martes, 29 de septiembre de 2009
Caminos Interiores: Juan Antonio González Fuentes, por Rafael Morales Barba (y II)
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Situar la modernidad de Juan Antonio González Fuentes (1964), un poeta próximo a la poética del “silencio” y a Valente, al epitafio y al moderno poema en prosa, al aforismo del callar y decir desde cierto hermetismo, es hablar de situar una introspección y del envés de la trama. De poetas que han adentrado un lenguaje y un saber decir desde el recorte


Juan Antonio González Fuentes 

Juan Antonio González Fuentes

Primera parte: Caminos interiores: Juan Antonio González Fuentes, por Rafael Morales Barba (I)

Los poemas en prosa de La luz todavía (2003), Atlas de perplejidad (2004) y sobre todo el madurado y lleno de acendrar el decir indeciso de los poemarios anteriores, La luz ciega (2009), forman la poética de la luz negra o del hueco (modernamente en Gérard Wajcman), que ha sabido interpretar los derroteros evolutivos del fragmento esencial. González Fuentes toma esa vereda desde el poema en prosa que empieza a tener una fuerte y moderna tradición esencial en España. Poéticas del agujero negro, la elisión y la alusión, la fragmentación, del interludio o el espacio vacío como costura de unas palabras que apenas dicen en su hermetismo aquello que según María Zambrano es lo sagrado moderno, es decir, el enigma: el vacío como mito y sacralización de los heridos tras el advenimiento de la sospecha como luz negra, imán. Desde Paul Celan el nuevo impulso llega hasta estos poetas epigonales en el tiempo (en su indudable mérito) que construyen la visión del vacío desde una acendrada conciencia del vacío, heredera en su analogía de la visión cosmogónica del cabalista Isaac Luria (1534-1572), formulador del autoexilio de la divinidad que crea ese hueco, recuerda Pietro Taravacci, hueco en sí sin origen ni fin entre abismos increados. Lo atormentador de los herederos del existencialismo de posguerra han rencontrado su agujero negro haciendo analogía con la física, y la modernidad hipnotizante del agujero, y fagocitan el discurso hacia el embudo del no decir como decir o sentido (y balbucir) como se repite con cierta manera desde Hölderlin-Mallarme-Gadamer-Steiner de cierto sentir dominante (poco inocente en algunos casos frente a Hölderlin), de un tiempo que va para dos siglos, por citar lo más actual de entre tantos y tantos fotógrafos de la incertidumbre y próximos al ensimismamiento. Unas poéticas que han traído al proscenio otra fórmula libre en el poema en prosa o en cierta experimentación recuperadora de lo breve, en el caso español, haikus y aforismos, y en el caso de la poesía esencial próxima al venero de Valente. O sobre todo del genio poético de Paul Celan frente a los introductores geniales y poetas de mérito (además), empieza a dar paso a un vitalismo si bien tan angustiado, mucho menos crispado. A olvidar las poéticas constitutivas de la desolación alemana del siglo, desde la acidez a la desestructuración de los Benn-Trakl-Celan. Y de reactualizar a Valente en el caso español que supo crear un epicentro emocional y teórico sobre todo, y una poética concreta alrededor del desierto, el silencio, el vacío místico, que evolucionó hacia cierto piedracelismo (lanzarotismo) en Sánchez Robayna, hasta quedar preso del discurso tras los primeros libros y escritos, sin duda más interesantes y de mérito, que desembocaron en cierto narrativismo realista y narcisista en El libro, tras la duna o a la lexicalización del discurso cuando el giro mostró que el imán de la juventud era el venero del que no sabía/podía o quería salir. Otras fórmulas se asoman tibiamente aunque todavía quedan demasiados ecos y en algunos casos prácticas demasiado miméticas, aunque no siempre como hemos apuntado, pues obviamente no se puede seguir retorizando hacia el manierismo el discurso sin que empiece a mostrar fatiga el decir en su reiteración. Salvo renovadora visión fuerte, quiero decir, meritoria, el entronque fuerte de ese discurso parece estar dejando el paso a otras poéticas próximas a la contingencia, apartadas de los discursos donde ciertas voces empiezan a estar lexicalizadas y gastadas. Lo cual no exime de sus muchas virtudes a esta poética, muy por el contrario trae calidades y novedad desde su perspectiva delicada y propia, profundamente seria y sin pacto en su verosimilitud, sin acimez además, fresca y veraz. Que no posea méritos para ser leída por sus propias virtudes o no aporte la calidad del poeta no mimético que escribe desde un lenguaje o tendencia, del poeta recomenzando desde abajo el oficio de poeta con la voz de una escuela. Como casi todos. Y donde sabe decir renovadoramente desde la delicadeza. No hay gran angular sino vericueto intimista y desolado, hecho estilísticamente desde las sinapsis que a veces dan y otras quitan cuando las suturas son concatenaciones pretenciosas o cuando a veces, pretenciosamente, se quiere decir más de lo que el poema puede desde sus mismos presupuesto y envide. González Fuentes, que a veces cae en esos defectos, aporta sin embargo desde una emotividad verosímil una palabra diferente en algunas propuestas que hasta el 2009 no han eclosionado con talento, porque hasta esa fecha el páramo /estepa/ desierto de otros le dejaba en el terreno de la probatura, ero no siempre y, dirían los taurinos, con expectativas y buenas maneras. Y avisando de su delicada perspectiva frente a la retama reseca, de quien prefiere la arena concreta, con sus granos filtrados uno a uno. Al Kierkegaard al que le duele aquí o allá, frente a sabiduría hegeliana del absoluto, pues es un intimista desolado, autonarrado en lo oscuro. Que nos cuenta desvelado el agujero negro desde sus requerimientos íntimos mirando hacia dentro.

La luz todavía es sinónimo de desesperanza. De resistencia sin palo al que agarrarse. No debe engañarnos el adverbio todavía. No quiere engañarnos lo retorizante narcisista, sino hablar de un intimista desconsolado. González Fuentes es un desolado intimista desde hace mucho tiempo que sabe del origen (Valente y Robayna o Jordi Doce), pero prefiere en buena medida a Antonio Colinas, Clara Janes, y otros, como propuesta de matiz. Aunque la desolación total y del precipicio real lleve los nombres de César Vallejo y Paul Celan cuando la desolación busca fórmulas significativas, o llamaradas. En esa romana González Fuentes ha preferido ser íntimo a pesar de la cita de Ciorán, un tópico moderno. No engañan los poemas más usuales del “no soy nada entre abismos”, comunes a miles de poetas. El mejor González Fuentes baja a la arena del silencio pero sabe del zozobrar de las fórmulas sabidas con un golpe de ola, seco y tierno en buena medida. Y sabe de probaturas en algunos Ejercicios de distancia, con la gracia de un pequeño haiku que no lo es en sentido estricto y puede serlo, como primer ejercicio de gracilidad, frente al pesado decir de los que piensan y no saben decir. Apuntes estelares, propios en la revisión de motivos Aquí también el otro/ la liturgia indescifrable/ de la espina. Pequeñas y sabias/sabidas reflexiones bien dichas de un libro de tránsito, que a veces, como en el poema X, en sus primeros versos en prosa, se sitúan propiamente. Tiempos de probaturas hacia Atlas de la perplejidad (2004), cuando decide cerrar su primera etapa poética, expresa explícito, y perfila los lenguajes miméticos de los primeros tiempos. Su búsqueda indaga en poema en prosa, desde ese desprecio de la amplitud de los mares. Intimidad y excepción, del aparte de los quienes no son apartes en la vida como Bernardo Soares, ni con esa vocación teórica, sino sentimental. Sin enjundia teórica, sino sentimental meditativa. Que aunque tal vez sepan de Pascal y su desprecio de la soledad se embudan su sentimiento como pathos por el narcisismo de los solitarios autistas, ahora tentados por la rosa del poema en prosa y cierto hermetismo indeciso. Atlas de perplejidad tiene lo delicado del mejor González Fuentes donde, a veces, brilla, aunque no tanto como en el 2009. En el poema VI, sin duda, cuando reflexiona sobre el pasar, frente a otras seres más enroscadas o manieristas o irresueltas desde el querer decir más de lo posible desde una perspectiva que entonces no supo resolver desde la yuxtaposición, asociación y elipsis, pero con momentos sugerentes en El claro límite por el que acude el viento. Una incursión de quien adentra ese latir lo sentido bajo un sueño sin auroras/ y el calor bajo las nubes cuando se atiende al discurso de fondo que el estilo rehace con maniera en su voluntad de estilo. Con el valor y el mérito del que se arriesgaba entonces hacia un vacío que en el 2009 ha sabido tersar hacia la elocución de mérito. Entonces sin embargo dejaba pespuntes de buen hacer, ráfagas, una búsqueda y una vida dispuesta pero irresuelta.

Juan Antonio González Fuentes: La lengua ciega (DVD, 2009)

Juan Antonio González Fuentes: La lengua ciega (DVD, 2009)

En cualquier caso La lengua ciega, de significativa inadecuación sinestésica y elipsis hermética traza desde el comienzo el sentido del decir desde la paradoja y las poéticas herméticas, amén de la tradición esencial de donde bebe. En cualquier caso este poemario supone una definición del estilo de sinapsis, síncopas y rupturas sintácticas de poemarios anteriores hacia un mayor acendramiento del sentido desde el saber decir. Con madurez ha sabido evitar cierto palabreo hermético proveniente del cortar y pegar, de la manufactura o marquetería más o menos vanguardista, prospectiva o pretenciosa en los peores casos, de quien sin un discurso claro en los mejores, prueba con una voluntad de estilo que quiere tapar la tentación de la naturalidad que en su caso a veces cabrillea. Juan Antonio González Fuentes ha encontrado un decir sobre ella, su estilo, que en los mejores momentos muestra las virtudes de quien posee referentes muy claros, obsesivos en lo desolado, y una fórmula hecha con oficio y sin manufactura tras los ensayos previos. Hacia el 2009 muestra su mejor faceta en las series que buscan la sencillez del decir frente a cierto trovar clus, sugerente a veces, pero otras muchas irresuelto. Y no es que La lengua ciega no deje de hablar del agujero negro como postura inicial del discurso. Así En mi voz se expresa: Se acoge mi voz al verdor abierto de la muerte entera, esa es la sal, cuenta, del discurso, el camino de quien tiene una sangre incapaz de levantarse en vuelo. Funambulismo entre dolor y súplica que alterna en ese diálogo donde el daño se revela la semilla de su poética. En este sentido el simbolismo oscuro de González Fuentes ha sabido escapar del hermetismo confuso de otros momentos para decirse desde un perfil decantado ahora, tal y como lo fue en otras ocasiones, con una lucidez otoñal que sabe de las contigüidades, soy lo que me rodea (el otoño) (también lo ha dicho Josep María Rodríguez, en Raíz, de otra manera, este día que empieza es lo que soy ) y construir esa mirada atenta al matiz y al interior: al sentimiento del gris, a la nube escarlata, al gotear del día con brillos secos de hierbabuena, de quien entre tantos ejemplos muestra la cualidad de la contemplación (dijo Wordsworth) y del acendrado sentir. Pero todo con un sabor abisal, catabático como en el sucinto Último sol

Un ondear de flores
en las manos
el hierro triste del último sol

O del el acero mortal que lleva, nos lleva, aquí tan sabiamente metaforizado. Adentrado en este poeta de interiores, atento a los sentidos y lo imperceptible (a las hojas secas que murmuran en superficie pero también al fragor ajeno ungido bajo la yerba…). Recogimiento y desnudez de quien no encuentra signos sino el eco sin mensaje del superviviente (el mendigo humo del mar como amor que ilumina en la contemplación de lo inasible: la huída de quien ofrece sus brazos queriendo retener algo, ofrece brazos para aferrar el día, recogimientos y delicadeza como resistencia o desde un estilo que desea ser resistencia. Sí, la fuga o la huida de tanto y la necesidad de tentar otra morada, como nunca hacia dentro, forman buena parte de lo dicho de esta poética agónica a la que falta crispación, aunque no haya resignación, sino herida. La del contemplante que ve desde la naturaleza la fuga, la ilegibilidad del sentido y encuentra correspondencias en los elementos sin semiótica, en el garabato frente al signo, o en el aire que da lección. Al buen poeta esencial hay que encontrarlo en esos parámetros, en esas soledades del suplicante en el espléndido Un viento, un algo, o en otro poema señero, una escondida joya, como Algo más. En esas coordenadas encuentra su decantado decir frente a otros vericuetos herederos de libros antiguos, y que ahora ya no lastran tanto una poética muy atractiva cuando se ciñe a esa delicadeza esencial de un contemplante absorto en el fugaz patrimonio de las cosas, o en el sinsentido de las alegorías. Cuando desenreda el laberinto y no quiere decir de más. Con todo González Fuentes ha emprendido un esfuerzo estilístico donde la desnudez y la concisión entablan un diálogo extraño para el lector común, que exige lo especializado, diría Witold Gombrowicz. Un decir roto o fracturado, más que fragmentado, hacia la opacidad. Y aunque no queramos volver a Robert Burns también debemos encontrar el sentido de la fractura, a no ser que ya no se quiera decir más. Y sin embargo dice desde ahí, deja rastros, propone con valor una fórmula para indicar que es un desolado esencial, sin el otro, ensimismado y convincente en su fragilidad, en no atreverse a decir, salvo en esos interiores que hablan de las poéticas de un siglo que ha pasado y al que le va tocando ya el viraje.

RAFAEL MORALES BARBA

(Universidad Autónoma de Madrid)

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El próximo post de Juan Antonio González Fuentes aparcerá publicado el 6 de noviembre

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Últimas colaboraciones de Juan Antonio González Fuentes en la revista electrónica Ojos de Papel:

-LIBRO (novedad septiembre): P. D. James: Muerte en la clínica privada (Ediciones B, 2009)

-LIBRO: Stieg Larsson: Millennium 3. La reina en el palacio de las corrientes de aire (Destino, 2009).

-PELÍCULA: Niels Arden Oplev: Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres (2009).

Más de Stieg Larsson:

-Millenium 1. Los hombres que no amaban a las mujeres (Destino, 2008)

-Millennium 2. La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (Destino, 2008)


NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente.