo ni beberlo se le invita, nuevamente, a entrar. No conoce a Mark Zuckerberg, aunque ha visto la película que sobre la epopeya de su invento ha dirigido David Fincher, y le ha gustado, pero sólo cinematográficamente hablando (“el actor principal lo borda”). No se traga que sea una biografía “no oficial” ni que detrás de la película no haya mucho dinero, más que nada, porque cuando sales del cine “Zuckerberg te parece simpático”. No idolatra a nadie, ni cree en las teofanías ni en la opereta del misterio de la reencarnación.

No cree que haya 500 millones de usuarios conectados “a esta cosa”. “¿Son 500 millones de personas reales o virtuales?”, duda.

No es que no le guste internet, porque se abrió un blog personal desde el que canta al mundo cada mañana. No le gusta madrugar, como a nadie.

No le gusta la página: “Yo también creo que las moscas traman algo con ese frotar de manos”. No le gusta la página: “Yo nunca vi al señor que regalaba droga en la puerta del colegio”. No le gusta la página: “Si un policía me dice "papeles" y yo contesto "tijeras", ¿quién gana?”.

No le gusta contar su vida privada a la ligera: “Ahora estoy mirando la tele”, “Ahora estoy comiendo ganchitos”, “Ahora me acabo de despertar”. No entiende la razón por la cual la gente pierde el tiempo en tonterías: “Me llama la atención el spam personal, esa gente que pone algo de su vida que le gusta mucho. Por ejemplo, mi cuñada se casa, y cada día envía un mensaje recordándolo”. Sí entiende la razón por la cual la gente pierde el tiempo en tonterías: por la mal traída fama: “Tendemos a una sociedad de hombres y mujeres grises en la que no hay contacto. Buscamos el contacto donde nos hacen caso, porque en la vida diaria pasan de nosotros. ‘Al menos en mi paginita personal sólo hablo de mí, es mi minuto de gloria’, se consuelan, pero se trata de la misma sociedad gris de perfiles. La gente sólo quiere hablar de sí misma. El conformismo ha acabado con el discurso crítico (hay crisis económicas pero en las rebajas se llenan los bulevares), y la televisión-basura ha acabado con la cultura. Los valores son los de Operación Triunfo, el triunfo fácil: o triunfas o fracasas”.

No le gusta que la red social se retroalimente con la excusa de que ayuda a que se produzcan los reencuentros de la promoción del instituto. No le gusta porque opina que esas cenas, diez años después, son artificiales.

No le gusta la censura ni la autocensura.

“Para redactar este ensayo me abrí una dirección falsa en Facebook, temporalmente. Ya no la uso, la he abandonado. Ahora mismo debe de ser un cadáver virtual. Me pregunto: ¿dónde estará el cementerio de la Red?”

No le gustan los cementerios virtuales.

No le gustan los cementerios.

“A pesar de todo, soy muy positiva.”