Director: Rogelio López Blanco      Editora: Dolores Sanahuja      Responsable TI: Vidal Vidal Garcia     
  • Novedades

    Pacto o conflicto en México (por Renward García Medrano)
  • Cine

    Un profeta, película de Jacques Audiard (por Eva Pereiro López)
  • Sugerencias

  • Música

    The Good, the Bad and the Queen
  • Viajes

  • MundoDigital

    ¿Realmente hay motivos para externalizar la gestión de un website?
  • Temas

    Pensando en Kyoto
  • Blog

    Asa Larsson: Aurora Boreal (por Iván Alonso)
  • Creación

    Entonces llegamos al final, por Joshua Ferris
  • Recomendar

    Su nombre Completo
    Direccción de correo del destinatario







Opinión/Cartas al director
Respuesta a la carta de Pikizu
Por --------, viernes, 14 de diciembre de 2001
Esta es una respuesta a la carta al director titulada "Consideraciones sobre una guerra", firmada por PIkizu, publicada en Ojos de Papel. Estoy de acuerdo con sus opiniones sobre la situación pasada y presente y con su apreciación de que la única solución al conflicto entre Oriente y Occidente pasa por el desarrollo y la democratización, y no por la guerra.
Me ha gustado especialmente el comentario sobre lo que consideramos Oriente y Occidente. Efectivamente, al pensar en Occidente recorremos mentalmente parte de Europa y parte de América del Norte. Al sur del río Grande o de Gibraltar no hay Occidente. Esto no es nuevo para una cultura que lleva siglos tragando la rueda de molino de la división sociopolítica de los "cinco continentes". En el diccionario, continente es "cada una de las grandes extensiones de tierra separadas por los océanos". Si tuviéramos un mínimo pudor geográfico, comprenderíamos que los 5 continentes son Eurasia, África, América del Norte, América del Sur y Australia. Si no nos sabemos habitantes del mismo continente que los chinos, ¿por qué vamos a reconocernos de la misma longitud geográfica que los magrebíes?

Pero también quiero discrepar sobre el párrafo de la carta que acusa a los Estados Unidos de actuar contra el terrorismo sólo cuando éste les afecta a ellos. Se trata de la afirmación de una evidencia, que no me llamaría la atención si no fuera por la frecuencia con que la estoy oyendo. Observo una tendencia a creer que los humanos nos dividimos en bienhechores y egoístas, o en listos y tontos, y que esas aptitudes o actitudes dependen de nuestra nacionalidad. Muchos europeos piensan que los estadounidenses demuestran ser egoístas en momentos de crisis, y el resto del tiempo lo dedican a ser simplemente tontos.

Alguien dijo, más o menos, que el provincianismo se cura viajando. Para curar esta absurda creencia del egoísmo y la tontería exclusivamente norteamericanos, basta con tener los ojos abiertos y los oídos limpios, sin moverse de casa. Lo que le falta a Europa para desarrollar su propio binomio egoísmo/tontería son años de rodaje en la sociedad del acomodo. No hay comportamiento "genuinamente americano" que no acabe apareciendo en Europa: la casa con jardín y aire acondicionado, los tres coches por familia, el televisor gigante abonado a 100 canales, la omnipresencia del deporte mayoritario, la obsesión por los seguros, la obligación social de tener una cartera de inversión, la mayor preocupación por el precio de la gasolina que por la ecología o la justicia en los países productores, el bipartidismo simétrico y el consiguiente crecimiento de la abstención electoral...

Para no hacernos daño con más miradas al espejo de nuestra propia casa, dejemos a un lado la acusación de egoísmo que afecta a todo el pueblo (indefendible para cualquier comunidad o nación, y más para un país con la mezcla racial y cultural de los EE.UU.), y entremos al trapo del egoísmo a nivel de los gobiernos. En materia de egoísmo, la historia de Europa en el siglo XX está plagada de lecciones. Desde el imperialismo alemán a los gobiernos que apartaron la vista de la guerra civil española. Desde la Francia rendida al nazismo que después nos hizo creer -a casi todos- que formó parte del bando aliado, a la Unión Europea que no se ha preocupado de ETA hasta los acontecimientos recientes.

Me pregunto cuál sería la preocupación de los españoles por el terrorismo internacional si no sufriéramos nuestro propio terrorismo. Si ya es escaso nuestro interés por el terrorismo en Irlanda, el Reino Unido, Argelia o Colombia, no quiero ni pensar cuál sería nuestra ignorancia del problema si no lleváramos 40 años de ETA a las espaldas. En materia de actuar por interés en política internacional, los españoles podemos ponernos en cabeza de la manifestación, en vista de los millones de votos recibidos por los políticos autores de las sucesivas leyes de extranjería y del abandono del pueblo saharaui, por no cansar con más ejemplos.

El mal existe, pero es general. Para desgracia del tercer mundo, en todo el primer mundo los políticos utilizan las mismas instrucciones de uso de la democracia: "da gusto a la mayoría, la justicia no te va a votar".

P.D.: Yo tampoco sé cuál es el segundo mundo, pero lo intuyo como un purgatorio o zona de cuarentena entre el tercer infierno y el primer cielo. ¿Serán las pateras el segundo mundo?

Manuel Misol
  • Suscribirse





    He leido el texto legal


  • Reseñas

    Nancy Mitford
  • Publicidad

  • Autores

    Entrevista a Luis María Llena, autor de El viejo que me enseñó a pensar (Jesús Martínez)