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Opinión/Revista de Prensa
La cumbre del G-8 en Génova y los movimientos antiglobalización
Por ojosdepapel, sábado, 21 de julio de 2001
El G-8 se reúne en Génova donde han encontrado la contestación del movimiento antiglobalización.
LA CUMBRE DEL G-8

Desde el 20 al 22 de julio los grandes mandatarios de las naciones más ricas del mundo, junto al de Rusia, se reunieron en Génova con motivo de su conciliábulo anual en el que, debido a la actual desaceleración económica, tienen planteado el serio problema de una posible recesión mundial, pues coincide algo que no ha ocurrido desde la Segunda Guerra Mundial, que las tres grandes locomotoras de la economía mundial (Estados Unidos, Europa y Japón) se están deteniendo al mismo tiempo (Joseph Stiglitz, El País, 15-7-2001; Lester Thurow, El País, 19-7-2001; La Vanguardia, Editorial, 19-7-2001; José Mª García-Hoz, ABC, 19-7-2001; Fernando González Urbaneja, Estrella Digital, 20-7-2001).

En general, el G-8 apostará por la mayor apertura posible al comercio, es decir, más globalización, lo que Bush y Blair consideran que paliará la pobreza de los países más necesitados (La Vanguardia, 19-7-2001; ABC, 20-7-2001). Junto a esto abordarán una serie de problemas, como el combate contra la pobreza a través de la condonación de la deuda y las ayudas a fondo perdido para los países más depauperados, la aprobación de programas contra las enfermedades endémicas como malaria, sida y otras que, en parte, recogen alguna de las demandas de los sectores antiglobalización, visto por algunos como una graciosa concesión y por otros como el reconocimiento de que las exigencias de esos sectores, de puro evidente, tienen fundamento (Joseph Stiglitz, El País, 15-7-2001; Manuel Piedrahita, ABC, 19-7-2001; El Mundo, Editorial, 20-7-2001)

QUÉ ES LA GLOBALIZACIÓN Y CUÁLES SON SUS EFECTOS

Detrás de las barreras y los grandes y aparatosos cordones policiales que guardan a los “amos del mundo” está manifestando su disconformidad el heterogéneo movimiento anti-globalización. Pero antes de entrar en su análisis a través de los distintos artículos publicados esta semana, conviene reparar en las opiniones de dos expertos sobre la globalización, ya que los últimos siete días han sido muy fructíferos, en contraste con la semana pasada en que la cosecha de artículos fue más mediocre. Para quien esté interesado en tener unas nociones bien fundadas sobre la mundialización debe acudir a los artículos del catedrático de Economía Aplicada Rafael Myro (El País, 14-7-2001) y del Premio Nobel de Economía de 1998 Amartya Sen (El Mundo, 19-7-2001). El primero describe con precisión y de forma accesible en qué consiste la globalización y echa por tierra ciertos tópicos sobre la cuestión. Por un lado, considera que “posee pocos fundamentos teóricos y carece de evidencia favorable: que la globalización engendra desigualdad y pobreza”; por otro, que la globalización es imparable a largo plazo (por el desarrollo tecnológico) pero es moldeable a corto y medio plazo (sencillamente por que los países pueden echarse atrás en la apertura de sus fronteras), “aunque se carece de evidencia concluyente, y será siempre difícil disponer de ella, existen muchos indicios de que la apertura a la competencia exterior favorece el crecimiento económico y muy pocos en contra”; por último, que la “lucha contra la desigualdad y la pobreza ha de ser indisociable del proceso de globalización”, “resultaría inaceptable que no contribuyera a la equidad”, lo cual exige la apertura de las fronteras de los países ricos a los productos de los países en desarrollo.

El segundo, Amartya Sen, coincide en casi todo con Myro. Constata que la globalización es un proceso que ha empezado hace siglos y que ahora la cuestión fundamental es la disparidad entre las diferentes naciones y en el seno de ellas, más concretamente que la distribución del beneficio que ocasiona la globalización sea equitativa, pero para ello es indispensable “una amplia y profunda utilización de los mercados, sin olvidar que son necesarios cambios a nivel político e institucional en las estructuras económicas, financieras y políticas internacionales”.

LOS MOVIMIENTOS ANTIGLOBALIZACÓN Y LAS CAUSAS DEL MALESTAR

Sobre el movimiento antiglobalización se dicen cosas muy interesantes, la primera que no debe ser denominado así, sino “globalizadores alternativos”, pues quieren aprovechar la oportunidad de la mundialización para construir otra globalización, pues al fin y al cabo, el presente no es más que un modelo concreto que puede ser modificado desde el punto de vista solidario (Andrés Ortega, El País, 16-7-2001). Casi nadie es contrario a la globalización, en tanto dato de la realidad, es más, la mayoría considera que ir en contra es como oponerse a la humedad o, en el peor de los casos, que un retroceso en esta materia supondría una catástrofe de incalculables proporciones (Lorenzo Contreras, Estrella Digital, 20-7-2001; Romano Prodi, El País, 20-7-2001; Zygmunt Bauman, El País, 20-7-2001).

Son esclarecedores los análisis sobre las causas del malestar que ha generado este movimiento alternativo. Para el sociólogo lord Ralf Dahrendorf “hay una ira general provocada por la impotencia que sienten los ciudadanos de las democracias. Tienen la sensación de que las decisiones importantes que afectan a su vida no corresponden ya a instituciones que ellos puedan controlar. A la hora de tomar decisiones clave, no parecen ser relevantes a quiénes elijan ellos para su Parlamento o gobierno nacional (...) muchas custiones se deciden en lugares lejanos” (El País, 16-7-2001). En la misma onda está la postura de Andrés Ortega quien señala que las manifestaciones expresan “el distanciamiento entre la política y una parte de la ciudadanía” (El País, 16-7-2001) o la denuncia de Romano Prodi de que “la protesta refleja un malestar real y difuso”(...) “la profunda insatisfacción ante los niveles de justicia y de participación en la sociedad” (El País, 20-7-2001).

EL CONTROL DE LA GLOBALIZACION

De inmediato los teóricos y analistas se plantean la fórmula para controlar un proceso que supera los marcos democráticos que quedan delimitados por los Estados. Andrés Ortega considera que hay que politizar la globalización, Prodi propone organismos multinacionales más eficaces, dialogantes y participativos (justo lo que le falta a la Unión Europea), Dahrendorf defiende que hay que ponerla bajo cierto tipo de control cívico y Valentí Puig, representante de la derecha liberal más inteligente, sostiene que son necesarios mecanismos de control (ABC, 20-7-2001). En discordancia completa está el catedrático de la Universiada San Pablo-CEU, Luis Núñez Ladevece, para quien los movimientos antiglobalización “No han sido capaces hasta ahora de construir una propuesta de cambio frente a la expansión mundial de mercado y es muy dudoso que puedan llegar a ser capaces de hacerlo nunca” (Diario 16, 20-7-2001). El sociólogo Zygmunt Bauman no se anda con tantas seguridades, “Toda respuesta eficaz a la globalización no puede más que ser global” y ésto “depende de que surja y arraigue un ámbito político global”, aunque sí tiene una certeza: “Se necesitan nuevas fuerzas para establecer y dar vigor a un foro auténticamente mundial adecuado a la era de la globalización (...) depende de nuestra inventiva compartida y de la práctica política del tanteo” (El País, 20-7-2001).

Contra toda estructura se manifiesta, muy sobrado de doctrina liberal, Fernando Serra, quien critica “la ideología intervencionista” de la socialdemocracia, “muy extendida también en las filas del centro derecha” que no “entienden que un capitalismo globalizado es precisamente un el resultado de las libres y continuas decisiones que toman miles de agentes individuales –productores, distribuidores, consumidores, inversores, trabajadores, accionistas, etc,- cuando participan en los mercados desregularizados y ahora más internacionalizados” (Libertad Digital, 20-7-2001).

LA CUESTION DE LA LEGITIMIDAD

Una cuestión central en el debate es el asunto de la legitimidad. Por un lado, están quienes aseguran que los únicos que en Génova tienen representatividad democrática son los jefes de gobierno del G-8, elegidos por sufragio universal, mientras que los alternativos, recogiendo las palabras de Tony Blair: “no representan a nadie” (Manuel Pidrahita, ABC, 19-7-2001; José Mª García Hoz, ABC, 19-7-2001; José Vicente Boo, ABC, 19-7-2001). Por otro lado, se sitúan los que sobre todo niegan cualquier legitimidad al G-8 para arrogarse la capacidad de gobernar el mundo, pues, según la periodista Marta Massagué “como grupo nadie le ha delegado poder alguno” (Marta Massagué, El Periódico, 18-7-2001; Tommaso Padoa-Schioppa –miembro del consejo ejecutivo del Banco Central Europeo-, El Mundo, 20-7-2001). Por cierto, un gobierno del mundo (G-8) que no tiene oposición, lo cual no parece muy democrático (Tommaso Padoa-Schioppa –miembro del consejo ejecutivo del Banco Central Europeo-, El Mundo, 20-7-2001).

En este sentido es muy oportuno leer el artículo en el que José Vidal Beneyto describe cómo los Estados Unidos han ido minando la capacidad de intervención de las Naciones Unidas y de sus agencias más incisivas en los asuntos mundiales, sustituyéndolas de hecho en sus funciones por organismos internacionales (p. e. el propio G-8) controlados por los grandes poderes políticos (grandes potencias) y económicos (multinacionales) (El País, 14-7-2001).

Sin embargo, tampoco es que los que impugnan la legitimidad para gobernar el mundo al G-8 reciban el visto bueno de la representatividad. Volvemos a Marta Massagué, quien observa que los alternativos “tampoco han pasado por las urnas”, junto “con un gran handicap. Mientras el G-8 se pone siempre de acuerdo, la oposición ni alcanza a pactar una postura común” (Marta Massagué, El Periódico, 18-7-2001; Tommaso Padoa-Schioppa –miembro del consejo ejecutivo del Banco Central Europeo-, El Mundo, 20-7-2001).

EL PROBLEMA DE LA VIOLENCIA

Por último la cuestión de la violencia ocupa, y emborrona, mucho el espacio del debate. Unos la aprovechan para sacudirse de encima a la totalidad del movimiento envolviéndolo con esa tarjeta de visita, como Tony Blair, García-Hoz o Fernando Serra (ABC, 20-7-2001; Libertad Digital, 20-7-2001). El más montaraz en el empleo a fondo de esta propaganda negativa, un auténtico especialista desde sus tiempos como falangista al servicio de Franco (“su Caudillo”) en el periódico ¡Arriba España!, es Jaime Capmany, para quien el movimiento alternativo “Se trata, sin duda, de un ejército terrorista” y en ese rango de certezas inamovibles añade: “No son grupos espontáneos de caritativa protesta. Son unidades perfectamente organizadas, ordenadas, armadas, conducidas, transportadas en trenes especiales e instruidas para la misión que se les encomienda”, porque, aquí le sale la faz detectivesca, “alguien con cabeza y dinero anda detrás de estos motines” (...) Ahí operan, necesariamente, intereses inconfesables” (ABC, 18-7-2001) Acabáramos, ¡el Oro de Moscú! ¡el contubernio judeo-masónico-comunista!, naturalmente todo en versión posmoderna.

En la misma onda paranoica, pero de signo contrario, está la posición de Carlos Pérez Uralde: “En cuanto a los actos cometidos por esa minoría violenta, se extiende la sospecha de que quizá se trate de títeres provocadores cuyos hilos puede manejar la propia policía para justificar la represión y convencer de paso al público de que los antiglobalizadores no pasan de ser una odiosa panda de gamberros” (El Correo, 20-7-2001). Ni Este autor ni Capmany dan una sola prueba ni se apoyan en un solo informe que acredite las especulaciones del primero y los “sin duda” del segundo. La búsqueda de la objetividad o la verdad que la haga Rita la “Cantaora”.

Son mayoría los que condenan cualquier acto de violencia y, más aún, los que exigen que los alternativos se zafen de su compañía. En palabras del editorialista de El Correo, los alternativos “perderán la fuerza de su razón en la medida que se dejen acompañar por quienes esgrimen la razón de la fuerza” (El Correo, 20-7-2001; Valentí Puig, ABC, 20-7-2001; Andrés Ortega, El País, 16-7-2001; Ralf Dahrendorf, El País, 16-7-2001; La Vanguardia, Editorial, 19-7-2001; Enrique Vázquez, El Peródico, 19-7-2001). No obstante, también son muchos los que llaman la atención para que no se meta en el mismo saco de la violencia a todo el movimiento (Enrique Vázquez, El Peródico, 19-7-2001; El Correo, 20-7-2001; Lorenzo Contreras, Estrella Digital, 20-7-2001; Romano Prodi, El País, 20-7-2001).

Por desgracia, el día 20 de julio, la violencia se acaba de cobrar la primera víctima en Génova con la muerte de un joven italiano de 20 años, Carlo Giuliano, por disparos de un policía.
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