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Opinión/Revista de Prensa
Zapatero propone y la prensa dispone
Por ojosdepapel, sábado, 07 de julio de 2001
Debate en la prensa a raíz de la presentación del líder del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, de su proyecto para refundar el partido.
La crítica es la forma abrumadoramente mayoritaria en el sentir general de los opinadores que han volcado en la prensa sus juicios sobre el discurso con el que el líder del Partido Socialista Obrero Español, José Luis Rodríguez Zapatero, presentó el manifiesto Ciudadanía, libertad y socialismo. El documento constituirá la base de la discusión ideológica y organizativa para la refundación del partido en la Conferencia Política que tendrá lugar los días 20 y 21 de julio.

Lo cierto es que, excepto contadas excepciones, tres concretamente, Zapatero, como en el debate sobre el Estado de la Nación, ha recibido estopa sin tregua, comenzando por el ala izquierda de su partido, el guerrismo, que ve el proyecto como “malo y sin alma” y que se “cae de las manos”, en palabras de Matilde Fernández, quien se quejó de que “no utilice el lenguaje socialdemócrata” (ABC, 3-7-2001)

Sin embargo, aunque casi todos apuntan a Zapatero como un muñeco de feria, dejándolo como chupa de dómine, se dan interesantes contradicciones que llaman la atención sobre el sentido de la realidad de algunos periodistas. A Javier Ortiz, Zapatero no le parece realmente socialista, por eso no “se pregunta por qué los propagandistas del orden establecido le dirigen tantos piropos” y, lo que es peor, “los aplausos de la gente de orden no sólo no le incomodan, sino que los disfruta”, lo cual “no es precisamente en homenaje a su lucidez, sino en reconocimiento a su inofensividad” (El Mundo, 4-7-2001). En esta misma línea está El Conspirador, hijo putativo de Pablo Sebastián, director de Estrella Digital, cuando denuncia “los masajes que le dan de manera sospechosa desde el Gobierno de Aznar y su entorno mediático” a Rodríguez Zapatero (Estrella Digital, 3-7-2001).
El reputado liberal-categórico Federico Jiménez Losantos, que tampoco se anda por las ramas a la hora de la burla y del deprecio, afirma: “A su lado, Platón era un pelanas con ínfulas totalitarias. Y Aristóteles, un descubridor de mediterráneos con vocación de rentista (...) Hay un antes y un después en el pensamiento político occidental que es el antes y después de Zapatero”

Habrá que comprobar el fundamento de tales tesis. Primero hay que precisar dónde están “los propagandistas del orden establecido” de Javier Ortiz y cuál es el entorno mediático del gobierno de Pablo Sebastián. Son los clásicos ABC, El Mundo, La Razón, Antena 3 y todos los medios públicos. Y revisando la prensa vemos que los dos únicos editoriales en los que se hace un comentario algo elogioso de la exposición de Zapatero es en El Mundo (donde escribe Ortiz), que considera el “discurso de una profundidad doctrinal y retórica muy superior a lo que es habitual en los políticos españoles” y sostiene, además, que la intervención “es digna de encomio y merece la pena leerla con atención”, y el ABC, donde se reconoce que “el nuevo rumbo apunta en la dirección acertada, anque sólo sea porque plantea concretas cuestiones de contenido ideológico y abandona las confortables sendas de la retórica demagógica” (El Mundo, Nota editorial, 3-7-2001; ABC, Editorial, 3-7-2001). No es tanto como para decir que a Zapatero le está hinchando la chepa con tantas palmadas interesadas de felicitación.

Ahora veremos cómo tratan realmente las propuestas del líder de los socialistas los columnistas de los diarios adictos al gobierno. Carlos Dávila, siempre ceñudo, hace suyas las palabras de un profesor que no menciona, “No hay que enfadarse con la nada” y luego se suelta la melena: “El primer secretario socialista es en sí mismo una colección de lugares comunes revestida de pedagogía de maestro ciruela, y adornada con un objetivo claro: que el personal le considere, sobre todo, una buena persona (...) necesita que le quieran porque aspira –ya lo verán- a salvarnos” (ABC, 4-7-2001). El reputado liberal-categórico Federico Jiménez Losantos, que tampoco se anda por las ramas a la hora de la burla y del deprecio, afirma: “A su lado, Platón era un pelanas con ínfulas totalitarias. Y Aristóteles, un descubridor de mediterráneos con vocación de rentista (...) Hay un antes y un después en el pensamiento político occidental que es el antes y después de Zapatero” (El Mundo, 5-7-2001).
El País trata con suavidad el proyecto de Zapatero al que ve como “un intento de actualizar el discurso del partido para buscar repuestas a la España del siglo XXI (...) y a una globalización difícil de gobernar”; se trata de “atraer (...) a un electorado lo más amplio posible”; y acaba afirmando que le “queda mucha senda que recorrer para pasar de una “oposición útil” a ser una auténtica alternativa”

Hasta aquí las intervenciones que tienen un tono de burla dentro del espectro de la prensa de la derecha. Aunque hay algunos que, efectuando una censura fuerte, no se lanzan por el camino de la mofa. Es el caso de Gregorio Robles quien sostiene que el de Zapatero es un “discurso autorreferencial: se gusta a sí mismo, y no penetra lo más mínimo en lo que interesa a la gente. No habla de problemas concretos ni ofrece planteamientos generales” (La Razón, 6-7-2001). Desde el mismo punto de vista lo comenta Martín Ferrand: no es que “no tenga alma”, como dicen sus enemigos interiores, “lo que no tiene son ideas”, “su escrito no es inteligente”, es “pragmatismo en estado puro, aliviado con las esencias de lo políticamente correcto” aunque “rezuma virtud y bonhomía en cada una de sus páginas” (ABC, 4-7-2001). Finalmente, por parte de la derecha más asilvestrada que, hoy por hoy hay en España, la vasca del PNV, tenemos una muestra en Amaia Fano quien califica al discurso de “supercalifragilístico geométrico (...) más que buscar el centro, el PSOE ha perdido definitivamente el norte” (Deia, 4-7-2001)

Esto es lo que hay entre los escritores de la prensa adicta al Gobierno o de orden. Pero en la izquierda tampoco se andan con chiquitas. Para Juan Francisco Martín Seco, uno de los más duros, los socialistas, que están “condenados a la vacuidad”, “presentan un documento sin garra, light, muy al estilo de Tony Blair (...) sin chicha”, “un cúmulo de generalidades, un compendio de buenas intenciones (...) Pero así y todo presenta un profundo tufillo a involución (...) Representa un paso atrás no sólo con respecto a la ideología socialista, sino en relación incluso con la parte económica y social de la Constitución de 1979 (sic) (...) Esa nueva forma de hacer política y de hacer oposición está ya inventada ya hace mucho tiempo, y se llama compadreo; la utilizaron Canovas y Sagasta...” (Estrella Digital, 4-6-2001). También las críticas de Javier Oriz están inscritas en la estela decimonónica: “lo suyo no es sino una pobre repetición tardía del ideario del progresismo ingenuo del siglo XIX, que ningún crítico medianamente serio de la realidad de la pasada centuria se atrevería a suscribir” (El Mundo, 4-7-2001). En primer lugar, Ortiz se equivoca de centuria y, en segundo lugar, tiene una forma curiosa de denominar a los historiadores, lo cual hace sospechar que no lee mucha historia. Pablo Sebastián también se apunta a indicar por dónde debe ir la izquierda, qué problemas se debe plantear y a cuáles sectores se ha de dirigir (Pablo Sebastián, Estrella Digital, 6-7-2001). Uno se pregunta si no sería mejor que estos tres periodistas formaran un partido y se presentaran a las elecciones, con tanta razón y seguridad como tienen en ella.
Lo que es más interesante del planteamiento de César Alonso de los Ríos: “el PSOE tendrá que definirse `respecto a´ o `frente a´ los grupos externos a los que ha estado sometido en estos años: gremiales, mediáticos, bancarios...”

El País trata con suavidad el proyecto de Zapatero al que ve como “un intento de actualizar el discurso del partido para buscar repuestas a la España del siglo XXI (...) y a una globalización difícil de gobernar”; se trata de “atraer (...) a un electorado lo más amplio posible”; y acaba afirmando que le “queda mucha senda que recorrer para pasar de una “oposición útil” a ser una auténtica alternativa” (El País, Editorial, 3-7-2001). Curiosamente, está de acuerdo con el ABC en que el objetivo de la propuesta es “aproximarse a la realidad social, sobre todo a los jóvenes y a los sectores más dinámicos que habían dado la espalda a los socialistas en los últimos años” (ABC, Editorial, 3-7-2001). La dirección socialista no parece tan poco inteligente a la vista de tales planes.

Mario Onaindía realiza su análisis desde la perspectiva del País Vasco. Considera que la opción adoptada por Zapatero es muy positiva y que tiene mucho que ver con las circunstancias de su territorio y otros condicionantes; primero, porque remite a las guerras carlistas y a la defensa de los liberales contra el acoso absolutista; segundo, porque supone un intento se superar tanto la cultura política de la Transición, donde se tuvieron que sacrificar los valores en aras de los procedimientos, como la anterior experiencia de gobierno socialista, en la que se pecó de estatismo frente a la propuesta actual del ciudadano como sujeto de las transformaciones sociales; y, tercero, porque coloca a la ciudadanía vasca ante la necesidad de la movilización, de no depender del gobierno, para construir “la Euskadi liberal que todos queremos” (El Mundo, 5-7-2001).

La versión más ecuánime procede de César Alonso de los Ríos, tanto más después de la forma en que puso a Zapatero tras el debate del Estado de la Nación (véase ojosdepapel, Revista de Prensa, 30-6-2001). Para este periodista “el socialismo de Zapatero va a articularse en torno a las ideas de libertad y de una concepción de la ciudadanía (el llamado republicanismo, vía anglosajona”, con lo que “cabe predecir que el PSOE va a entrar al fin en la fase del `postsocialismo´”, lo cual va “a tener muchas resistencias de personas y grupos que requerirán algo más que un talante amable” y, lo que es más interesante del planteamiento de César Alonso de los Ríos, “el PSOE tendrá que definirse `respecto a´ o `frente a´ los grupos externos a los que ha estado sometido en estos años: gremiales, mediáticos, bancarios...” (ABC, 4-7-2001).

Tanto en el debate sobre el Estado de la Nación como en esta ocasión se percibe que entre muchos analistas existen serias dudas sobre las cualidades políticas y la valía intelectual de Rodríguez Zapatero para liderar el proyecto socialista, cayendo muchos en la pura subestimación. Esto recuerda mucho a aquellos que llamaban marmolillo a Aznar y se reían de sus posibilidades de alcanzar alguna vez el gobierno. Aquí lo que falta es echar mano de las hemerotecas. Habrá que ver lo que dicen si Zapatero tiene éxito en su empresa política.
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