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Opinión/Revista de Prensa
¿La derrota de la esperanza?
Por ojosdepapel, sábado, 26 de mayo de 2001
Análisis del resultado de las elecciones vascas: ¿hasta qué punto ha fracasado la opción constitucionalista que apostó por la ética democrática y la defensa de las libertades fundamentales?
Tomamos prestada como título la frase de Fernando Savater (El País, 23-5-2001), poniéndola, además, entre interrogantes por algunas deducciones de los últimos análisis de las elecciones y por las actitudes del futuro lehendakari, Ibarretxe, que apuntan hacia una buena dirección. Hay quien, como el historiador Antonio Elorza, partidario del bloque no-nacionalista, sostiene, en un artículo reveladoramente titulado “El reflujo”, que es posible dar un voto de confianza al jefe del gobierno vasco (El País, 25-5-2001). A la vista del esperanzador giro de los nacionalistas hacia la moderación, Elorza no tiene ningún reparo en cambiar su punto de vista sobre Ibarretxe, del que había desconfiado, con buenas razones, en sus análisis iniciales, por su “duplicidad” (“palabras hermosas y corazón falso”) y su “ambigüedad al compaginar su insistencia en la condena doliente de los actos terroristas con la firme voluntad de evitar un enfrentamiento radical con Eta y con el giro final de las acusaciones a los demócratas representantes de las víctimas” (El País, 19-52001; El Correo, 15-5-2001). Son muchos los que consideran que Ibarretxe es el auténtico vencedor de la contienda, fuera y dentro del partido, con un capital político acumulado que le permitirá tener las manos libres para actuar con moderación (Pablo Sebastián, Estrella Digital, 14-5-2001; El País, 15-5-2001; La Vanguardia, 15-5-2001; Fernando López Agudían, El Mundo, 16-5-2001; Josep Ramoneda, El País, 15 y 17-5-2001; Fernando López Agudín, El Mundo, 16-5-2001; Francecs de Carreras, El País, Cataluña, 17-5-2001)

Posición contraria en la valoración del futuro comportamiento de los nacionalistas moderados es la Jon Juaristi, quien confiesa su pesimismo y no advierte en Ibarretxe otro cambio que “una prisa inusitada por llegar el primero al lugar del crimen y mostrarse compungido”, cuando una buena parte de la población “le exige (...) algo distinto a sus alardes públicos de pesadumbre” (ABC, 25-5-2001). De igual opinión son gente como Luis María Anson, Gabriel Albiac, Raúl del Pozo, Lorenzo Contreras, David Gistau, Martín Prieto o César Alonso de los Ríos (La Razón, 15 y 16-5-2001; El Mundo, 14-5-2001; El Mundo, 15-5-2001; La Razón, 15-5-2001; La Razón, 15-5-2001; El Mundo, 17-5-2001; ABC, 25-5-2001).

Lo cierto es que los resultados de las elecciones vascas han sido para muchos, incluyendo a la redacción de ojosdepapel.com, profundamente desalentadores por la derrota del discurso moral que defendía que por encima de cualquier diferencia política o programa estaban los derechos elementales que le son vedados a los no-nacionalistas, el de poder expresarse o manifestarse de forma diferente y el de participar políticamente para defender dichos puntos de vista sin que corriese peligro su vida o su patrimonio. Como señala la profesora Edurne Uriarte, miembro de PSE y de ¡Basta Ya! “estas elecciones eran sobre principios fundamentales, no sobre estrategias” (ABC, 15-5-2001). Se trataba de adoptar una forma de empatía elemental, de mostrar sensibilidad hacia el sufrimientos de las víctimas del terrorismo y los que son hostigados por una kale borroka que amenaza su integridad física y su tranquilidad personal, lo corriente en un país democrático, algo de lo que no pueden disfrutar muchas personas en el País Vasco. Sólo hay que recordar las imágenes de Vidal de Nicolás (presidente del Foro de Ermua), Nicolás Redondo, Mayor Oreja, María San Gil o Carlos Iturgáiz acosados por jaurías de nacionalistas radicales mientras intentaban votar, lo que de facto muestra la ideología totalitaria de los que ansían verlos tendidos, como tantos otros, debajo de una sábana.
Para la profesora Edurne Uriarte, que a punto estuvo de ser asesinada en su facultad, “el voto étnico se ha vuelto a imponer” y es el reflejo de una “profunda intolerancia” que “dibuja un futuro preocupante para los no nacionalistas”; los resultados “...nos han mostrado que la sociedad no se coloca mayoritariamente al lado de esos principios. Hay ciudadanos para los que la autoafirmación excluyente de su identidad fundada en el racismo y la xenofobia es anterior a la defensa de la libertad de los otros ciudadanos” (ABC, 15-5-2001)

Las expresiones de decepción y dolor por este golpe electoral son incontables. El antropólogo Carlos Martínez Gorriarán, también destacado representante de la iniciativa ¡Basta Ya!, sostiene que el electorado ha “pasado factura a las víctimas, quizá por empeñarse en existir estropeando el paisaje”, así “entre el dilema de ponerse del lado de las víctimas y acabar siendo acaso víctima ella misma o mirar hacia otro lado aceptando la intolerable tesis de Ibarretxe de que los vascos viven en el mejor de los mundos posibles, los electores han optado mayoritariamente por la segunda opción” (ABC, 15-5-2001). Para la profesora Edurne Uriarte, que a punto estuvo de ser asesinada en su facultad, “el voto étnico se ha vuelto a imponer” y es el reflejo de una “profunda intolerancia” que “dibuja un futuro preocupante para los no nacionalistas”; los resultados “...nos han mostrado que la sociedad no se coloca mayoritariamente al lado de esos principios. Hay ciudadanos para los que la autoafirmación excluyente de su identidad fundada en el racismo y la xenofobia es anterior a la defensa de la libertad de los otros ciudadanos” (ABC, 15-5-2001). No son pocos los que están en sintonía con estos sentimientos y opiniones Emilio Alfaro, José María Calleja, Ignacio Sánchez Cámara, Santos Juliá, Patxo Unzueta, Fernando Savater, Jon Juaristi (El País, 15-5-2001; El Correo, 19-5-2001; ABC, 22-5-2001; El País, 23-5-2001; El País, 24-5-2001; ABC, 25-5-2001). En este sentido son abrumadora mayoría los que defienden que la validez de la razón moral sigue persistiendo -Antonio Elorza, Javier Pradera, Ignacio Sánchez Cámara, José Antonio Zarzalejos, Pattxo Unzueta, PJ Ramírez, Emilio Lamo de Espinosa, Carlos Martínez Gorriarán, Federico Jiménez Losantos...- frente a quienes consideran que esto es un error, como José Luis Martínez Ibáñez o Juan Luis Cebrián, quien sostiene que "la razón moral no avala ni justifica (la) equivocación política" de los intelectuales que apoyaron a los no-nacionalistas (El Periódico, 15-5-2001; El País, 18-5-2001). El odio a Aznar puede con Cebrián.

Una opinión más alejada geográficamente respalda estas valoraciones. El catedrático de Derecho Constitucional, Francecs de Carreras, próximo a los socialistas, desde Cataluña piensa que el resultado demuestra que “hay una parte de la sociedad vasca que, sin saberlo, está enferma, asustada, es ajena al dolor ajeno, prefiere no oír hablar de muertos y de sangre porque no quiere ponerse ante el espejo y verse tal cual es: cobarde, atemorizada, egoísta, autocomplaciente, irresponsable, sólo preocupada por su apariencia exterior” (El País, Cataluña, 17-5-2001)

Afortunadamente, ya desde el principio, pero sobre todo según se ha ido tomando cierta perspectiva, hay otras explicaciones y matizaciones a esas otras valoraciones tan pesimistas, justificadamente en muchos casos por la decepción, la pérdida de esperanza y el propio riesgo físico que han corrido y continúan corriendo muchos de sus emisores. Es decir, la victoria de los nacionalistas no se produce tanto porque se haya impuesto el “corazón de piedra” de muchos electores cuanto por una serie de errores estratégicos por parte de los no-nacionalistas.
Quien más atinadamente expone los "errores de los vencidos" es Patxo Unzueta: "no haber previsto que la polarización deliberadamente buscada actuaba también como aglutinante del electorado nacionalista, y anulaba la posibilidad de que aflorase un voto vasquista crítico con el soberanismo; por lo mismo, no haber sabido resaltar que la frontera decisiva seguía estando entre mayoría democrática y minoría violenta, y que el consenso debía construirse en torno al respeto a las reglas democráticas no a la renuncia ideológica" (El País, 24-5-2001)

El primero y fundamental, “gravísimo” según el sociólogo y nacionalista moderado Javier Elzo, fue “confundir violencia con nacionalismo vasco” (El Periódico, 20-5-2001) Son bastantes las voces que se apuntan a esta tesis, muchas de ellas moderadas, prudentes y no precisamente pro-nacionalistas, empleando distintos términos: “demonización”, “estrategia frentista”, “hostigamiento”, "monstruosa simplificación", “cruzada”, “abuso de presión”,... (El País, 14 y 15-5-2001; Diario 16, 14-5-2001; Pablo Sebastián, Estrella Digital, 14-5-2001; Victoria Prego, El Mundo, 15-5-2001; ; Manuel Hidalgo, El Mundo, 15-5-2001; Josep Ramoneda, El País, 15-5-2001; Miguel Angel Aguilar, El País, 15-5-2001; Javier Ortiz, El Mundo, 16-5-2001; Enrique Gil Calvo, El País, 16-5-2001; Darío Valcárcel, ABC, 17-5-2001; Juan Luis Cebrián, El País, 18-5-2001; Casimiro García Abadillo, El Mundo, 21-5-2001; Carlos París, La Razón, 21-5-2001; El Conspirador, Estrella Digital, 21-5-2001; Nicolás sartorius y Diego Lópz Garrido, El País, 23-5-2001).

Quien más atinadamente expone los "errores de los vencidos" es Patxo Unzueta: "no haber previsto que la polarización deliberadamente buscada actuaba también como aglutinante del electorado nacionalista, y anulaba la posibilidad de que aflorase un voto vasquista crítico con el soberanismo; por lo mismo, no haber sabido resaltar que la frontera decisiva seguía estando entre mayoría democrática y minoría violenta, y que el consenso debía construirse en torno al respeto a las reglas democráticas no a la renuncia ideológica" (El País, 24-5-2001). En el otro lado de la raya, otra inteligente apreciación la proporciona José Luis Zubizarreta, analista político y antiguo asesor del ex-lehendakari Ardanza, refiriéndose al electorado nacionalista: "Es más que dudoso, sin embargo, que la opción de estos últimos pueda atribuirse a falta alguna de sensibilidad respecto de la suerte que puedan correr ni la democracia en general ni la libertad y la seguridad de sus conciudadanos en particular. Sería, además, injusto pensarlo. Más acertado parece entender que, simplemente, se negaron a ligar tal suerte al cambio o a la continuidad. Desmontaron, más bien, el planteamiento tan drásticamente disyuntivo que se les había presentado (...) Existen, más bien, indicios que darían pie a pensar que la opción por la continuidad llevaba también implícita una exigencia de cambio profundo en relación, precisamente, con esa inmensa minoría que hoy se siente defraudada" (El País, 21-5-2001).
El problema, en fin, estuvo en “la deriva de Aznar hacia un puro y estricto antinacionalismo” (Elorza, El País, 25-5-2001). Sin menoscabo de los merecimientos del PP, sobre todo por el enorme sufrimiento causado por la barbarie terrorista, y su compromiso con la democracia, la mencionada demonización del nacionalismo fue un auténtico regalo para los nacionalistas, magníficos estrategas en la exhibición del victimismo, siempre, como los malos delanteros, contorsionándose por los suelos con gestos de dolor insufrible por un simple soplo de aire (ojosdepapel.com, 16-5-2001)

Con todo, pocos podrían contestar afirmativamente a la pregunta de Savater sobre si “¿Fue un error criticar abiertamente al Gobierno nacionalista, denunciar con abundancia de pruebas sus tergiversaciones informativas y educativas, explicar que ETA no recluta a los jóvenes en la estratosfera, sino en una juventud maleada en el culto impune a la violencia fanática, señalar la insuficiente respuesta policial de la Ertzaintza de acuerdo con testimonios de miembros sindicales de esa policía autónoma, protestar por el secuestro del euskera para fines partidistas próximos a los violentos, documentar el clima totalitario de coacción reinante en muchísimas localidades y el desamparo de cargos públicos o ciudadanos desafectos al régimen nacionalista que sólo recibían de éste la condolencia tras el tiro en la nuca o el coche bomba, pero nunca la mínima comprensión antes?” (El País, 25-5-2001). Desde luego que no fue un error, al contrario, como veremos más adelante, su apuesta fue un completo éxito pues ha cambiado el clima moral y ciudadano de la sociedad vasca. El problema, pues, estaba en otra parte ajena a la gente de ¡Basta Ya!, y de las demás iniciativas cívicas, que se comportó admirablemente y luchó hasta el final por una causa que es la de la dignidad humana.

El problema, en fin, estuvo en “la deriva de Aznar hacia un puro y estricto antinacionalismo” (Elorza, El País, 25-5-2001). Sin menoscabo de los merecimientos del PP, sobre todo por el enorme sufrimiento causado por la barbarie terrorista, y su compromiso con la democracia, la mencionada demonización del nacionalismo fue un auténtico regalo para los nacionalistas, magníficos estrategas en la exhibición del victimismo, siempre, como los malos delanteros, contorsionándose por los suelos con gestos de dolor insufrible por un simple soplo de aire (ojosdepapel.com, 16-5-2001). Como acierta a expresar Mario Onaindia: "El PNV ha planteado una batalla ficticia contra el `franquismo´" (El Mundo, 17-5-2001). Más madera, para José A. Sorolla de El Periódico hay una sola razón de la derrota: "El miedo al PP, que en Euskadi no se ha acabado de desprender -o así lo percibe gran parte del electorado- de sus reminiscencias franquistas" (15-5-2001).

La campaña moderada de Ibarretxe (Javier Elzo, El Periódico, 20-5-2001) y ese victimismo fueron las mejores bazas de un PNV . Después de más de veinte años, el nacionalismo “ha ido creando en muchos vascos un imaginario dicotómico compuesto por un nosotros acosado e indefenso y un otros violento, expoliador y ávido de imponer uniformidades (...) el mensaje cundió y ese miedo al otro ha sido, por encima de cualquier otra consideración, la clave del aumento espectacular del voto nacionalista” (José Luis Villacorta, El Mundo, 16-5-2001; en ojosdepapel.com coincidimos en este análisis en el editorial “Victoria del imaginario nacionalista”, 16-5-2001). la más consumada expresión de este imaginario la hayamos en el análisis de la ardiente nacionalistas vasca Amaia Fano: "Se han equivocado quienes han basado su campaña en esa absurda suposición de que lo que es bueno para un español también lo es para un vasco, mostrando un absoluto desconocimiento de la verdadera naturaleza de este pueblo" (Deia, 14-5-2001). Esencias e idiosincrasias, profundos e inaprensibles arcanos para el profano. De cuando ni había ley de la gravedad.
El discurso de la razón moral (de las asociaciones ¡Basta Ya!, Foro de Ermua...) influyó decisivamente para que el nacionalismo vasco moderara su lenguaje en la campaña, sobre todo al emplear como referencia a un conciliador Ibarretxe y ocultar el alma étnica y xenófoba del PNV (Arzallus y Eguibar) (Javier Pradera, El País, 23-5-2001). Por otra parte, tras las elecciones, la fuerte presión de los no-nacionalistas ha contribuido a convencer a los nacionalistas que en el nuevo proyecto de legislatura las instituciones se han de volcar con las víctimas, que siempre se han sentido abandonados en comparación con los criminales de Eta que están presos, y en la lucha contra la kale borroka y el terrorismo (Javier Elzo, El Periódico, 20-5-2001; Antoni Batista, La Vanguardia, 20-5-2001)

Pero hay algo más que complementa el excelente rendimiento del imaginario nacionalista. Lo explica muy bien, aunque con sello local, el columnista de La Vanguardia, Xavier Bru de Sala: “¿Por qué el PNV, que tanto castigo merecía, ha salido tan reforzado? ¿Dónde está el fallo de los constitucionalistas? En la conversión del espíritu de Ermua en espíritu de las Ventas, cuando silbaron a Raimon por cantar en catalán en vez de aplaudirle porque cantaba contra ETA. No por los silbidos en sí, sino por haber reforzado al máximo la asociación subyacente entre antiterrorismo y antipluralismo nacional dentro de España, en vez de cortarla de raíz. Puestos a escoger entre la España excluyente y el nacionalismo manchado, los vascos, los vascos nacionalistas, se han zafado votando en masa al nacionalismo democrático” (15-5-2001).

En ojosdepapel.com ampliamos la explicación en lo que respecta al PP “ha debido pesar no poco a la hora de reforzar el discurso victimista de la coalición PNV-EA (...) la exhibición de torpe soberbia del gobierno y el PP en varios casos relacionados con el debido reconocimiento histórico a la democracia en España y a quienes lucharon contra el franquismo, lo que ha dado fundamentos a muchos para pensar que el discurso democrático del actual gobierno es la simple consecuencia de que se aceptan las circunstancias históricas que imponen este régimen. En muchos ciudadanos existe la sospecha de que no serían pocos los miembros del PP que hubieran servido sin reparo ideológico alguno a un gobierno cívico-militar salido de un hipotético éxito del golpe de Estado del 23-F. Los ejemplos de esta actitud(...) son tan significativos como la medalla concedida al torturador Melitón Manzanas, la no condena del alzamiento militar de julio de 1936 o el desprecio al resto de los idiomas españoles, excluido el castellano, implícito en las polémicas palabras del Rey, en las declaraciones de la ministra de Educación y en el exabrupto de Manuel Fraga. Estas ineptitudes, debidas a una clara carencia de asimilación de los principios democráticos en un grupo político sin apenas pedigrí en esta materia, más bien al contrario (no olvidemos que Aznar confesó preferir la dedicación al estudio de sus oposiciones a combatir al franquismo, como si fueran cuestiones conceptualmente incompatibles), han contribuido a la estrategia del nacionalismo vasco, que las ha sabido explotar con inteligencia” (16-5-2001).

No queremos finalizar sin referirnos al éxito de la iniciativa de la sociedad civil vasca no nacionalista que ha actuado en torno a las asociaciones ¡Basta Ya!, Foro de Ermua, Asociación de víctimas del Terrorismo, Manos Blancas y otras más. El discurso de la razón moral influyó decisivamente para que el nacionalismo vasco moderara su lenguaje en la campaña, sobre todo al emplear como referencia a un conciliador Ibarretxe y ocultar el alma étnica y xenófoba del PNV (Arzallus y Eguibar) (Javier Pradera, El País, 23-5-2001). Por otra parte, tras las elecciones, la fuerte presión de los no-nacionalistas ha contribuido a convencer a los nacionalistas que en el nuevo proyecto de legislatura las instituciones se han de volcar con las víctimas, que siempre se han sentido abandonados en comparación con los criminales de Eta que están presos, y en la lucha contra la kale borroka y el terrorismo (Javier Elzo, El Periódico, 20-5-2001; Antoni Batista, La Vanguardia, 20-5-2001). La primera de ellas será la piedra de toque que demuestre la sinceridad del cambio de los nacionalistas en su apuesta por el diálogo con los no-nacionalistas y en olvidarse de excluir a casi la mitad de la sociedad vasca de su proyecto de sociedad (Josep Ramoneda, El País, 15-5-2001; El Mundo, 21-5-2001; Antonio Elorza, El País, 25-5-2001)

Por último, están las calumnias de Arzallus y Anasagasti contra estos colectivos acusándoles de estar financiados de los fondos reservados del ministerio del Interior, sobre todo mientras las instituciones que controla su partido sufragan los gastos de muchas de las organizaciones del complejo terrorista (AEK, etc) Ladran, luego cabalgamos.
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