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Opinión/Revista de Prensa
La celebración del Primero de Mayo
Por ojosdepapel, sábado, 05 de mayo de 2001
Repaso a la prensa española con motivo de una celebración del Primero de Mayo en la que se constató el final de la unidad sindical entre las dos grandes centrales.
Es unánime la aseveración en la prensa de que la fiesta del Primero de Mayo ha servido para constatar la confirmación del divorcio entre las dos grandes centrales sindicales españolas, UGT y Comisiones Obreras, quiebra que ya se atrevían a anticipar algunos antes de esta celebración tras la firma del pacto de pensiones entre el gobierno y CC.OO. (Luisa Palma, 30-4-2001; El Mundo, editorial, 2-5-2001; La Vanguardia, editorial, 1y 2-5-2001; José Antich, La Vanguardia, 2-5-2001; La Razón, editorial, 2-5-2001; El País, editorial, 2-5-2001; EL Correo, editorial, 2-5-2001; Pablo Sebastián, Estrella Digital, 2-5-2001)

En unos casos se atribuye la división al renacimiento de la complicidad política entre UGT y el PSOE que tratan de endurecer el panorama político al gobierno (La Vanguardia, editorial, 2-5-2001; La Razón, editorial, 2-5-2001) En otros, se considera “saludable que se aprecien las diferencias tácticas y de objetivos de los sindicatos”, siempre que el “talante negociador” se preserve (El País, editorial, 2-5-2001)

Mientras algunos valoran positivamente la existencia de sindicatos representativos y con capacidad de negociación, es decir, como instrumentos necesarios para la cohesión y el progreso social, aunque deban mejorar (José Antonio Sánchez, La Razón, 30-4-2001; Diario 16, editoriales, 1 y 2-5-2001), para otras opiniones son organizaciones puramente parásitas, encabezadas por “profesionales de una ideología fracasada peleando entre ellos por ver quién se queda con la exclusiva del amedrantamiento social”, remachando que “todo su pensamiento se basa en ideologías falaces, trasnochadas, nocivas e inoperantes” (Federico Jiménez Lozanitos, Libertad Digital, 2-5-2001; Francisco Capella, Libertad Digital, 2-5-2001)
Jiménez Losantos, luz de Hayek, martillo de la izquierda y bolso de Thatcher, no es el único en advertir lo que denomina “violento tornado rojinegro que ya sopla", pues a su percepción se suman Pablo Sebastián, Diario 16 o Lorenzo Contreras, quien, al contrario que Jiménez Losantos, no ve conspiración ni apoyos exteriores por ninguna parte, tan sólo “agitación social, bajo la forma de turbulencias episódicas en momentos concretos”

El único que se mantiene en la defensa de la tradición decimonónica obrerista es el juez y revolucionario (no es una contradicción en los términos), Joaquín Navarro, para quien el sindicalismo de clase, “corrompido por un pragmatismo sin principios”, “huele a muerto”, reivindicando que el movimiento obrero “tiene nuevamente que llamar a la revolución” (La Razón, 3-5-2001). Para este Pancho Vlla de la magistratura, la responsabilidad en la ruptura de la unidad sindical no está en la UGT, sino en "unas CC.OO. desmandadas de su historia y asidas hasta la náusea a la lógica del mercado".

El comportamiento más curioso de todos los periódicos, por contradictorio y un tanto ridículo, es el del ABC. Antes de la celebración pone a los sindicatos y su fiesta como chupa de dómine: que se trata de una conmemoración “vacía de contenido”; la guasa de que si “van pocos y además están enfadados entre ellos”; la calificación de “tediosa fiesta burocrática” y “antigualla folklórica” a la fiesta y de “estólidos responsables” a los dirigentes, a quienes, escarnece el editorialista, ha de conmover “que asisten a las procesiones relevantes de Semana Santa más ciudadanos que a la peregrinación matutina sindicalista”; y, por último, la chacota de preguntarse retóricamente, “¿qué mayor forma de festejar una fecha que millones de trabajadores se desplacen de vacaciones con su familia en unas condiciones moderadamente satisfactorias?” (ABC, editorial, 1-2-2001)

Pero hete aquí que, al día siguiente, cuando le ven las orejas al lobo en la forma violenta en la que se manifiestan los activistas antiglobalización en Sydney, Londres o Berlín, el editorialista de turno, más cauteloso, destaca que “un abismo separa los procedimientos de estos comunistas revolucionarios, anarquistas, punkies y ecologistas radicales de la tradicional reivindicación que cada año capitalizan los sindicatos de todo el mundo”; añade como amable recomendación que “los sindicatos deben estar alertas y no dejarse devorar por la ola antisistema”; ya no hay chacotas sobre anacronismos ni pitorreos sobre representaciones folklóricas, veinticuatro horas después, ¡qué rapidez!, ¡qué capacidad de mutación!, “la protesta democrática, que se vertebra en torno a organizaciones con implantación social y que persigue la legítima conquista de una mejora, nada tiene que ver con el radicalismo de esas células marginales” (ABC, editorial, 2-5-2001). Sin embargo, pese a este brusco cambio de guión, ABC no se contiene y advierte que los sindicatos están obligados a contar con las nuevas realidades constituidas por los emigrantes, los cuadros medios y los profesionales. Es clamoroso que un diario que cuenta con una plantilla en la que trabajan tan gran número de becarios de forma gratuita, en concepto de “formación”, se permita impartir clases sobre justicia social. ¿Cinismo “liberal” o conservadurismo hipócrita? Elijan los lectores.

La percepción de que los nuevos tiempos traerán violencia también la constata el “liberal”-hiperbólico, Federico Jiménez Losantos, quien, siempre regañando al personal, ofrece una visión con sello histórico y todo: “como sucedió tras 1917, con la ruptura de la II Internacional, está ya a la vista una nueva generación de izquierdistas violentos, totalitarios, leninistas de buena familia disfrazados de ches cisjordanos, que beben en la misma fuente de Lenin: el nihilismo terrorista de Netchtaiev y Chernichevski. Y el terreno de actuación de esa izquierda violentísima, amamantada por las embajadas de los países terroristas, dejará de ser pronto el de los estudiantes y la calle para entrar a competir con los sindicatos en los lugares de trabajo, sobre todo en el sector público (...) Ante esto, lo peor que pueden hacer los sindicatos es lo que hacen: templar gaitas y admitir como parte de los suyos a los encapuchados criminosos...” (El Mundo, 3-5-2001)
Para el catedrático de Economía Juan Tugores: “el Estado del bienestar, (es) un pacto social cuyo ámbito estatal se ve amenazado y desbordado por la globalización”; en este sentido, una de las respuestas que necesita el capitalismo global es “la emergencia de organizaciones supranacionales efectivas en los ámbitos estatales y sindicales”

Jiménez Losantos, luz de Hayek, martillo de la izquierda y bolso de Thatcher, no es el único en advertir lo que denomina “violento tornado rojinegro que ya sopla", pues a su percepción se suman Pablo Sebastián, Diario 16 o Lorenzo Contreras, quien, al contrario que Jiménez Losantos, no ve conspiración ni apoyos exteriores por ninguna parte, tan sólo “agitación social, bajo la forma de turbulencias episódicas en momentos concretos” (Pablo Sebastián, Estrella Digital, 2-5-2001; Diario 16, editorial, 2-5-2001; Lorenzo Contreras, Estrella Digital, 2-5-2001 y La Razón, 3-2-2001)

Como si los sindicalistas fueran tontos de capirote, todos los opinadores se apresuran a señalarles el camino de la adaptación a los nuevos cambios inducidos por el desarrollo tecnológico y la consiguiente globalización de la economía, por la atención a los nuevos grupos de trabajadores (autónomos, “on-line”, cuadros medios, profesionales, inmigrantes,...), la necesidad de crear organizaciones de trabajadores supranacionales (revitalizando el viejo internacionalismo), etc. Mejor no citar, pues pocos se libran de los lugares comunes.

Sí interesa reseñar las opiniones, por bien meditadas y rigurosamente expuestas, del catedrático de Economía Juan Tugores, para quien uno de los principales problemas de la globalización es “la divergencia entre una esfera económica y financiera en que el ámbito relevante es plenamente mundial, global, mientras que los temas sociales y políticos, los que asignan derechos, los que confieren identidad de participación en lo colectivo, siguen siendo de ámbito esencialmente estatal o nacional”, ya que, efectivamente, “el Estado del bienestar, (es) un pacto social cuyo ámbito estatal se ve amenazado y desbordado por la globalización”; en este sentido, una de las respuestas que necesita el capitalismo global es “la emergencia de organizaciones supranacionales efectivas en los ámbitos estatales y sindicales” (La Vanguardia, 5-5-2001).

Por último, hay que reconocer que, aunque es cierto que los cuadros sindicales cada vez están mejor formados, algunas veces uno se puede topar con algún sindicalista con una visión algo corta de miras, como es el caso de Cándido Méndez, quien, instalado cómodamente en la higuera, sostiene que “para millones de personas en amplias zonas del planeta, el problema no es tener una conexión a Internet, sino contar con medicamentos, luz eléctrica y agua potable” (El País, 29-4-2001) El clásico error de confundir la parte con el todo y no percibir que las sociedades más atrasadas pueden incorporarse con cierta rapidez al desarrollo gracias a unos avances informático cada vez más sofisticados y con menores costes. Es posible que confunda el microondas con el ordenador conectado a la Red o crea que esto es un producto de lujo. Batuecas Explorer.
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