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Opinión/Revista de Prensa
Inmigración y la polémica sobre la globalización
Por ojosdepapel, sábado, 14 de julio de 2001
La inmigración y la globalización continúan siendo materia de preocupación en los medios.
En esta ocasión hemos optado por dedicar la "Revista de prensa" a dos temas que están muy vigentes y sobre ellos hemos seleccionado los artículos de más calidad o que más han llamado la atención por su singularidad.

INMIGRACIÓN

Dos principalmente son las aportaciones aparecidas durante la semana que tienen interés. La primera es una entrevista de Montse Capdevila al sociólogo francés de origen argelino (Zidane no es un caso único) Sami Naïr (El Periódico, 8-7-2001), diputado del Europarlamento, especialista en inmigración, crítico de la globalización y representante del líder zapatista Marcos en la UE. Son muchas las frases que pueden destacarse. Los puntos fuertes del entrevistado son, como ya se ha anticipado, sus estudios y observaciones sobre el fenómeno migratorio. A corto plazo sostiene que los flujos ya no se originarán en el Magreb, pues ahí el ritmo demográfico ya se está estabilizando, sino en el Africa subsahariana, que son imparables y de lo que se trata es de organizarlos e integrarlos, y, muy particularmente, de no utilizarlos políticamente. Desmiente el tópico de que traigan la miseria, al contrario “vienen a trabajar y contribuyen a la riqueza de nuestros países.”

Naïr propone como modelo en esta materia a Francia, un país en el que se ha acabado por comprender, a partir del ascenso de la izquierda en 1997, que el tema no puede ser objeto de manipulación política y que la única fórmula es la integración, siempre desde el respeto a los derechos y deberes, concretamente “hay que respetar la cultura de la sociedad de acogida, la igualdad de los sexos, la separación de lo temporal y lo espiritual en la religión”, o sea, que la conclusión es que nada de multiculturalismo. Para el caso de España opina que el “trabajo de construcción de una concepción colectiva democrática no ha acabado todavía”, que hay riesgo de politizar el tema y que “en El Ejido hay un verdadero apartheid, lo que es una vergüenza para España y para Europa”, denunciando que aquí “los intelectuales y políticos tienen una grave responsabilidad, porque no denuncian como se debe esta situación.” Estamos arreglados: si tenemos a los intelectuales vascos trabajando a destajo por la libertad en el País Vasco, ¿quién se va a encargar ahora de este otro tema central? No le va a tocar todo al pobre Savater... Se buscan voluntarios.

Por su parte, el profesor de Antropología de la Universidad de Barcelona, Manuel Delgado (aquél que aparecía dándole la vuelta a todo en las tertulias de la tarde de Julia Otero antes de que la echaran arteramente de la cadena de radio Onda Cero) denuncia vigorosamente los efectos perniciosos que está trayendo la aplicación de la Ley de Extranjería en España (El Periódico, “Inmigrantes bajo estado de excepción”, 6-7-2001), hasta sostener que “se puede intuir que la voluntad de la ley nunca fue detener el supuesto aluvión de inmigrantes ilegales, sino de asegurar que los que iban a dejar de llegar permaneciesen a merced de las inclemencias de un mercado laboral atroz.” Destaca que los informes de Amnistía Internacional detectan el incremento de “las vejaciones, agresiones y torturas contra extranjeros en situación irregular en el país como resultado de la acción o la pasividad de los cuerpos de seguridad del estado.” También censura al PP por haber rechazado en el Parlamento la ratificación de tres de los protocolos del Convenio Europeo sobre los Derechos Humanos que prohíben las deportaciones masivas, garantías jurídicas para los indocumentados y la obligación de la Administración a proteger a toda persona objeto de discriminación racista. Reconoce que no está claro lo que hay que hacer, pero que sí lo está que la presente legislación agrava los problemas “y nos hace indignos de figurar entre los países civilizados del mundo.” El riesgo de las denuncias acerbas y de la hiperbolización contumaz es el de la comparación con modelos supuestamente impecables que no lo son tanto, como se está viendo en estos días en los disturbios raciales en Gran Bretaña (país civilizado donde los haya) entre “pelaos” nazis y gentes de origen asiático, además de que Amnistía no sólo dedica atención a España entre las democracias europeas. En cualquier caso el autor lleva razón en lo que describe: “Internamiento de personas que han cometido el delito de “existir”, colas humillantes, malos tratos policiales, miles de seres humanos condenados a la clandestinidad, explotación, mafias, decenas de cadáveres flotando en las aguas del estrecho o frente a las cosas Canarias.” Se queda corto, le falta la prostitución en calidad de esclavas, la explotación en la vivienda, la usura,...

GLOBALIZADORES Y ANTIGLOBALIZADORES

Uno de los más finos analistas de política internacional, Andrés Ortega (El País, “La globalización de las diferencias” 9-7-2001), nos descubre las paradojas de la globalización y, mediante datos concreto, previene contra los falsos maniqueos y los análisis simplistas planteados para encajar consignas de uno u otro signo. Aborda la globalización en el terreno de la cultura, en sus dos vertientes “la de uniformización y la de la diferenciación. La primera se suele confundir con `americanización´, al fijarse sólo en los aspectos poco profundos o epidérmicos” y advierte que incluso en este ámbito las cosas no son tan previsibles: se sabe que India produce más películas que Hollywood, que Estados Unidos “es un importador neto de productos culturales”, que la francesa Vivendi ha comprado la Universal y que la alemana Bertelsmann es una de las empresas culturales fuertes allí. Explica que pueden aparecer problemas serios cuando “los cambios en la cultura material (tecnología, transportes, comunicaciones) sean tan rápidos que que la cultura no material y profunda no sigue y pierde pie. Este retraso tiende a producir reacciones contrarias a la globalización.” No obstante, “Internet puede favorecer el mantenimiento de las diferencias dentro de una sociedad.” En definitiva, los “nuevos medios contribuyen a la uniformización, pero a la vez la tribalización, a la pertenencia a tribus virtuales o no tan virtuales.”

Quien se encara con los antiglobalizadores de forma contundente es Ignacio Sánchez Cámara (ABC, "Extraño debate”, 7-7-2001). Según éste profesor de Filosofía del Derecho el “debate sobre la globalización empieza a aburrir por su futilidad. La palabra resulta ya casi inservible, si es que acaso alguna vez fue clara y útil”. Para él lo que “está más globalizado es la simpleza y el prejuicio”, recomienda hacer una distinción razonable: “que una hipótesis no es una verdad confirmada sino una conjetura que habrá que someter a verificación” y que, por tanto, sacando oportunamente a colación a Ortega y Gasset, “o se hace literatura o se hace precisión o se calla uno.”

Otro que sacude de lo lindo a los globófobos es el profesor de Economía de la Universidad de Columbia, Xavier Sala i Martín (La Vanguardia, “Pregúntenselo a Fidel”, 11-7-2001), un liberal inteligente, de esos que saben darle la vuelta a los argumentos. Aparte de la burla sobre la suerte que tiene Fidel con eso de que a Cuba, por el bloqueo, no le afecte la globalización, refuta un error fundamental en las tesis de los “anti” que “confunde(n) los conceptos de desigualdad y pobreza”, pues “en 1750 el mundo era muy igual, pero era muy pobre ya que casi toda la población vivía en régimen de subsistencia.” También tiene la réplica para otros dos argumentos de los globófobos que considera falaces: la de que “las desigualdades seguirían creciendo sin parar” y que “la globalización convierte en pobres a muchos que antes eran ricos”.

El catedrático Luis González Seara escuchó a Negroponte en un curso de verano y se mofa de él empezando por el título del artículo (La Razón, “Nostradamus Negroponte”, 9-7-2001). Señala que “una de las originalidades de la nueva profecía es su insobornable optimismo”, venía a decir el gurú “nada de crisis en la Red, nada de hundimiento de las empresas punto com, nada de la caída de la Bolsa. Se trata simplemente de un punto de inflexión en la andadura de Internet (...) Es más, profetiza Negroponte, ya en puro trance extático: en los próximos cinco años, habrá más muñecas Barbie conectadas a Internet que americanos. ¿Para qué?, puede preguntarse un ibero receloso (...) ¿Cómo que para qué?, responde Negroponte: para que las muñecas aprendan lenguajes nuevos, y puedan descargar cuentos que puedan contar a sus dueñas. De modo que un siglo de desarrollo exponencial de la electrónica, la cibernética y la profecía mediática, y un siglo de liberación de la mujer (...) ¿ha venido a parar en que las mujeres se pasen las horas bobas escuchando a las Barbie que descargan cuentos en Internet?” La chanza es buena pero algunos nos planteamos si este profesor tiene ordenador (y si lo usa).

Un reputado globófobo, José Vidal Beneyto (El País, 7-7-2001) reivindica el concepto de sociedad civil para atribuirlo al movimiento antiglobalización, pues “surge siempre de una voluntad de resistencia frente a la opresión y a la injusticia y se constituye como un ámbito público de antagonismo, contestación, debate y concertación con los poderes dominantes.” Ataca a quienes pretenden “meter en el saco de la sociedad civil al Estado y a los suyos, conjuntamente con las organizaciones políticas y las empresas, en un indigesto revoltillo con las asociaciones ciudadanas”, pues “no pude funcionar”. La sociedad civil global, "en ausencia de una verdadera comunidad política mundial”, se “ha configurado como el único contrapoder posible frente a la coalición de las multinacionales y de los grandes Estados.” Rechaza el radicalismo izquierdista superficial que critica el concepto y apela a la autoridad (¡) del “subcomandante” Marcos, quien “reclama otra mundialización” con ingredientes como “la confrontación ética con los amos del mundo” y la ambición de “una paz universal y solidaria.”

Uno de los aspectos más polémicos de los movimientos antiglobalización es el de su lucha contra los transgénicos. Para aquellos que estén interesados en el aspecto económico del asunto y en la pugna que existe entre Estados Unidos y la UE para su homologación se puede acudir al artículo del catedrático de Economía, Ramón Tamames (Estrella Digital, “Los transgénicos, a debate”, 12-7-2001). El dato más interesante es el de la superficie agraria útil que ya ocupan este tipo de cultivos en algunos países como USA (29 por ciento), Argentina (17 por ciento) o Canadá (10 por ciento). La actitud de la UE es avanzar autorizando uno a uno estos cultivos, una vez comprobados sus efectos con todo rigor y sin precipitaciones.

El debate sobre la globalización no parece tener fin, primero, como se ha visto, porque tiene una multiplicidad de aplicaciones y variantes, segundo, porque todavía se encuentra en fase de conceptualización y, tercero, porque hay muchos intereses en uno y otro lado que porfían para que permanezca en estado gaseoso.
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