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José Vicente Mestre Chust

José Vicente Mestre Chust

    AUTOR
José Vicente Mestre Chust

    LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO
Barcelona, 1967

    BREVE CURRICULUM
Es profesor de Filosofía en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y en el Colegio Sagrada Familia-Horta. Miembro del Grup d’Educació de Amnistía Internacional-Catalunya. Es autor de diversos libros sobre derechos humanos y Filosofía: Los derechos humanos, La necesidad de la educación en derechos humanos y Preguntas de Filosofía

    FICHA DEL LIBRO
ISBN: 9788415471875. Barcelona, 2012. 228 páginas. 14 €



José Vicente Mestre: <i>Nazismo y Holocausto. Reflexión y memoria</i> (Ediciones Carena, 2012)

José Vicente Mestre: Nazismo y Holocausto. Reflexión y memoria (Ediciones Carena, 2012)


Opinión/Entrevista
Entrevista a José Vicente Mestre, autor de Nazismo y Holocausto. Reflexión y memoria
Por Jesús Martínez, jueves, 25 de julio de 2013
La lista de Schindler

—¿Qué es Auschwitz?
La estudiante de veleidosos comentarios y de inconstantes vibraciones de móvil se atrevió a levantar la voz en clase, tímida como es ella y, como es ella, dispersa y mimosa. “¿Qué es Auschwitz?”, preguntó en una especie de tertulia en la que (Nietzsche) también salió a relucir. Y con esa pregunta, con esa duda, se extravió entre los pliegues de la Historia la larga noche de invierno que supuso el campo de exterminio de la fábrica nazi del terror.

El profesor de Filosofía del Col·legi Sagrada Família de Barcelona (Peris i Mencheta 26) José Vicente Mestre (Barcelona, 1967) se quedó más traspuesto que anonadado. Una de sus alumnas de bachillerato (entre 16 y 18 años) no tenía ni idea del aniquilamiento del pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial. De ahí la necesidad del ensayo Nazismo y Holocausto. Reflexión y memoria (Ediciones Carena, 2012): “Que no se olvide el pasado, porque si no, se repetirá. Ahí están los crímenes de guerra y los genocidios en los Balcanes, Chechenia, Ruanda…”.  

“Dijo [Theodor] Adorno que después de Auschwitz no se podía escribir poesía. Pero es necesario escribir, porque si no, nadie recuerda nada”, afirma, compungido, José Vicente, rubicundo y con cara de bueno, y con pasta de sparring. Insaciable en lo que respecta a la justicia social, mantiene una correspondencia interior, regular y segura, entre las placas de su corazón y el embrión de sus ideas, de lo cual nace la osadía de sus convicciones. Profundas convicciones. Abiertas convicciones. Abisales.

Es el 3 de julio del 2013. Los militares han dado un golpe de Estado en Egipto. Otro más en Oriente Medio. Y sigue sin conocerse el paradero de Edward Snowden, el excolaborador de la CIA perseguido por Estados Unidos por revelación de secretos.

En la cafetería Dessert 41 (Guadiana, 41, en Barcelona; “pastissos artesanals”), José Vicente se pide un quinto mientras se frota las rodillas, como si las engrasara para saltar con la pértiga de Sergei Bubka. Y se refugia en los acantilados de su memoria, con flashes que hacen que se despeñe por los derroteros de sus propias experiencias, cuando era un profesor que había leído El mundo de Sofía, de Jostein Gaarder (Siruela, 2013), en una clase de imberbes peces recién sacados del mar.

“Los chavales confundían [Adolf] Hitler con [Heinrich] Himmler, y a [Joseph] Goebbels con [Hermann] Göring. En ese momento decidí ponerles una película, y ellos escogieron La lista de Schindler [Steven Spielberg, 1993]”, refulge, y pormenoriza las razones que le llevaron a escribir Nazismo y Holocausto: “Fue la necesidad de hacer pedagogía de los derechos humanos. Yo ya estaba trabajando en mi futuro libro, que llevará por título La refundación de la democracia, y que trata sobre la corrupción en España (y que quiero presentar en el Palau de la Música, por el caso Millet, porque vivimos en un sistema político que favorece la mediocridad: asciende quien obedece ciegamente al líder). El capítulo dedicado a las dictaduras me salió demasiado largo, y por eso lo he acabado publicando antes”.

Aun así, en las clases de Filosofía de este profesor “calorífico” (por el ardor de sus pasiones), cada vez se piensa menos: “En los últimos años, los estudiantes son más comodones, por lo que tengo que desarrollar actividades específicas, complementarias, para iniciar el debate. De ahí los videoforos y las fichas didácticas de los filmes. Les cuesta mucho pensar. Pero los que piensan, ahora se comprometen más”.

Una de estas actividades, que pone en práctica la ética y la política, tiene lugar cada 10 de diciembre, en el que se conmemora la firma de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, en 1948.

José Vicente Mestre, de familia republicana, ingresó en Amnistía Internacional en 1998: “Pero les he seguido desde que ganaron el Premio Nobel, en 1977”. Por entonces, sufría de pena al ver los estragos que los milicos causaban en el Cono Sur (“me impresionó la película Missing [Constantin Costa-Gavras, 1982]. Y me hice activista”).

Después de su siguiente libro La refundación de la democracia, a José Vicente no le importaría adentrarse en la cueva del otro ogro de los años treinta del siglo XX: “Me gustaría estudiar el estalinismo, más horrible que el nazismo porque su discurso se basaba en la igualdad y la libertad, aunque luego se creara una sociedad marcadamente autoritaria”.

“El nazismo es el polo opuesto de los derechos humanos”, redunda el maestro de Filosofía José Vicente Mestre en Nazismo y Holocausto. “Y se debió a dos causas: 1. La humillación impuesta a Alemania después de la Primera Guerra Mundial, y 2. Alemania nunca ha sido una democracia occidental, y no se puede imponer una democracia.”

Pero no hay margen para la duda, ni perdón ni comprensión ni enmienda ni una posible redención: “Hitler era un payaso que gritaba mucho”. Tal cual lo dibujó Charles Chaplin.

Sí, se ha de escribir poesía después de Auschwitz.

Y ver cine.
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