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Opinión/Revista de Prensa
El debate sobre el futuro de la Unión Europea
Por ojosdepapel, sábado, 09 de junio de 2001
Las propuestas de Schröder y Jospin han generado un intenso debate en la prensa española del que aquí se da cuenta.
A la propuesta alemana para un nuevo modelo de construcción europea, postulada por el canciller Gerhard Schöder, ha sucedido la francesa, a cargo del primer ministro Lionel Jospin. Sobre ambos proyectos se ha sucedido un importante debate que continuará, con altas y bajas de ritmo, hasta la cumbre de Berlín en 2004, momento a partir del cual habrá de estar despejado el camino para la ampliación de la UE a los países del este de Europa. Sin embargo, aunque parezca que algunos corren mucho, y razones no les faltan, la cuestión es muy compleja y llevará su tiempo, ya que se mezclan numerosas variables, predominantemente de política interior de los Estados (grupos de interés, regiones, inminentes batallas electorales, opiniones pasivas...). Además, como de costumbre, las propuestas están vinculadas a los intereses nacionales respectivos.

Tras constatar la insuficiencia de los acuerdos alcanzados en la última cumbre “Schröder salió de Niza convencido de que las actuales instituciones europeas están obsoletas y que los dirigentes europeos son incapaces de reformarlas siguiendo los métodos tradicionales” (Josep Borrell, Estrella Digital, 1-6-2001). Para los alemanes, como señala Mirador Schuman , “el modelo de construcción gradualista se ha agotado”, por lo que han planteado un modelo federal “ambicioso y coherente”, el suyo, el alemán, como estructura capaz de afrontar la ampliación y, al mismo tiempo, como forma de recuperar el terreno perdido en Niza frente a Francia, beneficiada (como España) por el reparto de poder político en esa cumbre (Mirador Schuman, ojosdepapel, 26-5-2001). Sólo Luis Foix y La Razón también se muestran de acuerdo con las pretensiones alemanas (Lluis Foix, La Vanguardia, 1-5-2001 y La Razón, 29-5-2001)
Como señala Lluis Foix “el peligro que asoma en el horizonte es que las instituciones europeas puedan convertirse en simples apéndices de las decisiones nacionales alemanas”

Son muchos más los que advierten en la posición alemana una serie de trampas y oportunismos que hacen rechazables sus pretensiones. Las más elementales afectan al deseo egoísta de aprovechar todas las ventajas de la ampliación a los países del Este --será la más beneficiada--, sin pagar factura alguna, además de pretender reducir su actual factura --a través de la renacionalización de la política agraria y los fondos de cohesión-- y pasar a gestionar y controlar el dinero europeo basándose en el dominio que ejercerá en el parlamento, donde ocupa una posición prácticamente decisiva (Xavier Vidal-Folch, El País, 6-5-2001; Carlos Closa, La Vanguardia, 17-5-2001; Eric Le Boucher y Arnaud Leparmentier, El País, 20-5-2001; ABC, Editorial, 29-5-2001; Enrique Vázquez, El Periódico, 30-5-2001; Soledad Gallego-Díaz, El País, 3-6-2001; José Vidal-Beneyto, El País, 2-6-2001; El País, Editorial, 3-6-2001; José Francisco Martín Seco, Estrella Digital, 6-6-2001).

Pero hay todavía algo peor que ese egoísmo oportunista, como señalan dos analistas franceses, Eric Le Boucher y Arnaud Leparmentier: “Lo que molesta es que Alemania, primera potencia de Europa, desee una federación en la que tendría más poder, pero se niega a asumir la responsabilidad –para empezar, económica- que corresponde al mayor miembro de una comunidad heterogénea”; hasta el punto de que, como señala Lluis Foix “el peligro que asoma en el horizonte es que las instituciones europeas puedan convertirse en simples apéndices de las decisiones nacionales alemanas”, cosa que de la que no están alejadas otras opiniones (Eric Le Boucher y Arnaud Leparmentier, El País, 20-5-2001; Luis Foix, La Vanguardia, 29-5-2001; ABC, Editorial, 29-5-2001; Javier Ortiz, El Mundo, 30-5-2001).
No se debe olvidar que la estrategia francesa está fundada en su interés nacional, en mantener su protagonismo en la escena internacional, lo que le obliga a bloquear cualquier acuerdo en torno a un metaestado europeo donde a los antiguos estados-nación les correspondería un papel similar al que actualmente desempeñan los länder alemanes

Hay una interpretación más arriesgada del movimiento de pieza de Schröder que vendría a explicar el proyecto alemán como un último intento que, de no conseguir sus objetivos, serviría de justificación para que Alemania se sintiese libre para orientar su política exterior de forma más libre y acorde con sus intereses; es más: “Cabe preguntarse pues si el fin último de la propuesta de Schröeder no es el obtener finalmente para Alemania (...) la libertad de maniobra en la persecución de sus objetivos nacionales, que todos los países de Europa, menos ella, han gozado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial” (Mirador Schuman, ojosdepapel, 26-5-2001).

A continuación apareció en escena la propuesta de Lionel Jospin, que cuenta con el respaldo mayoritario de los analistas y medios españoles por su sentido realista y su equilibrio (ABC, Editorial, 29-5-2001; Javier Ortiz, El Mundo, 30-5-2001; Eliseo Oliveras, El Periódico, 30-5-2001; Estrella Digital, Editorial, 30-5-2001; Fernando Rodrigo, ojosdepapel, 2-6-2001); y por defender un modelo de sociedad especifico, con unos valores democráticos, sociales y culturales, con afán de ejercer una política exterior independiente y con interés en mantenerse en la vanguardia del desarrollo tecnológico e industrial, todo lo cual, resumido atinadamente por Fernando Rodrigo como “el modo de vida europeo”, configura algo que sólo se da en este continente (Enrique Vázquez, El Periódico, 30-5-2001; Javier Ortiz, El Mundo, 30-5-2001; Darío Valcárcel, ABC, 30-5-2001; Josep Borrell, Estrella Digital, 1-6-2001; Soledad Gallego-Díaz, El País, 3-6-2001; Fernando Rodrigo, ojosdepapel, 2-6-2001; José Vidal-Beneyto, El País, 2-6-2001). Sin embargo, no se debe olvidar que la estrategia francesa está fundada en su interés nacional, en mantener su protagonismo en la escena internacional, lo que le obliga a bloquear cualquier acuerdo en torno a un metaestado europeo donde a los antiguos estados-nación les correspondería un papel similar al que actualmente desempeñan los länder alemanes, negativa con la que están de acuerdo otros estados amenazados por fenómenos regionales centrífugos como España o Italia (Luis Foix, La Vanguardia, 29-5-2001; Josep Borrell, Estrella Digital, 1-6-2001; José Vidal-Beneyro, El País, 2-6-2001; Soledad Gallego-Díaz, El País, 3-6-2001; Carlos Nadal, La Vanguardia, 3-6-2001).

Con todo, el hacer hincapié en las diferencias no debe hacer olvidar que “las posiciones alemana y francesa coinciden en los objetivos de reforzar la integración de la Unión Europea, abolir su déficit democrático, perfilar una federación de estados nación y crear una Europa de los ciudadanos” y “su voluntad de la Europa del futuro sea un edificio político y no simplemente un solar sólo apto para el librecambio” (La Vanguardia, Editorial, 29-5-2001). No obstante, como sostiene Tymothy Garton Ash, para no caer en la decepción es mejor pensar en la UE “como un proceso en vez de cómo una estructura, como método en vez de cómo obra de arquitectura” (El País, 8-6-2001).
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