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Opinión/Revista de Prensa
La campaña contra Garzón y la aritmética
Por ojosdepapel, sábado, 24 de febrero de 2001
La última ofensiva mediática y judicial contra Garzón fracasa por ineptitud en el manejo de la aritmética.
La apertura del expediente contra el juez Baltasar Garzón por la Comisión de Disciplina del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), el pasado 13 de febrero, atribuyéndole dos faltas, una grave y otra leve, por transmitir información que estaba bajo secreto sumarial y faltar al respecto a compañero en la biografía escrita por Pilar Urbano, Garzón, el hombre que veía amanecer, llevó a pensar a muchos que se había desatado una campaña contra el magistrado de la Audiencia Nacional. Quien con más rigor ha definido los términos del acoso ha sido Pedro Calvo Hernando: “No es preciso pensar en una campaña orquestada contra él: basta con afirmar que hay al menos una campaña alimentada por muchos de sus agraviados, situados en torno a los partidos, sectas judiciales y predios mediáticos y económicos” (Diario 16, 21-2-2001) Josep Ramoneda completa la nómina del sindicato de agraviados por Garzón: la vieja guardia socialista (caso GAL), buena parte de la Asociación Profesional de la Magistratura (caso Pinochet), un sector de la Guardia Civil (caso Ucifa), los amigos de Liaño (caso Sogecable, condena de Liaño por prevaricación e indulto en suspenso) y, en general, son muchos los emboscados en el corporativismo judicial con ganas de escarmentar al juez (El País, 18-2-2001).

Como siempre, las intervenciones de los periodistas vienen salpicadas de las ya tradicionales calificaciones sobre la personalidad del juez como “egocéntrica”, “vanidosa”, de su “afán de protagonismo”, de su “autoestima desbordada”, de que “el ego le sale por los poros, hasta en las fotografías”... asunto irrelevante como dato periodístico y, más aún, en cuanto a la valoración de la trayectoria profesional del sujeto, como si en las altas instancias de la universidad, la política, la milicia, la abogacía o lo medios de comunicación, por poner algunos ejemplos, la megalomanía fuera una afección infrecuente(Josep Ramoneda,El País, 18-2-2001).
Cristina López Schlichting entrevistó a una Pilar Urbano que, muy elocuente, dió unas explicaciones bastante convincentes de que el magistrado no le suministró material alguno o información de los sumarios que instruyó

Inicialmente continuó dándose relevancia a los endebles argumentos de la Inspección, como que los diálogos del libro de Urbano “aparecen relatados en primera persona” (ABC, 16-2-2001). Sin embargo, las recapitulaciones del primer fin de semana rebajaron sensiblemente la entidad de la ofensiva. Cristina López Schlichting entrevistó a una Pilar Urbano que, muy elocuente, dió unas explicaciones bastante convincentes de que el magistrado no le suministró material alguno o información de los sumarios que instruyó (El Mundo, 18-2-2001). También corrobora en esa conversación que la editorial Plaza y Janés no abonó ninguna cantidad de dinero al juez por su colaboración, dato que confirman otras fuentes periodísticas (Sergio Vila-Sanjuán, La Vanguardia, 23-2-2001). La excepción es La Razón que sostiene, basándose en fuentes muy solventes, que la autora solicitó para ambos enormes cifras a la primera editorial –Planeta- con la que contactaron (La Razón, 17-2-2001; confirmado también por Sergio Vila-Sanjuán, La Vanguardia, 23-2-2001). Lo que ya parece definitivo es que Garzón no cobró un duro “ni por las fotografías” (Cristina López Schlichting, El Mundo, 18-2-2001).

Josep Ramoneda, quien considera que la intervención del juez en el libro fue un grave error, tampoco veía muchas posibilidades de éxito a las acusaciones de la Inspección teniendo en cuenta que “la intermediación de la Urbano (hace) difícil delimitar exactamente las responsabilidades”, y más si se tiene en cuenta que el Poder Judicial “pasó de rositas sobre los libros de Navarro y Liaño” (El País, 18-2-2001).
Uno a uno, los medios y periodistas que buscaban un motivo para machacar a Garzón, sacaron a relucir, por un lado, que el juez se había sacado este as de la manga, un contragolpe destinado a bloquear el expediente abierto contra él por la Comisión de Disciplina del CGPJ

Pero hete aquí que el juez Garzón reabre un viejo caso relacionado con el GAL y todo la artillería enemiga se pone a disparar al unísono. En una estrategia defensiva muy medida para evitar su extradición a Francia, donde tendría que cumplir cadena perpetua por dos asesinatos relacionados con el GAL, el mercenario francés Jean Phillip Labade, solicita verse con Garzón para darle cuenta de nuevos datos sobre los casos en los que está implicado y así lo hace los días 31 de enero y 1 de enero de este año, lo cual obligó al juez, el día 6 de febrero, a citar a la cúpula policial de los tiempos de Barrionuevo y Vera (Alvarez, Planchuelo, junto a Amedo y Domínguez), primero para declarar, el 19 de febrero, y luego para carearse con Labade al día siguiente, lo cual, efectivamente, retrasó la extradición de este último (Manuel Cerdán y Antonio Rubio, El Mundo, 19-2-2001; Libertad Digital, 19-2-2001; Estrella Digital, 20-2-2001; La Razón, 20-2-2001)

Uno a uno, los medios y periodistas que buscaban un motivo para machacar a Garzón, sacaron a relucir, por un lado, que el juez se había sacado este as de la manga, un contragolpe destinado a bloquear el expediente abierto contra él por la Comisión de Disciplina del CGPJ, pues el caso reabierto por el magistrado, además de volver a levantar la pasada relación del PSOE con el crimen de Estado, afectaba muy directamente al presidente de dicho comité, el socialista Javier Moscoso, quien había desempeñado un oscuro papel como fiscal general en esa etapa, sobre todo a raíz de unas cartas falsas que sirvieron momentáneamente para exculpar a Amedo y Domínguez de unas acusaciones relacionadas con delitos de los GAL (Libertad Digital, 19-2-2001; El Conspirador, Estrella Digital, 20-2-2001; Jaime Campmany, ABC, 20-2-2001). La Razón, haciéndose eco del artículo de Campmany lo resume en muy pocas palabras: “Ha apuntado el periodista la teoría de que el juez Garzón ha resucitado el sumario por el asesinato del etarra Pérez Revilla por los GAL para coaccionar a Javier Moscoso, presidente de la Comisión de Disciplina del CGPJ, que acaba de abrirle expediente por revelación de secretos sumariales. El mismo Moscoso, entonces fiscal general, que cerró la investigación del citado caso, después de que aparecieran las famosas “cartas portuguesas”, en las que unos desconocidos mercenarios se autoinculparon del crimen de Pérez Revilla, lo que permitió salvar a la cúpula del GAL en un momento crucial” (La Razón, 21-2-2001).
Es decir, seis días antes, las dotes adivinatorias de ese superhombre que es Garzón, le advirtieron de modo sobrenatural que tenía que pasear por los juzgados a la cúpula policial de Barrionuevo-Vera para presionar al PSOE y a Moscoso a fin de frenar un expediente que aún no existía

Para echar más leña al fuego de la hoguera a la que iba a ser destinado Garzón, el fiscal de la Audiencia Nacional, Fungairiño, que ya había desempeñado un papel desairado en el asunto Pinochet, acusó a Garzón de haber reabierto el caso Pérez Revilla a espaldas de la fiscalía, entorpeciendo una extradición que tenía prioridad (Libertad Digital, 19-2-2001; Estrella Digital, 20-2-2001; La Razón, 20-2-2001) Pero esto se aclara rápidamente con un nuevo desaire para Fungairiño, pues fuentes del juzgado prueban documentalmente que fue el fiscal Pedro Rubira quien instó las declaraciones de los expolicías relacionados con el GAL (La Vanguardia, 20-2-2001; Estrella Digital, 20-2-2001)

No obstante, lo más importante está por llegar y tiene que ver con esa pormenorización de las fechas en las que se ha incurrido en este escrito. Garzón no pudo tener la intención de coaccionar a Moscoso porque la apertura del expediente contra él –12 de febrero- fue posterior a la reapertura del sumario sobre el asesinato del miembro de Eta, Pérez Revilla. Es momento de recapitular: declaración de Labade, 31 de enero y 1 de febrero; citación de los policías, 6 de febrero (para declarar el día 18 y el 19 para careo con Labade); apertura de expediente contra Garzón por el Comité de Disciplina del CGPJ, el 12 de febrero. Es decir, seis días antes, las dotes adivinatorias de ese superhombre que es Garzón, le advirtieron de modo sobrenatural que tenía que pasear por los juzgados a la cúpula policial de Barrionuevo-Vera para presionar al PSOE y a Moscoso a fin de frenar un expediente que aún no existía. Desde luego, los enemigos del magistrado Garzón se esfuerzan, pero tienen un serio problema con la aritmética.

El día 22 de febrero El Correo anuncia que Garzón ha desbloqueado la extradición de Labade a Francia.
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