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Opinión/Revista de Prensa
Marruecos nos hace la pesca
Por ojosdepapel, sábado, 31 de marzo de 2001
Repaso a las diferentes posiciones de la prensa española ante la ruptura de las negociaciones para el acuerdo pesquero entre la Unión Europea y Marruecos.
Es opinión unánime de la prensa revisada en esta sección (ABC, El Correo, Estrella Digital, Libertad Digital, El Mundo, El País, El Periódico, La Razón y La Vanguardia) que la negociación pesquera entre la Unión Europea y el Reino de Marruecos fracasó a causa de la postura intransigente mantenida por este país durante los quince meses de unas largas negociaciones, salpicadas de frecuentes reuniones de alto nivel, en las que la Comisión Europea estiró al máximo su capacidad de oferta. De nada sirvieron, cuando el comisario Fischler se levantó de la mesa, las exigencias de la otra parte, en cuanto a contrapartidas financieras y condiciones draconianas sobre la flota, superaban con mucho el beneficio que pudiera extraerse de la operación. La suerte del acuerdo ya había estado echada desde hacía mucho tiempo, los marroquíes ya habían advertido en su día que el acuerdo 1995-1999 era el último (El País, 27-3-2001; El Mundo, 27-3-2001; Estrella Digital, 27-3-2001; Diario 16, 28-3-2001

Como en otros grandes temas en los que interviene la política internacional, se echa de menos en la prensa española la aportación de verdaderos especialistas que aborden el tema en profundidad. En este caso, sólo se puede hablar de dos artículos que han proporcionado un enfoque profundo o, al menos, bien informado y original de la cuestión, en los que ya se entrará más adelante (obra de Domingo del Pino y Lucía Sánchez). En general, han sido los editoriales de los periódicos y algunos columnistas los que se han dedicado a valorar la negociación y a diagnosticar el futuro.
El gobierno español no sale muy vapuleado. Surge la duda de que una pasividad culpable, como si esperara el trámite del fracaso de la negociación con Marruecos para aprovechar los fondos de la UE a fin de poner en práctica una reconversión de la flota que ya se sabía necesaria

La actuación de la UE en el asunto no ha traído muchos comentarios críticos en lo que se refiere al comisario de pesca Fischler. Salvo en la calificación de “tirolés” y de persona de limitados conocimientos sobre el mar (Lorenzo Contreras, La Razón, 29-3-2001; Fermín Bocos, Diario16, 29-3-2001), en general se reconoce su personal empeño en sacar el asunto adelante, en que llegó al máximo que tenía autorizado y, sobre todo, en que la futura negociación de otros convenios pesqueros con terceros países desaconsejaba ceder a las desorbitadas pretensiones de Marruecos (El País, 27-3-2001; El Mundo, 27-3-2001; La Razón, 27-3-2001; ABC, 27-3-2001; La Vanguardia, 28-3-2001)
Las opiniones, lejos de decantarse por las emociones, se han caracterizado por su contención, lo cual no es baladí (...) Se tiende a valorar las relaciones con Marruecos en su conjunto

El gobierno español no sale muy vapuleado. Surge la duda de que una pasividad culpable, como si esperara el trámite del fracaso de la negociación con Marruecos para aprovechar los fondos de la UE a fin de poner en práctica una reconversión de la flota que ya se sabía necesaria, tuviera o no éxito Fischler, el cual también estaba de acuerdo en este último extremo (El Mundo, 27-3-200; ABC, 27-3-2001). Pablo Sebastián, Fermín Bocos y El Correo, con bastante fundamento, apuntan en este sentido (Estrella Digital, 27-3-2001; EL Correo, 27-3-2001; Fermín Bocos, Dario 16, 29-3-2001).

Eso sí, el fracaso volvió a servir para que florecieran en medio de ponderadas valoraciones los reiterados “estamos solos”, “no pintamos nada” y demás monsergas lloricas de sello noventayochista, con el consiguiente desgarro, en esa línea hiperbólica que ha venido caracterizando al periodismo patrio-español desde hace unos años (Pablo Sebastián, Estrella Digital, 27-3-2001; Ignacio Villa, Libertad Digital, 27-3-2001, Lorenzo Contreras, Estrella Digital, 27-3-2001 y La Razón, 29-3-2001).

Efectivamente, en general, aparte de algunos asomos de berrinche y ciertos rasgos de exhibicionismo de la España cañí, las opiniones, lejos de decantarse por las emociones, se han caracterizado por su contención, lo cual no es baladí ( Pablo Sebastián, Estrella Digital, 27-3-2001; El Correo, 27-3-2001; ABC, 27-3-2001; Dario 16, 28-3-2001). Se tiende a valorar las relaciones con Marruecos en su conjunto, aunque, no se puede disimular del todo, duele la pérdida de la presencia en unos caladeros en los que se había faenado desde hacía varios siglos (Pablo Sebastián, Estrella Digital, 27-3-2001).
El “desparpajo de la dictadura del Sur”, como denomina Pablo Sebastián a la monarquía alauí, está amparado por la presión que Francia y Estados Unidos ejercen sobre España, en defensa de intereses considerados estratégicos

Esa madurez en el trato que se da al comportamiento de las autoridades marroquíes está acompañada de buenas dosis de resignación. Argumenta Lorenzo Contreras, uno de los más críticos, que es inviable establecer mediadas de retorsión contra Marruecos por muchas y variadas razones. La principal es que España ha cedido la soberanía en estas cuestiones a la UE, con lo cual carece de facultades para intervenir. La segunda es la importante presencia de intereses económicos españoles instalados en Marruecos, que vedan cualquier posibilidad de enturbiar las relaciones. Por último, la cuestión del marco occidental y democrático, que descarta cualquier medida contra la libre circulación de mercancías del vecino (Lorenzo Contreras, Estrella Digital, 27-3-2001 y La Razón, 29-3-2001).

En un contexto más amplio, en el de las relaciones de España dentro de la UE y con sus aliados, se plantea Pablo Sebastián el asunto. El “desparpajo de la dictadura del Sur”, como denomina a la monarquía alauí, está amparado por la presión que Francia y Estados Unidos ejercen sobre España, en defensa de intereses considerados estratégicos. Así, mientras España envía a sus soldados a los Balcanes a defender intereses de las potencias de centroeuropa (endeble argumento pues es una cuestión de derechos humanos y paz que afecta a todas las democracias), cuando de sus asuntos vitales se trata, ha de conformarse con humillantes subvenciones (Pablo Sebastián, Estrella Digital, 27-3-2001).
El gobierno español debe reconocer los derechos legítimos de Marruecos a dejar faenar a quien desee, mientras que contestar con represalias sobre los productos y congelar las ayudas sólo servirá para perjudicar a un pueblo necesitado que no tiene la culpa de nada

Ambas posturas, quizá las más extremas, junto a La Razón (que de todas formas acaba con la coletilla de que predomina el interés político de unas buenas relaciones UE-Marruecos) y a Carlos Dávila, quien clasifica a Mohamed VI de “Rey moro”, encuentran una respuesta plausible en el buen artículo de Domingo del Pino en Diario 16 (La Razón, 29-3-2001; Carlos Dávila, ABC, 28-3-2001). Lo que aporta este periodista es una visión más compleja y profunda del asunto. Explica que desde los años ochenta los gobiernos del Estrecho han seguido una estrategia tendente a crear una amplia malla de relaciones económicas que desactivase cualquier desacuerdo puntual que pudiera surgir entre los vecinos, en este sentido este contencioso pesquero constituye la prueba decisiva de que esa convergencia de intereses funciona amortiguando los roces. Descontando el impacto emocional causado por la ruptura, hay que reconocer que la cuestión pesquera es de rango menor respecto al entramado económico global (Domingo del Pino, Diario 16, 30-3-2001). Esta forma de considerar la cuestión parece la más inteligente y no verla como si fuera la humillación que nos propina el comportamiento ventajista de un país de taimados.

Otro valioso artículo permite observar la cuestión desde una perspectiva inédita, la de una periodista que vive en Marruecos. Considera Lucía Sánchez que este es uno de los peores momentos en la relación entre ambos países, cuyas opiniones públicas han sido intoxicadas por los respectivos discursos nacionalistas (los marroquíes usurpan a los españoles derechos seculares de pesca frente a la versión de que los españoles son unos piratas que saquean el caladero y no dejan que la industria pesquera marroquí se desarrolle) La legítima protesta de los pescadores andaluces puede acabar en escenas de violencia que traerán a la opinión de Marruecos las imágenes de El Ejido y Tarrasa, con el peligro consiguiente para los españoles que viven y trabajan en Marruecos (Lucía Sánchez, Libertad Digital, 27-3-2001) El gobierno español debe reconocer los derechos legítimos de Marruecos a dejar faenar a quien desee, mientras que contestar con represalias sobre los productos y congelar las ayudas sólo servirá para perjudicar a un pueblo necesitado que no tiene la culpa de nada (Lucía Sánchez, Libertad Digital, 27-3-2001).
La necesidad de un Marruecos estable, que crezca económicamente y modernice sus instituciones políticas hasta convertirse en una democracia a salvo de la latente amenaza fundamentalista, es una necesidad todavía más estratégica para España que para cualquier otro país

Estos razonamientos no deben suponer que no se haga constar a Marruecos que la relación también tiene carácter bilateral, de otro modo se iría hacia una proceso de parasitismo y no de modernización, lo que acabaría frustrando a grandes masas con expectativas de progreso que no están dispuestas a asumir una situación indefinida de miseria. De esta forma, las soflamas antiespañolas de cierta prensa y la pasividad para combatir las redes de exportación de drogas e inmigrantes, deben cesar (El País, 27-3-2001; La Vanguardia, 28-3-2001). En este ámbito se ha de exigir la puesta al día de los aparatos del estado marroquí, el cese de la corrupción generalizada y el imperio de la seguridad legal que garantice la continuidad de las inversiones extranjeras (Carlos Dávila, ABC, 29-3-2001: describe la implicación en la corrupción de sectores del ejército y la gendarmería; Domingo del Pino, Diario 16, 30-3-2001). Es de todo punto imprescindible forzar la máquina en este asunto o inexorablemente el proceso fracasará en forma de radicalización e inmigración masiva. Esta sí es una negociación estratégica en la que hay que echar toda la carne en el asador para empujar hacia delante a la sociedad marroquí.

Son muchos los problemas que implican a España con Marruecos (Ceuta y Melilla, las redes de la droga y de la inmigración, los inmigrantes en España, la pesca, la cuestión saharaui...), pero la sociedad española, como recomienda Domingo del Pino, debe reconocer los esfuerzos y los cambios políticos que se han sucedido desde la coronación del nuevo rey (Domingo del Pino, Diario 16, 30-3-2001).

La necesidad de un Marruecos estable, que crezca económicamente y modernice sus instituciones políticas hasta convertirse en una democracia a salvo de la latente amenaza fundamentalista, es una necesidad todavía más estratégica para España que para cualquier otro país, un asunto por el que vale la pena sacrificar, desde una apuesta por la fría inteligencia, lo que cueste. Se sabe que habrá quien se aproveche, pero será a España a quien realmente beneficiará una futura prosperidad en paz.
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