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Opinión/Cartas al director
Sobre la crítica de "Closer"
Por --------, viernes, 11 de febrero de 2005
Como introducción os diré que soy un nuevo lector de vuestra revista electrónica, interesado por la parte cultural y que da contenido creativo a mi vida –no tanto por la parte política-. Enamorado por las humanidades, más si cabe por mi formación sectaria en la ciencia y la tecnología. Ante todo deciros que me ha gustado la reseña de Eva Pereiro López sobre la película Closer, si bien me gustaría expresar mi opinión y reflexión sobre la calidad del tema y su tratamiento. Es una durísima radiografía sobre el amor (o querer) en las relaciones de género en la cultura anglosajona liderada por la tendencia norteamericana: relaciones primadas más por la necesidad de satisfacer el deseo que el amor; donde quererse es, en el fondo, una manera de hacerse mal. Relaciones donde la mentira es la protagonista: para esconder egoísmos y dar preferencia a las necesidades primarias (sexualidad, procreación y hábitat). Una gran tragicomedia: esa mezcla de la debilidad humana, demasiado humana, con la que vivimos (y a menudo sólo sobrevivimos). Vida preñada de sentimientos y emociones casi totalmente irracionales provenientes, mal que pese a los racionalistas, del inconsciente, ése que siempre nos está pasando factura. Los diálogos ricos en sutilezas, típicos del mejor teatro. Como ya estamos acostumbrados en las películas de Woody Allen o de Almodóvar de La mala educación como último ejemplo. Una plástica descriptiva magnífica: léase secuencias exteriores y captaciones casi siempre expresivas de los cuatro únicos personajes (nunca se hace pesada la historia contada) y con una bien escogida música. Impresionante (por la voluntad del director en dejar inconcluso el devenir), la secuencia del lecho de pareja entre el ‘cavernícola’ y la ‘fotógrafa’ (representantes del dominio de lo primario), en su cotidianidad de relación, ya anodina (libro y periódico sobre la cama abandonados por cansancio sin más), y la cara de la Roberts alejándose por el objetivo de la cámara, con una expresión que deja al espectador que resuelva su conclusión sobre una pareja “ya estable” pero sin la pulsión de la pasión y del amor. Y es que el querer y el deseo no es igual que el amor y la pasión. Sigo pensando que las relaciones de género en las culturas mediterráneas son más ricas y vitales. Esperemos que la influencia anglosajona no acabe con ello.
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